Bolaños y los alfileres
Por Hamlett
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El mensaje a la nación del presidente Enrique Bolaños ha recibido más críticas que elogios. El año pasado ocurrió algo similar porque el mandatario leyó un mensaje similar.
Pero, a los comentarios de "triunfalista", "mentiroso", "manipulador "demagogo", "enfermo de alzheimer", y otros que escuchamos en los medios, debemos agregar por nuestra parte el de "plagiador", como demostraremos a continuación. Con este artículo no sólo ayudaremos a confirmar que Bolaños es un pésimo estratega político sino que pondremos en evidencia a los asesores y redactores de sus discursos presidenciales.
Si acaso el gobernante fue sorprendido por sus cercanos es preocupante porque revelaría que Bolaños es más ineficiente de lo que imaginamos. Sabemos que el presidente vive aislado en una especie de burbuja que celosamente protegen sus consejeros y ayudantes. Esto es típico de gobernantes débiles que no pueden enfrentar la realidad y por ello se atrincheran de la opinión pública.
El pasado miércoles, Bolaños dijo que recién asumió la presidencia, un ex funcionario le dijo que le habían heredado -de la administración anterior- una economía que era como un traje bien pegado al cuerpo con alfileres, y que le aconsejaba que no los despegara.
El origen de la historia de la "economía pegada con alfileres" no es de Bolaños ni del presunto ex funcionario. Es una famosa anécdota mexicana protagonizada por los ex secretarios de Hacienda, Pedro Aspe Armella, y Jaime Serra Puche.
Y vale la pena conocerla para comprobar que Bolaños no sólo quitó los alfileres de un frágil sistema político sino que descarriló, de paso, el empuje económico que comenzó en los años 90.
“Para que los despegastes”
El 20 de noviembre de 1994, a diez días del cambio de poderes, los presidentes saliente y entrante de México, Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo, acompañados de sus secretarios de Hacienda, Pedro Aspe Armella y Jaime Serra Puche, respectivamente, se reunieron para tomar decisiones sobre la inminente crisis.
La economía azteca estaba a punto de explotar. El presidente entrante, Zedillo, quería que Salinas de Gortari devaluara la moneda, que asumiera esa responsabilidad porque él no quería inaugurar su mandato con tan "mala noticia".
Salinas dijo que no, que Zedillo debía deslizar bruscamente la cotización del peso para evitar una catástrofe, aconsejándole que debía mover la cotización suavemente, y le propuso que dejara a Aspe como secretario de Hacienda para que operara ese proceso.
Zedillo le respondió que él era mucho mejor economista que Salinas o Aspe, y que dejaría a Serra Puche al frente de lo que fue una costosa debacle.
Pocos después, Serra Puche, quien pagó los platos rotos por Aspe Armella y Salinas, ya que sólo duró 28 días en la Secretaría de Hacienda, le dijo a modo de reclamo:
- "Me dejastes una economía pegada con alfileres".
A lo que su antecesor le respondió:
- "Y para qué se los quitastes".
Las golondrinas volaron
El 18 de diciembre de 1994 el peso y la economía mexicana se derrumbaron. Una crónica de la revista Gato Pardo (abril 2002) describe así ese momento difícil:
"Esa noche, Serra se había reunido con los hombres del dinero y les anunció que al abrir los mercados habría un "deslizamiento" del peso, que se movería la "banda de flotación", en realidad les decía que habría una devaluación que esperaban que no fuera superior al 30 por ciento. En su libro, Salinas de Gortari acusa a Zedillo y Serra de haberles dado esa información a los principales empresarios del país para que estos se aprovecharan de la situación".
Según el artículo Serra cometió una gran estupidez al informar a los empresarios mexicanos sobre la devaluación "a quienes mantuvo en un salón hasta que abrieran los mercados, pero les dejó algunas horas por delante y los celulares en sus bolsillos y todos los usaron".
Al día siguiente, en cuanto abrieron los mercados, se fugaron miles de millones de dólares. El "error" de Serra Puche costó más de 500,000 millones de dólares que marcará, al menos, a dos generaciones de mexicanos."
Los expertos indican que el problema de Zedillo fue su debilidad política: carecía de equipo propio, con la excepción de unos cuantos leales, como Jaime Serra Puche y Esteban Moctezuma.
La torpeza del nica
De ser cierto que un ex funcionario le aconsejó no quitara los alfileres de la economía nicaragüense en el año 2002, Bolaños no le escuchó e hizo todo lo contrario: quitó todos los alfileres.
Pretendiendo crear una "nueva era política y económica" quitó los alfileres que sostenían un sistema político en fase de acomodo y por ende frágil.
Tres derrotas electorales consecutivas (1990, 1996 y 2001) no acabaron con el Frente Sandinista, pero lo dejaron sumamente débil. En cambio, el PLC, ancla del proyecto democrático, estaba en proceso de fortalecimiento y ampliación. Al golpear la columna vertebral del liberalismo, Bolaños fracturó a toda la línea de defensa democrática mientras fortalecía al FSLN, con quien se alió para devastar al Partido Liberal.
Al estremecer un sistema político que estaba ganando la confianza de los inversionistas nacionales y extranjeros, que se reflejan en los extraordinarios índices de crecimiento, arriba del 7%, entre 1998 y 2001, Bolaños descarriló a todo el proyecto.
Bolaños no quitó, arrancó los alfileres y de paso mató a su Nueva Era. Y este grave error podríamos pagarlo y muy caro en noviembre próximo. Es hora, si es posible aún, de empezar a poner cada alfiler en el lugar donde estaban.
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