Año 5 No. 1533 Martes 31 de Enero del 2006 Managua, Nicaragua



Nicaragua necesita recuperarse

Por Luis Mejía González

Es un viejo propósito, sin realizarse a plenitud todavía. Terminó otro año, termina otro período presidencial y el porvenir de Nicaragua continúa estancado en 1979. El único intento, por cierto bien logrado y después de 25 años de sandinismo, lo realizó en el quinquenio del último siglo (1996-2001) el presidente Arnoldo Alemán Lacayo.

El presidente Alemán Lacayo arrancó de cero y en cinco años convirtió la esperanza en una sólida realidad sobre todo el territorio nacional. Y la proyectó en su sucesor, quien no teniendo su estatura de líder nacional, en su enanismo, bien conocido ahora optó por pactar con el Frente Sandinista para lograr tres propósitos: destruir el liderazgo del ex-presidente Alemán, apoderarse del Partido Liberal Constitucionalista y convertirse en el nuevo y único líder elector. Fracasó rotundamente en cada uno de ellos.

Mientras tanto pasaron cuatro años de su administración sin logros reconocidos y al llegar al último se encontró solo y desprestigiado, abrumado por una serie de hechos de comprobada corrupción en casi todo su gobierno, comenzando por él mismo quien, además, sin tino alguno, creó el más fabuloso nepotismo que acabó por hundirlo. Había llegado, en su última instancia posible, a la presidencia sólo a complacer su ego enfermizo, devolver en parte el poder al Partido Conservador y proclamar, sin fundamento alguno: "el Estado soy yo" mientras el país entero se burlaba a pesar de la tragedia en que lo había sumido.

Su máximo ridículo fue reclamar a Estados Unidos el derecho de pernada tradicional del Partido Conservador y bajo ese paraguas ilegítimo consiguió que le aprobaran pactar con el Frente Sandinista argumentando que dentro del Caballo de Troya lo destruiría, resultando, por el contrario, aniquilado él y su gobierno a tal extremo que su debilidad convirtió, de hecho y legalmente, a la Asamblea Nacional en el primer poder ejecutivo del Estado.

Para enderezar el desgobierno, hacerle frente a la crisis institucional, remediar la miseria y el desempleo, los dos grandes partidos políticas decidieron negociar un arreglo político transitorio para hacerle frente, además, a un Presidente desbordado, agresivo y rechazar la financiada resolución de la Corte Centroamericana Justicia de ilegitimar las legítimas reformas constitucionales. Y cuando éste se vio al borde del desafuero y del enjuiciamiento por delitos cometidos, recurrió desesperadamente a la Embajada Americana. Esta, ¡quien lo creyera! equivocadamente se olvidó del pacto del presidente Bolaños Geyer con el Frente y enderezó sus ataques contra los dos partidos por el arreglo transitorio (al que llamaron impropiamente "pacto") realizado para terminar con la agresión presidencial. Esta medida absurda e ilógica dañaba al Partido Liberal Constitucionalista y favorecía, miopemente, al Frente Sandinista. ¡Así se escribe la historia norteamericana en nuestro país!

Más no sólo eso hizo el gobierno americano, sino que satanizó el liderazgo político del único líder democrático de verdadero arrastre en el país y que ya ha derrotado en varias ocasiones al Frente Sandinista. ¡Qué esperar de políticas de esa calidad e intención!

Dichosamente, estas dos lamentablemente equivocaciones no han afectado el proceso de consolidación del Partido Liberal Constitucionalista, por dos razones esenciales: porque es la más grande y sólida agrupación política democrática del país y porque está dirigida por un auténtico líder de competencia positiva probada en la historia reciente del país al lograr, desde 1979, la única administración que, en democracia, ha realizado sólidos avances positivos bajo el lema: "obras, no palabras".

Una cosa queda para la historia: en el gobierno del Presidente Bolaños Geyer: todo es negociable y todo es comprable, entre otros, los medios de información nacionales conocidos por su evidencia.

Otra: no cumplió ni una sola de las promesas incluídas en el programa de gobierno prometido a nombre del Partido Liberal Constitucionalista y sus aliados democráticos.

Otra: no gobernó con el partido que lo lo hizo candidato y lo llevó a la presidencia de la república, reemplazándolo con el Partido Conservador que obtuvo una ridícula cuota de poder en las elecciones pasadas y varios de sus miembros beneficiados ahora pidieron la anulación de dichos cotejos electorales, argumentando que la elección de Bolaños Geyer era notoriamente irregular.

Otra: en su inmanejable odio, parte de su temperamento natural se empeñó en destruir la figura del cardenal Miguel Obando y Bravo, con lo que cerró el círculo de su fobia, a nivel nacional.

El fracaso es el rótulo que la historia tendrá que poner al accionar político del pobre presidente Bolaños Geyer, que no debió darse, para bien de Nicaragua.

Al comenzar el año 2006, afortunadamente, ya ha terminado el gobierno de este triste personaje de la política nicaragüense, rescatado del anonimato por la bondad cristiana del presidente Alemán Lacayo quién pensó, equivocadamente, que podría continuar la obra de rescate de Nicaragua, iniciada por él con determinación y verdadero amor patrio.


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