Gobernabilidad, ¿para quién?
Por Hamlett
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Tenemos que sacar la cabeza del hoyo y ver al mundo. Verdad de perogrullo pero no estamos solos ni nuestros problemas son únicos. Tampoco hay que guiarnos por el antiguo dicho de que "el mal de muchos es el consuelo de los tontos".
Debemos ver al exterior para sacar lecciones y tomar ejemplos. La semana pasada, el Departamento de Estado saludó el triunfo electoral de Evo Morales y anunció que trabajará con su administración.
¿Qué significa esa declaración? Que a Estados Unidos no le preocupa la ola de nuevos gobiernos socialistas y líderes populistas que invaden el sur. Y si no le temen a Evo Morales o a Lula menos a Daniel Ortega. A él le tienen miedo millones de nicaragüenses que vivieron bajo 10 años de régimen revolucionario.
Las actitudes estadounidenses nos están dando la pauta. Si nos importa Nicaragua debemos actuar, nosotros. Ellos tienen sus problemas como Osama bin Laden, el equilibrio de su economía y la del mundo, la migración y su propia corrupción.
Bachelett en Chile, Kirchner en Argentina, Lula en Brasil, Morales en Bolivia y Chávez en Venezuela. El mapa sudamericano está teñido de rojo, o de rosadito chica si usted quiere. Las izquierdas están ganando porque son unidas mientras las derechas están fragmentadas, son carnívoras y arrogantes.
Jorge Quiroga, el Eduardo Montealegre boliviano, fue solo y terminó con menos del 30% de los votos. Hoy la oligarquía y el gran capital lloran su derrota, mientras Washington anuncia que van a trabajar con Morales.
¿Hay alguna diferencia entre Bolivia y Nicaragua? En palabras del desaparecido presidente Ronald Reagan diríamos que Managua está a dos horas y 45 minutos de Texas y La Paz a ocho.
Algunas personas sueñan con que Estados Unidos fijará un cordón sanitario en Nicaragua por la importancia geopolítica de nuestra pequeña región y por esto meterán el hombro para impedir el ascenso de Ortega.
Si ese "hombro" es Montealegre es mejor que nos preparemos a vivir cinco años o más con los sandinistas porque nos pasará lo mismo que en Bolivia. Las encuestas daban un empate entre Quiroga y Evo Morales y al final el líder cocalero superó el 53% de los votos mientras su rival se hundía.
II
Honduras y Estados Unidos
El presidente Enrique Bolaños justificó su intervención en la elección de la junta directiva de la Asamblea Nacional diciendo que él buscaba un balance que le diera gobernabilidad. Me preguntó: ¿gobernabilidad para quién? ¿Para él, que ya no cuenta, o para las fuerzas democráticas que necesitan espacios y oxígeno político para derrotar al sandinismo?
Otra equivocación del Presidente, creer que los poderes de la nación están en función del ejecutivo, o sea de él. Llevamos cuatro años en lo mismo, con Bolaños queriendo poner bajo sus pies a los poderes mediante la dominación de sus líderes. Por supuesto que sus intenciones no han sido sanas. Nadie cree hoy que el mandatario andaba buscando una directiva que le diera gobernabilidad.
Si quisiera tranquilidad y balance en el Estado no habría anunciado la presentación de una ley para hacer un referendo por las reformas constitucionales. La ley marco ya le da esa tranquilidad. Lo cierto es que Bolaños aprovechó el oasis de paz que logró la Asamblea Nacional la semana pasada para meter una bomba de tiempo en los pantalones de la directiva y de los diputados. Va a llegar a su último día de gobierno y Bolaños seguirá creyendo que él fue el más listo de todos y que con su juego se fue de 5-5.
¿Por qué no hacemos las de los hondureños? Ayer el Congreso catracho eligió a su directiva para cinco años, de una vez. Y allá no andan con cuentos, Mel Zelaya y el nuevo presidente de la cámara, Roberto Micheletti, le devolvieron la factura que hace cinco años le pasó el Partido Nacional y su aliado democristiano: les dejaron tres cargos en la directiva que el PN rechazó inicialmente.
La directiva parlamentaria hondureña es de 12 miembros y no siete como en Nicaragua. De tal manera que un liberal presidirá el Congreso por todo el periodo y además con mayoría. Lo demás es cuento.
III
No más mentirosos
El presidente Bolaños elevó la mentira al rango de metodología gubernamental. Dijo en enero de 2002 que había recibido al país en ruinas, sin dinero, con apenas 14 millones de dólares en el Banco Central, y el miércoles pasado confesó que en cuatro años duplicó las reservas internacionales netas a un poco más de 700 millones de dólares.
Lanzó una campaña contra la corrupción de la que sólo una persona está presa. Dijo que era liberal pero hizo gobierno rodeado de conservadores.
Las más hermosas mentiras presidenciales han sido las de los norteamericanos. Nixon no supo quién ordenó meterse al hotel Watergate. Reagan nunca se dio cuenta del tráfico de drogas a cambio de armas para la Contra. Clinton jamás habló con Mónica Lewinsky. Y "baby" Bush tampoco vio, nunca, a James Abramoff, el cabildero que pagó con favores a los donantes ilegales de la campaña electoral del mandatario y que ya le costó la cabeza a los dos líderes republicanos del Senado y de la Cámara Baja.
Ayer, Bush, no sabía qué hacer cuando las revistas Washingtonian y Time mostraron seis fotos de él con el cabildero. Abramoff recaudó al menos 100.000 dólares para la campaña de reelección Bush-Cheney 2004.
Nuestra ventaja es que Bolaños se desenmascara solito.
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