Candidatos liberales
Where there's a will, there's a way
Por Julio Ignacio Cardoze
Por alguna maldición siempre volvemos al punto de partida. Exorcicemos la maldición. El destino de Nicaragua ha sido como un sueño con la sensación de correr pero permaneciendo en el mismo lugar. ¡Que ahora no sea así! Busquemos la solución a la contradicción. Se aproximan otras elecciones presidenciales. Hagamos tres cosas; 1) Meditemos que queremos para nuestro país; 2) Analicemos quienes son y qué representan, los candidatos, los partidos, o alianzas, y su record cívico político. 3) Establezcamos nuestras prioridades, pensando en la nación.
Los dos sectores fuertes en la lucha presidencial serán: El PLC, y el liberalismo; el Frente Sandinista de los Ortega y las izquierdas socialistas populistas. Secundariamente, posiblemente el Partido Conservador, en una alianza dominada por ellos, con algún auto llamado liberal, pero como otras alianzas que han existido efímeramente en el pasado, y que por no ser parte de las tradiciones del pueblo, nunca han tenido la menor posibilidad de éxito. También existe la posibilidad de una cuarta participación del grupo Lewites, aunque hay especulaciones que a la hora de llegada se reunirán con su tronco original, es decir, Daniel Ortega.
Establecer prioridades es importante para no caer en el anatema, porque si logramos un gobierno que institucionalice el estado de derecho, automáticamente la solución de los otros problemas se derivara del mismo. Es claro, que aun con todos los problemas y errores, en el panorama y sistema político existente, solamente el liberalismo será capaz de lograrlo.
Nuestro compromiso debe ser institucionalizar la democracia, pero una democracia con sentido social y Estado de derecho. Tenemos que hacer que Nicaragua sea república por primera vez, pues nunca antes ha sido. Si alguna vez creímos que la participación en la revuelta sandinista de 1979 de elementos representativos de la sociedad civil sería bloque de contención si el sandinismo pretendía desviarse de los principios originales, no fue así. El tiempo ratificó los temores. El sandinismo acabó corrompiendo todo, y apoderándose de todo.
Los sandinistas sin pérdida de tiempo empezaron a desbandar (y hasta eliminar) a sus aliados de la sociedad civil que los ayudó a llegar al poder y que empezaron a pagar el precio de su mediocridad, pero sacrificando Nicaragua. Empezaron las persecuciones y los juicios políticos, las ejecuciones, los encarcelamientos, las torturas masivas y las expropiaciones arbitrarias. Instauraron una tiranía. Traicionaron las mejores esperanzas del pueblo nicaragüense. Entregaron el país a intereses políticos extranjeros. En fin empezaron todos los abusos que se pueden definir en la mejor enciclopedia, y que no vale pena volver a ellos, pues son ampliamente conocidos por sufridos. Muchos conservadores les ayudaron en la labor destructiva.
En resumen, la experiencia sandinista costó sacrificar mas de cincuenta mil vidas, y la destrucción de toda la infraestructura administrativa del gobierno, la industrial, la agrícola, la ganadera y la pesquera, en fin, significó sacrificar todos los fundamentos sociales y económicos del país, a cambio de retroceder, y quedar rezagados en todo, en comparación los demás países. El costo a sido mil veces superior que el beneficio, lo que es injustificable, y para colmo, los sandinistas cerraron esa primera etapa con el broche de oro de la piñata robándose cientos de propiedades.
Para que los sandinistas abandonaran el poder de arriba, hubo que forzarlos, que hacer una guerra, arriarlos a realizar elecciones libres sobre vigiladas sólo para conseguir que siguieran mandando desde abajo. Se eligió a doña Violeta que hizo un gobierno que no pudo haber sido de otra forma. El resultado fue negativo por cuanto, sólo en la entrada, se resaltó la afinidad con el sandinismo que se pretendía terminar, y prácticamente co-gobernaron, facilitándole los mecanismos jurídicos para garantizar la existencia y continuidad de las instituciones sandinistas y, por tanto, garantizar la vida del sandinismo.
A doña Violeta le siguió Alemán, quien pudo estabilizar el país, dejando bases de continuidad, pero no lo hizo. Cometió demasiados errores.
Después llegó don Enrique, con muchas promesas y expectativas, pero está terminando su periodo dejando todo bien enredado y con mas penas que glorias. Su herencia política será fatal. El pueblo nunca fue prioridad en sus planes de gobierno. Nunca le preocupó ni priorizó proyectos de desarrollo social ni para aliviar la extrema pobreza. Muy poco podían esperar las mayorías empobrecidas de su gobierno. La ausencia de programas sociales queda plasmada en su famoso Plan Nacional de Desarrollo.
