Los errores de Yamilet Bonilla
- Sus ex correligionarios la llaman “la Mata Hari nica”
- Una comedia sin fin
Redacción Central
Trinchera de la Noticia
Ex compañeros de partido y bancada de Yamilet Bonilla están lamentando la “comedia de errores” que la otrora poderosa secretaria de organización “está cometiendo al punto que tiene paralizada a la Asamblea Nacional”. Ella y la diputada María Eugenia Sequeira han contribuido a que la inexperiencia política de Eduardo Montealegre los haya conducido de forma directa a un primer pacto con Daniel Ortega Saavedra, el líder del FSLN.
Cuando se les pregunta a los líderes liberales cuál es el origen de la separación de Bonilla y Sequeira, la mayoría coincide en que es “un asunto complejo y largo de relatar en una sola entrevista”.
Sin embargo, sus antiguos compañeros de bancada aún recuerdan cuando Bonilla y Sequeira visitaban al ex presidente Arnoldo Alemán en el hospital Militar, durante su fase de recuperación, y “le recomendaban que diera todo a cambio de conseguir la libertad”.
Ambas diputadas habían logrado acercarse al ministro de Gobernación, Julio Vega, de quien obtenían dos pases semanales para ingresar hasta la Sala J del centro hospitalario.
Sequeira y Bonilla solían caminar con Alemán a eso de las cuatro de la tarde en los ejercicios que los médicos ordenaban al ex mandatario para combatir algunas de sus enfermedades crónicas, como el “azúcar” que ya está causando daños en los ojos de éste.
En las próximas semanas, el ex gobernante será sometido a una operación en la vista para extraerle “una catarata” que ya ha “madurado” en un 70%. Sus más cercanos lo atribuyen a los efectos del “azúcar”.
Una intensa historia
Hace dos años, cuando Eduardo Montealegre se disponía a “ir al asalto” del PLC, la principal figura que se opuso a darle un cargo fue Yamilet Bonilla.
Es más, recuerdan, Montealegre no contaba en sus planes organizativos a la agresiva diputada a quien sus colegas han comenzado a llamar la “Mata Hari”.
Para esa intensa convención, Montealegre ofreció al diputado Maximino Rodríguez que fuese su fórmula como vicepresidente. En más de una ocasión le dijo que era la combinación perfecta: un banquero y un ex contra.
De paso, establecería un puente con el ala dura del PLC y por ende del anti sandinismo radical e ideológico de la antigua Resistencia.
Montealegre pensó que podría derrotar al Dr. Luis Benavides quien se lanzó frontalmente, con el apoyo de Bonilla, contra el entonces ministro de Hacienda de la Nueva Era.
Pero, el disidente consiguió su primera derrota interna al conseguir el respaldo de apenas 30 convencionales. Olfateando el fin de Montealegre, Bonilla recogió cientos de firmas para expulsarlo del PLC, lo que al final no se produjo debido a la intervención de otros miembros prominentes de la organización.
El diputado Rodríguez se alzó más bien con una derrota y la confianza del liderazgo liberal ganando la tercera vicepresidencia de la directiva roja.
El acercamiento
Tras su fracaso, Montealegre se acercó a la diputada María Eugenia Sequeira con quien cultivó una estrecha amistad y en secreto ambos planean abrir una escisión en las filas del PLC.
Sequeira convence a Montealegre que necesitan a Yamilet ya que ella “es la dueña de la organización territorial” del Partido Liberal. Contra su propia opinión de Bonilla acepta el consejo de su nueva asesora y la incorpora a su equipo.
Max Padilla y Adolfo Arguello, quienes para entonces estaban a cargo del proyecto político, arrugaron la cara pero tuvieron que tragarse la decisión. En el grupo apareció otra mujer con quien formaron un trío casi perfecto: la ex viceministro de Montealegre, Vilma Rosa León York-Blandón.
El problema de Bonilla y Sequeira era que no tenían el “pretexto” para romper con el PLC, especialmente con Alemán quien aún conserva buenas opiniones de ellas.
Ese “pretexto” llegó el último día de la campaña electoral de Sequeira, aspirante a alcalde de León, cuando Luis Benavides y Enrique Quiñónez irrumpieron en la tarima del PLC en esa ciudad y confrontaron a Montealegre, quien era el invitado especial.
Montealegre venía apoyando en secreto a Sequeira considerando que occidente sería su plataforma política para reclamar el control del PLC, en especial la candidatura presidencial.
Controlando la alcaldía de León y gozando del apoyo de su familia y empresarios allegados de Chinandega, Montealegre consideraba que era suficiente para despegar.
Va por la bancada
Bonilla y Sequeira, entonces, entran por la puerta grande del grupo montealegrista pese a que las sospechas y suspicacias las persiguen y se hacen cargo de la organización territorial.
Al halar a los candidatos perdedores de las elecciones del 2004 así como a los resentidos del PLC, Bonilla calló la boca de los conservadores y oligarcas que no confían en ella y que también la consideran una especie de “espía” de Arnoldo Alemán.
Desde el año pasado, Bonilla detectó que Montealegre le teme a Arnoldo Alemán. Luego de varias pláticas lo convenció de que era hora de tener a una bancada fuerte para retar la autoridad de Alemán y propiciar el “desmoronamiento” de sus estructuras a todos los niveles.
Ella y Sequeira lo convencieron de que la bancada liberal estaba lista para deshacerse en las manos de Montealegre. Así fue que empezaron a convencer y hasta amenazar a diputados liberales.
En diciembre pasado, Bonilla propuso un plan para negociar la directiva con el Frente Sandinista, convencidos de que así le sacarían un aliado a Alemán a quien le propinarían un fuerte golpe en el año electoral.
Le ofrecieron a Ortega los votos para elegir a René Núñez en la vicepresidencia a cambio de los 38 sandinistas para ungir a María Eugenia Sequeira en la silla presidencial del Parlamento.
Pero, el presidente Bolaños advirtió el plan de la “Mata Hari” y se adelantó ofreciendo a Ortega el fracasado plan de 2+2+1+1+1 a fin de que una de las bancadas bisagras dirigiera la Asamblea Nacional, en el entendido de que así le darían una lección al PLC que propuso a Enrique Quiñónez.
Bonilla quería “derrotar a Quiñónez en el plenario, con los votos del FSLN, y los de la Azul y Blanco” para impresionar a Montealegre, a los conservadores, a la Embajada de Estados Unidos y al mismo Bolaños.
La historia de hoy es otra. Los derrotados fueron ellos.
|