Un oscuro panorama para Nicaragua
Por Hamlett
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Ciertamente se percibe un ambiente enrarecido. Hay signos de peligro en el aire y no sólo para el Partido Liberal. La amenaza es pareja, para todos: la democracia nicaragüense está en peligro porque su principal partido, el más grande y organizado, está sometido a una intensa campaña de desprestigio y división que sólo está beneficiando al Frente Sandinista.
Parece que las elecciones municipales de noviembre pasado no nos enseñaron nada.
Una rápida contabilidad de los hechos políticos más recientes, incluyendo el infortunado capítulo de las visas, nos indicará que el saldo de hoy es la incertidumbre y el desconcierto de las filas democráticas.
Pretender que el PLC entenderá el mensaje norteamericano a palos sólo cabe en la mentalidad de boy scouts de un puñado de funcionarios de la embajada de Estados Unidos, de los departamentos de Estado y Defensa, asistentes de algunos congresistas, y del presidente Enrique Bolaños y sus asesores.
Carlos García, oficial político de la embajada, debe estar preocupado por no decir aterrorizado de la factura que tendrá que pagar, en menos de dos años, si la política de apoyar a Bolaños mediante el corte de visas a dirigentes del PLC fracasa.
Casi una semana después de haberse oficializado la suspensión de visas al ex presidente del BCN, Noel Ramírez, y a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, Guillermo Selva y Dámisis Sirias, el PLC no se ha derrumbado y sus principales dirigentes están hoy más irritados con los métodos de la embajada en Managua.
Esa burocracia es un fracaso
¿Por qué apoyar tardíamente de esa forma al presidente Bolaños? El gobierno ya no cuenta para efectos de la batalla decisiva contra el sandinismo que está a sólo 17 meses de distancia. El proyecto político del ARPE es el más estrepitoso de los fracasos de los rookies de la embajada desde que el presidente Jimmy Carter retiró el apoyo al dictador Anastasio Somoza y para impulsar el ascenso de los "muchachos" al poder.
La historia, cíclica al fin, está a punto de repetirse a tan sólo un cuarto de siglo: Bolaños podría pasar a la historia como el presidente que regresó la banda presidencial a Daniel Ortega, considerado como el presidente del gobierno más corrupto de la historia y el modelo del neo-narco-terrorista del siglo XXI.
Entonces, ¿en qué está pensando Carlos García? ¿Qué dirá Peter Brennan quien sostendrá el tostador hasta septiembre próximo que llegue Paul Trivelli, el nuevo embajador? ¿Se atreverá doña Bárbara C. Moore a regresar para contemplar los resultados de su gestión diplomática? ¿Aún querrá el embajador Oliver Garza, atormentado por las consecuencias de su fracaso en Nicaragua, querer meter su cuchara para salvar a la democracia nacional?
Un ex prominente funcionario del Banco Mundial, columnista de diarios influyentes de Estados Unidos, señaló recientemente el fracaso de los métodos norteamericanos de empujar la lucha contra la corrupción en América Latina.
No sólo es un fracaso -comentó- sino que está abriendo nuevas oportunidades para que gobiernos incapaces e ineficientes se escuden en ese objetivo para no hacer nada. ¿Lo habrá leído el presidente Bush o al menos Condi Rice?
El gobierno ya no cuenta
Nicaragua no está para milagros. El gobierno de la Nueva Era no arrancó y ya no lo hará (entre paréntesis: ¿qué les pareció la irruborizada afirmación del presidente Bolaños durante una mesa redonda con CNN de que los nicaragüenses vivimos hoy nuestro mejor momento de los últimos 30 años?). Los sandinistas no fueron debilitados y constituyen hoy la más grave amenaza al país por su renovada fortaleza electoral. El pueblo democrático, hambriento y sin empleo, seguramente no tendrá ánimo para concurrir a las urnas. Su desencanto con la división de las fuerzas democráticas podría llevarlo a un estado de abulia tal que nadie lo hará sufragar por nadie. Sólo eso basta para que Ortega se alce con el triunfo… y entonces que se aliste Minuteman.
Tampoco es época de mesías. La lucha electoral no es para magos que creen podrán sacar 1.3 millones de votantes de su chistera en noviembre del próximo año. No existen candidatos "ganadores" sin partido. Como tampoco hay partidos ganadores sin líderes, sin organización ni buenos candidatos.
Es tiempo de que el gobierno estadounidense acepte que su política en Nicaragua es desafortunada y que no tiene otra opción que aceptar la derrota y sumar fuerzas, lo más rápido posible, con quienes tienen la posibilidad de derrotar al sandinismo. Este mes el gobierno Bush nos demostró que es capaz de seguir el sabio adagio de que "si no pueden con él, únete a él", en el caso de la OEA. Y que más vale tarde que nunca.
Nos tienen una sorpresa…
A menos… que el plan A de los norteamericanos sea dejar ganar al sandinismo, aunque a voz en cuello estén gritando "hay viene el lobo". ¿Les parece poco serio o irresponsable ese argumento? Pues no deberían tomarlo así. Les recuerdo que en 1996, el embajador de Estados Unidos le dijo a Arnoldo Alemán y al PLC que su candidato para ganar las elecciones era Antonio Lacayo porque era quien les garantizaría la continuidad del proceso de transición y doma del FSLN.
Alemán les respondió que el Departamento de Estado no votaba en Nicaragua y desde entonces juraron se vengarían. Diez años después la historia- ¡qué manía!- se repite con la diferencia que ahora apoyan a candidatos conservadores para montarlos sobre el caballo liberal.
Las cartas siguen sobre la mesa. El juego no ha terminado aunque el tiempo se agota para todos.
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