El delicado y necesario balance
Por Hamlett
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La secretaría ejecutiva de Casa Presidencial ha filtrado un listado de miembros del sandinismo que bajo el sofisticado eufemismo de “titulares designados” están recibiendo los ministerios e instituciones descentralizadas del Estado.
¿Por qué lo hace “Nayo” Somarriba, el secretario ejecutivo? Talvez para “quemar” a los “designados” del presidente electo Daniel Ortega y así presionarlo para que deje a algunos de los actuales funcionarios o, a lo mejor, por simple maldad o venganza.
Al sandinismo, y en especial a Daniel Ortega, le ha gustado el estilo del conspirador. En los 80, por ejemplo, solían hacer los anuncios más importantes los 31 de diciembre por la tarde o en fechas insospechadas. Los cambios de gobierno, en esa época, nunca fueron motivo de especulación periodística.
Un modelo: la Operación Berta fue un secreto guardado por miles de personas.
No debería asustarnos, por tanto, que Ortega conserve para el último momento, el 31 de diciembre o el 9 de enero, el anuncio oficial de su gabinete, además tiene 10 días más para hacer cualquier movimiento sin consultarlo con la Asamblea Nacional.
Sin embargo, hay un comentario que está tomando fuerza en los círculos políticos y empresariales que pretende “explicar” la tardanza en dar a conocer al futuro gobierno. Según esta tesis, Ortega fue sorprendido por su misma victoria, y aunque tenía las encuestas a su favor y confiaba en el milagro, en el fondo la idea del retorno no estaba tan firme.
Según la teoría del “desconcierto”, Daniel no tenía armado a su gabinete ni a su plan de gobierno cuando el cinco de noviembre el CSE lo declaró ganador.
La gobernabilidad necesaria
Sea verdad o no ambas tesis, la del “conspirador” o la del “desconcertado”, lo cierto es que el primer gabinete de Ortega es clave para su estabilidad y gobernabilidad, interna, y para ganar más confianza en el exterior.
Según lo que ha filtrado la presidencia, Daniel ha escogido para recibir al gobierno saliente, a veteranos militantes sandinistas y a jóvenes miembros con alguna trascendencia política.
Veamos algunos casos. Ariel Bucardo, de probada militancia, se forjó en los 80 en las organizaciones campesinas y de productores. En los últimos años se ha convertido en un exitoso empresario al frente de la Caja Rural Nacional, Caruna, una microfinanciera con olor a banco a la vuelta de algunos años.
Dámaso Vargas, dirigente de la Central Sandinista de los Trabajadores, CST en esa época, comenzará a recibir INATEC a partir de mañana. En los últimos 16 años, este veterano militante sandinista sacó una carrera de derecho y otros cursos.
Ortega “complació” a la Cámara Nicaragüense de la Construcción que le pidió pusiese a uno de ellos al frente del MTI. Fernando Martínez, quien fue funcionario de ese ministerio en los 80, vuelve ahora como titular.
Una abogada de la Red de Defensa de los Consumidores al Ministerio del Trabajo y dos médicos poco conocidos al MINSA, entre otros “titulares designados”.
Los aliados
Sin embargo, y con la excepción del comerciante matagalpino Horacio Brenes “designado” al Ministerio de Fomento, Industria y Comercio, muy pocos aliados de la Convergencia Nacional han sido mencionados hasta ahora para posiciones relevantes.
Hace un mes se barajaba a los democristianos Luis H. Guzmán, Agustín Jarquín y Azucena Ferrey, para la Cancillería, y los ministerios de Transporte y la Familia, pero no hay señales de que este grupo de aliados vaya a tener un gran peso en el futuro gobierno. El nombre de Guzmán aún suena para Cancillería y Gobernación.
Aunque es un dirigente nacional, y muy cercano a Ortega, tras el diputado Bayardo Arce Castaño hay una fila enorme de personas que quieren su venia para conseguir cargos. Desde el pintoresco director de las Zonas Francas, Ramón Lacayo, directivo del Boér junto a Arce, que anda diciendo que está firme en el puesto porque “el comandante Daniel Ortega me debe muchos favores”, hasta banqueros y empresarios, muchos quieren la influencia del parlamentario para quedarse o hacerse de uno.
El pasado 15 de septiembre, cuando el entonces candidato sandinista firmó una alianza política con Salvador Talavera ofreció públicamente la formación de una institución para resolver los problemas de los antiguos combatientes de la Contra.
Luego del triunfo rojinegro, las aguas comenzaron a moverse alrededor de “La Chaparra”, aliada del FSLN, quien ya se haló a muchos oportunistas como Francisco “El Gato” Rivera y otros ex contras que han medrado de partido en partido.
Primero el partido
Aunque ya complació a la Cámara de la Construcción será difícil que el COSEP pueda meter su mano en la escogencia por la desafortunada decisión de Erwin Krüger de apoyar públicamente a Eduardo Montealegre.
Otros aliados del FSLN ya consiguieron sus cuotas como la conservadora Miriam Arguello o la liberal independiente y ex vicepresidenta Julia Mena, que van a la Asamblea Nacional y al Parlacén.
La tendencia marcada hasta ahora, según las filtraciones, es que la militancia del FSLN cercana a Ortega controlará el gabinete, y no podía ser otra manera.
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