Terremoto en el sandinismo
Por Hamlett
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La repentina desaparición de un líder no supone el fin de una organización cuando esta ha echado raíces profundas entre sus seguidores. Tanto el sandinismo como el liberalismo son ideologías fuertes, prendidas en el espíritu de sus miembros y con más o menos historia en la vida del país.
En este terreno el liberalismo cuenta con la ventaja por su impresionante trayectoria de más de 100 años, de los cuales ha conducido -mal que bien- más de 85 años. Desde Zelaya hasta el Dr. Alemán el liberalismo ha sido la doctrina dominante versus el conservatismo, sustituido hoy por el sandinismo, como su paralela histórica.
Los rojinegros sólo han experimentado dos momentos cruciales en su relativa corta vida de 50 años: la muerte de Carlos Fonseca y la derrota electoral de 1990. Tras éste último episodio, la ruptura divisionista de Sergio Ramírez no se compara con la pérdida del poder y la caída del muro de Berlín.
A finales de los 60, la división y la muerte hizo resurgir al FSLN en tres tendencias, en los 90 fue Daniel Ortega quien tomó control del sector duro al que no aflojó hasta la fecha.
El sandinismo pasó de ser una organización guerrillera a gobernar una nación. El FSLN se convirtió en un partido armado en el poder que le ha costado convertirse en una institución civilista. Hoy aún no se consideran, ni son vistos, como una organización democrática.
Pero, la victoria de Hamas en Palestina sigue resonando en los oídos de todo el mundo. Una de las organizaciones islámicas más radicales del mundo, usando las armas de la democracia, subió al poder de manera contundente mientras la Secretaria de Estado, Condoleezza Rice, se lamentaba ante The New York Times porque nadie le advirtió de lo que pasaría.
Seguramente que Ortega y los sandinistas deben estar saboreando desde ya la posible victoria de noviembre porque si los servicios de inteligencia de Estados Unidos no advirtieron que Hamas se impondría sobre los corruptos de Fatha, menos que se den cuenta que en la pequeña aunque estratégica Nicaragua se está cocinando a fuego lento, por la torpeza de la política norteamericana y el capricho de cuatro mesiánicos, el triunfo de la izquierda más radical de América Central.
Ellos necesitan a Daniel…
Si hoy desapareciese Daniel Ortega la hecatombe del FSLN nos golpearía a todos. Ya analizamos ayer cómo se dividiría en al menos tres grupos. La única manera que la línea dura podría retener el control de las estructuras sería a sangre y fuego y, ya sabemos lo que ocurriría en nuestro país donde todo el mundo tiene al menos un arma.
Rosario Murillo reclamaría el control de la sucesión junto a Lenin Cerna, pero nadie sabe si Bayardo Arce, Tomás Borge o Humberto Ortega tienen los mismos planes o la dejarán hacerse del control del sandinismo.
En la periferia de El Carmen hay muchos intereses más que serían afectados en forma directa por una potencial crisis en el FSLN. Por ejemplo, la Policía Nacional debe relevar este año al primer comisionado Edwin Cordero Ardila. Los bandos ya están formados entre quienes apoyan a la comisionada Ana Julia Guido, leal al Frente Sandinista, línea dura y mano fuerte en la conducción policial, y los que respaldan a la comisionada Aminta Granera, también sandinista, pero desapegada de la línea oficial rojinegra. La primera es apoyada por Ortega y la segunda por Bolaños, Alemán e importantes sectores del capital.
En segundo plano, pero convertido desde ahora en una alternativa si acaso Granera y Guido se "anulan" en la contienda está el comisionado Horacio Rocha quien pese a que fue la sombra de Ortega durante muchos años hoy se mantiene a distancia de los conflictos partidarios. De cualquier manera, la Policía sería sacudida por la crisis.
El posible conflicto también golpearía a la conducción del Ejército de Nicaragua especialmente al comandante guerrillero y general de ejército Omar Hallesleven Acevedo. Este militar chontaleño goza del respeto de la alta dirigencia del FSLN pero aún debe demostrar al resto de la sociedad que dirigirá a ese cuerpo castrense tan imparcialmente como si fuera la Cruz Roja.
La posición de Hallesleven y el alto mando se debilitarían en un conflicto de tales magnitudes. Irremediablemente estarían frente a una situación incómoda y decisiva si el conflicto se sale de control y derrapa a los tiros.
La víctima electoral
Si las luchas intestinas desembocaran en la violencia seguramente que las elecciones serían su primera víctima. Cerna y la nueva dirección rojinegra complicarían de tal manera el panorama, con atentados, terrorismo, amenazas personales, voladuras de estaciones radiales y televisadas -como ocurrió con La Primerísima hace más de 10 años- que obligarían a posponer las elecciones.
Los sandinistas lanzarían a sus fuerzas gremiales y sindicales a la calle a paralizar todo con el objetivo de ganar tiempo mientras resuelven su conflicto.
Volverían los grupos armados a las montañas como una advertencia a Estados Unidos y al gobierno de que no se metan con ellos o incendiarán el país. No descartemos sabotajes a la producción, como quemas de cañaverales, fábricas, zonas francas. Incluyamos la voladura de torres del tendido eléctrico y ataques a las bombas que impulsan el agua potable.
Nicaragua sería un infierno en manos de los "duros" del sandinismo. ¿Qué quedará después de ello? Ruinas del FSLN y seguramente del país, mucho dolor y muerte, porque nunca aprendieron a solucionar sus problemas por la vía democrática.
¿Habría futuro para el Frente Sandinista? Muy difícil pero aún quedará el germen listo a renacer, con las mismas armas, métodos y estilo de siempre.
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