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¡Qué manera de agarrar la vara!
Ni corto ni perezoso, Ramón “Moncho” Lacayo, secretario de la Corporación de Zonas Francas, aprovechó que Daniel Ortega recién había sido declarado ganador de los comicios y que su agenda no estaba ocupada para invitarlo a reunirse con inversionistas extranjeros.
Mientras lo acompañaba a un recorrido por una planta industrial, Moncho se le acercó y le dijo que estaba dispuesto a quedarse en su gobierno y trabajar con él. Ortega le respondió en su estilo “vamos a ver”
¡Y para qué quiso más! De la reunión salió diciendo que “el comandante Ortega ya me confirmó” porque “si somos bróderes como con Bayardo (Arce)”.
Cuando las voces incrédulas le dijeron que no lo creían entonces se inventó el cuento de que “yo le he hecho unos volados al comandante Daniel que ni quiera Dios”.
De dónde salió
Ramón Lacayo, antes de que el presidente Enrique Bolaños lo hiciera su flamante secretario privado, era vendedor del Grupo CALSA. Luego de la instalación en Nicaragua de NICACEL fue vendedor de equipos de comunicación directa para las emisoras y canales de televisión del Estado. Vendió maquinaria de construcción y equipos para empresarios japoneses.
De repente apareció el equipo presidencial de Enrique Bolaños, en el año 2001, y como a éste le cayó bien lo nombró su secretario personal.
El espíritu de Moncho es obsequioso, es lo que algunos llamarían “sobrado” y hasta “servil”. Hace unos dos años, cuando el fallecido hijo del mandatario saliente Jorge Bolaños comenzó a criticar la creación del APRE, Lacayo habló con alguna gente de El Nuevo Diario para que le publicaran un artículo. El regordete funcionario sólo quería quedar bien con el padre y la madre del muchacho.
El tiro por la culata
Pero Moncho quedó mal con el padre, quien le pegó una humillada jamás vista en el gabinete de cualquier gobierno de la historia. Al darse cuenta de que Lacayo gestionó la publicación del artículo lo despidió en una reunión con ministros y presidentes de entes autónomos, y delante de “todo el mundo” le dijo que se saliera de la reunión porque no quería verlo jamás.
Eso no fue lo peor. Lacayo lo esperó a la salida de la reunión y se le arrodilló pidiéndole que no lo dejara en la calle porque no sabía cómo iba a sobrevivir. Fue entonces que Enrique “El magnánimo” Bolaños lo mandó a la Zona Franca despidiendo a Gilberto Wong.
Puras bolas
El cuento, verídico como dice Pancho Madrigal, viene al caso por la ola de bolas desatadas por toda clase de gente interesada en agarrar un huesito en la administración Ortega.
Para concluir la historia, Moncho Lacayo está tan seguro de que lo dejarán en la Zona Franca, que una impresionante fila de funcionarios de Casa Presidencial y de varios ministerios ya renunciaron a sus cargos y fueron contratados en la Corporación porque allí, creen, que estarán más seguros.
Fuentes de la Convergencia Nacional comentaron ayer que todo lo filtrado hasta ahora son puras bolas. Ni siquiera a sus aliados más cercanos, como este caso la Convergencia, ha sido llamada por el presidente electo para ofrecerles o analizar sus ideas con la excepción de un par de viceministerios y embajadas que ya les había ofrecido desde hace mucho tiempo.
La calle está dura
Una fuente comentó que varios familiares del presidente Bolaños, sobre todo sus jóvenes y recién graduados nietos, andan regando sus currículos entre allegados a Daniel Ortega y los amigos banqueros del abuelo y presidente saliente.
Y no es para menos. La calle está dura. Es cierto que Bolaños hizo algunas reducción salariales en su administración, pero pocos saben, y a lo mejor algún día sale a luz, que con dinero del Estado se les daba todo a los ministros y presidentes de entes autónomos. Desde el pago de la vigilancia permanente en sus casas, tres o cuatro vehículos con igual número de choferes asignados, para llevar a su señora e hijos, y un buen rollos de cupones de combustible.
Mensaje de Carlos Salgado
Estimados amigos y colegas:
En días pasados, el 9 de diciembre, me informaron que la Asociación de Periodistas de Nicaragua, escogió candidatos para reemplazar a la actual dirección del Colegio Nacional de Periodistas.
Me confirmaron que entre ellos está Diego Manuel Robles, que fue el presidente del comité organizador del congreso donde fundamos el Colegio Nacional de Periodista que preside, fuera de tiempo (su turno venció el pasado 27 de Noviembre) el profesor Mario Fulvio Espinoza.
Me gustaría saber sus opiniones sobre el tema, porque esto no es ni APN y UPN, es por fuerza de ley una organización diferente. Su opinión y trabajo hará mejor o peor el Colegio que, es mi idea, debemos recomponer en beneficio del gremio. La ley, establece alternabilidad en la dirección del Colegio y hay quienes se hacen gatos bravos e inventan lo que no existe, principalmente gente de UPN, que por falta de crecimiento y madurez personal, lo ven todo bajo un prisma personal o el hígado y no con la visión gremial unida que todos necesitamos en estos tiempos.
Gracias.
Lic. Carlos A. Salgado
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