Bolaños: responsable único
Por Luis Mejía González
Desde el 10 de Enero del 2002, día de su toma de posesión como Presidente de Nicaragua, Enrique Bolaños Geyer comenzó, meticulosamente, a cumplir el plan que había desarrollado su mente enferma de frustración generalizada y que habría de cumplir antes de entregar el mando: la destrucción de la Nación para castigar a los nicaragüenses por haberlo ignorado en fechas anteriores.
Los hados políticos nos habían protegido hasta entonces, después del castigo de Walker y de la pesadilla sandinista, pero ya no fue posible evitar a Bolaños, híbrido de apariencia mansa y mente deforme, que deambulaba a la sombra de su propio fracaso.
Y sólo al comenzar su funesto quehacer se juntó con los verdugos del sandinismo que iban a colaborar en sus nefastos propósitos, pero al mismo tiempo iban a convertirse en su implacable verdugo. Jamás Presidente alguno ha sido mas castigado por su socio político, exhibido sus miserias y atormentado en su corto futuro.
Por eso, mientras viva estará atemorizado por sus propios demonios por estar signado por la traición. Traición a su Presidente, traición a su amigo, traición al Partido que lo patrocinó como candidato a la Presidencia de la República, traición al equipo que trabajó por su candidatura, traición a los Fiscales de las mesas electorales donde se afianzó su elección, traición a los votantes que lo respaldaron pensando que continuaría desarrollando la obra de progreso comenzada por su antecesor el Presidente Arnoldo Alemán y traición a la ciudadanía, a la que le prometió trabajo y no le cumplió.
Cuando el Presidente Bolaños pacta con Daniel Ortega y acepta el apoyo del Frente Sandinista comete dos traiciones más: negar el antisandinismo que enarboló como bandera cívica desde que pretendía ser candidato presidencial de la Unión Nacional Opositora y lo confirma pactando su alianza con el Frente; y enviar a la cárcel, sin fundamentos legales, al hombre que lo había escogido como su Vice-Presidente, luego como candidato a la Presidencia y finalmente trabajar con el Partido hasta entregarle la Banda Presidencial, para tratar de aniquilar su auténtico líderazgo nacional, destruirlo personalmente y apoderarse del Partido Liberal Constitucionalista, en todo lo cual contó con la cooperación de unos cuantos Diputados desertores del Partido Liberal Constitucionalista y el Frente Sandinista. Eso, además de traición, es demencia, evidente desde entonces.
A partir de su alianza con el sandinismo, el Presidente Bolaños trata de terminar también con el liderazgo de Daniel Ortega. Negocia con el Gobierno Americano la destrucción de todos los misiles en poder del Ejército Nicaragüense para debilitar al Frente, se entiende políticamente con el tránsfuga sandinista, Herty Lewites, al que alienta políticamente contra Ortega, al igual que al otro desertor del Partido Liberal Constitucionalista, Eduardo Montealegre, al que presenta y respalda como el mejor prospecto democrático del país para las elecciones próximas. Las pretensiones de Lewites y Montealegre se evaporan pronto por carecer de auténtico respaldo popular.
Pero Ortega tiene agarrado al Presidente por el cogote y bajo esa presión lo va a obligar a sentarse con él a negociar cuantas veces lo necesite. Lo tiene acusado, lo tiene minimizado, lo tiene avisado públicamente que lo puede destituir del cargo. El Presidente negocia con Ortega y cada vez que lo obliga a ello, lo debilita ante la ciudadanía y pone en evidencia su debilidad política ante el Gobierno Americano que debe llegar a la conclusión que el Presidente Bolaños , Lewites y Montealegre, no constituyen alternativa democrática viable.
El intento de atentado contra los otros Poderes del Estado, le produce al equivocado Presidente un auto-exilio en el engranaje gubernamental, comenzando por el Poder Legislativo. Y luego va a hacer el ridículo terciando, sin éxito, en contra de la Ley, en la elección de la Junta Directiva de la Asamblea Nacional, hasta que se autorretira, no sin antes dejar constancia de otra traición, esta vez contra el Presidente del Partido que creó, Miguel López Baldizón.
Desde el 2002 el Presidente está haciendo todo lo posible por fortalecer políticamente al Frente Sandinista contra los intereses democráticos del país, en abono a una hipoteca que no podrá cancelar con el Frente durante se mantenga en el cargo, para luego quedar expuesto al enjuiciamiento suspendido, junto con sus más cercanos colaboradores, aunque se radiquen fuera del país.
La Nueva Era terminó y nos deja una marcada corrupción a todos los niveles del espectro político y económico nacional. Y produce dos figuras similares de rápido tránsito: el Presidente y el candidato presidencial Eduardo Montealegre, que no pudieron terminar con el liderazgo de Arnoldo Alemán Lacayo, ni apoderarse del Partido Liberal Constitucionalista.
La interrogante frente al fortalecimiento del Frente Sandinista por parte del Gobierno del Presidente Bolaños, es la Embajada Americana que no interviene en defensa de las fuerzas democráticas que deben evitar el retorno de Ortega para que no se sume a Fidel Castro, Hugo Chávez y Evo Morales, quienes liderarán un marcado antiamericanismo, que crece también en otros ámbitos hemisféricos. Veamos solo a América Latina: Castro en Cuba, Chávez en Venezuela, Morales en Bolivia, Néstor Kirchner en Argentina, Tabaré Vasquez en Uruguay, Luis Ignacio Lula da Silva en Brasil. Y en el ambiente: Michele Bachilet en Chile, Andrés López Obrador en México, Ollanta Humala en el Perú y Ortega en Nicaragua. Serían, seguramente, diez votos contra Estados Unidos en los foros internacionales.
¿Dónde quedó el lema de campaña del Presidente Bolaños en todos los caminos del país: "Trabajo, sí se puede"?. Lo que en Nicaragua no hay es, casualmente, trabajo. Este sólo hecho evidencia el fracaso del Gobierno del Presidente Bolaños.
Los hechos históricos nos señalan que hasta el final de la época liberal de los 70 Nicaragua crecía -como nos lo recuerda Francisco Xavier Aguirre Sacasa al anunciar su precandidatura presidencial, el 11 de los corrientes: "Durante el cuarto de siglo entre 1950 y 1975 nuestra economía creció 2.5 veces mas rápidamente que la norteamericana y disfrutó de una de las tasas de crecimiento más altas de Latinoamérica." La caída en picada de nuestra favorable situación económica de entonces, la produce en la década de los 80 el anacrónico Frente Sandinista con sus políticas totalitarias y el sometimiento de la ciudadanía, el mismo Frente que ahora respalda el Presidente Bolaños, confirmando la grave equivocación que cometimos los nicaragüenses cuando votamos a favor de éste para que llegara a la Presidencia de Nicaragua.
Así las cosas, el Presidente Enrique Bolaños Geyer es el responsable único del rehundimiento socio-político de Nicaragua.
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