Desde el 19 de julio de 1979 a la fecha, muchas cosas se han dicho, otras tantas se han hecho, y hasta miles de crímenes se han cometido, en nombre del pueblo. Pero el pueblo ha sido el que ha pagado los platos rotos a partir de 1979. El pueblo ha regado la tierra con su sangre, ha sacrificado a sus hijos, ha sido llevado a la miseria extrema, ha sido hambreado, tiene apetito y sed de justicia, carece de techo, educación, comida, y trabajo. Es el mismo pueblo que en las encuestas dice que quisiera emigrar de la tierra que lo vio nacer, es el que, en cuya costa, se han amasado las fortunas de una minoría.
Es tiempo que le llegue su hora a ese pueblo, es tiempo de hacerle justicia, es tiempo que se hagan unas elecciones presidenciales del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.
Está demostrado, que ni los sandinistas con su populismo demagógico, ni la derecha conservadora, tendrán una respuesta para mejorar las necesidades sociales de las mayorías. En Nicaragua, con una población de cinco millones de habitantes, el ochenta por ciento de ellos, sobrevive con menos de dos dólares diarios. Conseguir que comer, para el 80 % de la población, es una aventura de cada día. Eso no puede seguir así. Populismo es fabrica de pobreza. Y desarrollo empresarial sin solidaridad social no es justicia ni democracia. Y democracia no podrá haber nunca en Nicaragua con la miseria en que viven las mayorías. Para que haya democracia verdadera es necesario un pueblo educado y un nivel de vida económicamente digno. Decir que en Nicaragua hay democracia o que hay una transición en medio de tanta indigencia es una enorme falacia.
Entre los candidatos que han saltado a la palestra a la fecha, con buenas perspectivas, por su origen, cultura, experiencia, y sus inquietudes político sociales, liderazgo comunitario y político sin improvisaciones, es el de José Antonio Alvarado y José Rizo, quienes llenan las expectativas para realizar un programa como Alvarado lo ha dicho, para democratizar el capital, dándole y respetándole a cada cual lo suyo, dentro de un sistema democrático y liberal con justicia social.
Ni Alvarado ni Rizo, tienen ligas familiares con sectores interesados que puedan impedir el desarrollo social, ni directamente con intereses específicos que en el futuro pretendan sacar ventajas. Hacen equipo con configuración de solidaridad social. Su experiencia indica que tendrán mas libertad de proyectarse hacia las mayorías de abajo, y las minorías de arriba, indiscriminadamente por igual, de forma incluyente, no excluyente, con pobres y ricos, con empresarios y trabajadores, y hacia la población en general para dignificarla y desarrollarla, subiendo las mayorías actualmente excluidas, en la escala social, cultural y económica con una mayor y justa distribución de las oportunidades, de tal forma, que, patrocinándolas, se favorecerá la nación entera, pues elevando el poder adquisitivo de los ahora excluidos, se beneficiará el comercio y la industria, y el desarrollo nacional.
Es tiempo de un gobierno que termine las incongruencias y el exilio, (exilio de los que están adentro, se entiende), y haga justicia restituyendo sus derechos civiles a los que residen fuera del territorio nacional. Que terminen el destierro del pueblo proscrito en su propia tierra, exilado de su sociedad, expatriado en su patria, encarcelado tras las rejas de sus miserias, que vive; de las limosnas de los organismos internacionales, y de la caridad y las migajas que otros dejan caer de su mesa, caridad que en su mayor parte sería innecesaria si hubiera justicia y solidaridad social; de las remesas de quienes dejaron de ser exilados fuera de la patria al conseguir ser autosuficientes (a pesar de que les mutilan sus derechos ciudadanos).
Alvarado y Rizo son liberales, hacen un buen equipo. Ojalá todos (ellos y otros) los candidatos demócratas y especialmente los que se consideren liberales se unan bajo un mismo propósito en aras de la nación. Son inteligentes y han reflexionado sobre los errores cometidos, sobre el destino cruel a que ha sido sometida Nicaragua, y sobre la exclusión a que ha estado condenado el pueblo, que a pesar de ser el protagonista en cuyo nombre se hace y se deshace, ha terminado siendo la victima. Es tiempo de elegir para gobernar a quienes respondan a las necesidades de todos, sin populismos, ni sectarismos, y con ecuanimidad social. Ojalá logremos los liberales consolidar ese equipo para terminar con el exorcismo de la maldición que siempre nos hace regresar al punto de partida. Estoy seguro que si juntan fuerzas y voluntades lo podrán hacer. Meditemos, analicemos, establezcamos prioridades: Cuando hay voluntad se encuentra el camino.
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