Falacias
Luis Mejía González
No se puede fundar un movimiento político con pretensiones de crecimiento sostenido, sin un líder que realmente lo sea. Cuando ese líder existe -como en el caso actual- quienes se autocalifican como tales sin serlo, no son capaces de minimizar su control y dominio popular, menos reemplazarlo.
El único líder democrático real que existe en nuestro país es el ex-Presidente Arnoldo Alemán Lacayo por el liberalismo nicaragüense, fortalecido por la extraordinaria gestión de gobierno que realizó de 1997 a 2001 y por el que ha merecido el calificativo de "transformador de Nicaragua." Ese es un hecho innegable. Tendrá que aparecer otra persona con más vitalidad y proyección en el liberalismo para sustituirlo, caso inexistente hoy en el ámbito nacional. El liberalismo, por esencia de su credo político, es el que produce líderes verdaderos, útiles y de raigambre democrática.
¿Quiénes pretenden retar hoy por hoy su liderazgo político nacional? Dos liberales sin la estatura política debida a quienes el líder les dio la alternativa sin lograr reconocimiento real a nivel nacional por carecer de ideas firmes, renovadoras, vitales y trabajo político suficiente. Sus señalamientos son escasamente formales y aprovechan que el líder esté transitoriamente aislado.
¿Quién es un líder? Un dirigente político de natural arrastre popular a quien siguen sus partidarios con fe y entusiasmo, por haberse ganado su confianza en base a su trabajo político, su militancia leal, su disciplina partidaria y logros reales. Un líder es hechura de sí mismo y de principios vitales.
¿Quién es un líder democrático? Aquel que a pesar de la confianza plena que recibe de sus partidarios, oye la opinión de quienes opinan sobre los proyectos políticos y programas de desarrollo que promete y realiza con la aprobación de quienes son seleccionados para tales propósitos, gobernando con ellos para toda la Nación sin exclusiones, analiza y acepta las criticas que se producen en cualquier instancia dentro del marco de las leyes nacionales. Tal el caso del ex-presidente Alemán demostrado durante su extraordinaria administración, que agigantó su condición de líder de gran arraigo popular al llevar progreso a casi todas las comunidades del país, como lo había prometido.
Y todavía cimentó y agigantó su liderazgo al ser martirizado por quien llevó al poder en un acto de deslealtad y traición: Enrique Bolaños Geyer, quien creía que al desaforarlo, enjuiciarlo y condenarlo en unión del Secretario General del Frente Sandinista destruiría políticamente su condición de líder nacional y se adueñaría del Partido Liberal Constitucionalista. Resultó lo opuesto, porque con su innoble actitud fortaleció su liderazgo nacional, incluso entre los no partidarios del liberalismo nicaragüense. Sólo los medios que el Mandatario Bolaños tiene a sueldo aseguran diariamente que la corrupción por la que lo han acusado, lo ha sepultado políticamente para siempre, lo cual desmiente el hecho real de no haberse encontrado judicialmente el cuerpo del delito por el que se le acusa y de que muchas personas y agrupaciones de toda índole, lo visitan con frecuencia en busca de su consejo y su apoyo político.
No puede haber dirigencia política calificada sin un líder verdadero de arraigo democrático.
Ahora, con ese fortalecido liderazgo y desde su arresto domiciliar, el líder Arnoldo Alemán Lacayo rediseña la próxima campaña política del Partido Liberal Constitucionalista cara a las próximas elecciones de Noviembre del 2006. Al mismo tiempo, detiene la disidencia partidaria y aumenta y fortalece las bases populares del Partido en todo el territorio nacional, como lo acaba de demostrar su convocatoria popular del día 10 y su Gran Convención en 11 de Julio pasado.
En un limpio juego democrático el liderazgo verdadero se impone por sí mismo. Si es cierto que la disidencia liberal ha mordido el anzuelo de los líderes falaces, también el partido totalitario ha aumentado su disidencia y se mantiene cierta la alternativa de que aunque el Frente Sandinista llena las plazas con multitudes extraordinarias, pierde las elecciones, porque quienes participan en las mismas -que es el pueblo llano- prefiere votar por la bonanza socio-económica que produce el liberalismo en el poder, que la miseria y el terror que trae como consecuencia el totalitarismo del Frente. Además, las terceras vías políticas no acaban de demostrar su validez.
Bolaños ofreciendo realizar la mejor Presidencia de Nicaragua en el acto de su toma de posesión, se debate entre la más nefasta de todas y a poco más de un año enfrenta el desastre que puede traducirse en una sentencia de cárcel, por corrupción comprobada y una serie de delitos conexos. Y para colmo de males, quienes lo juzgarán y sentenciarán serán los mismos jueces sandinistas que por motivos políticos condenaron al ex-Presidente Alemán.
Consecuentemente, la próxima elección volverá a darse entre el Partido Liberal Constitucionalista y el Frente Sandinista de Liberación Nacional y el pueblo sabio por experiencia tendrá que escoger al candidato del Partido Liberal Constitucionalista, porque sabe que éste sí produce paz y trabajo en beneficio de todos los nicaragüenses, en libertad y democracia autentica, sin discriminaciones políticas. Recuérdese que en el Gobierno de Arnoldo Alemán Lacayo no hubo un solo preso político.
|