Año 6 No. 1545 Jueves 16 de Febrero del 2006 Managua, Nicaragua



Promesas incumplidas

Por Hamlett
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En la campaña electoral, el candidato Enrique Bolaños prometió que en su administración no habría un solo impuesto más para los nicaragüenses. Ofreció congelarlos.

Dijo que el pueblo ya no aguantaba "la carga de impuestos" pero que "tampoco vamos a bajarlos ahorita, es imposible porque con todos los programas sociales que tenemos que hacer, de algún lado hay que recoger el dinero, más que seguro nos viene la condonación del 80% de la deuda (externa). Eso permitirá usar los recursos en estos programas sociales".

A cambio de congelar la aprobación de nuevos tributos dijo que estimularía de otra manera a los inversionistas y por ende pagadores de impuestos: "… vamos a permitir que el 70% del IR, si la persona lo quiere invertir en programas de turismo que van a generar más empleo, podrá hacerlo en vez de pagárselo al Estado".

¿Y qué ocurrió en sus primeros cuatro años de gobierno? Aprobó cinco reformas tributarias con más tributos. Lo más grave es que no consultó a los empresarios, de tal manera que impuso sus decisiones fiscales sin el consenso necesario.

Bolaños pasará a la historia como el rey de las promesas incumplidas. En el tiempo y la distancia da escalofríos escuchar una promesa del mandatario. Nos da la impresión de que hará todo lo contrario. En su campaña electoral prometió que no pactaría con nadie y lo hizo desde el princpio.

"Yo no voy a hacer pactos de cúpulas o que nos entendamos dos personas. Yo le vivo diciendo al pueblo que hagamos un trato de producir y empujar la economía del país. El pacto se acaba el día de las elecciones", expresó Bolaños hace cinco años.

Pactó la destrucción de todo

Y justamente con Daniel Ortega pactó la destrucción del PLC y del Dr. Arnoldo Alemán, el fin de los poderes estatales, de los misiles Sam-7, de los partidos históricos mientras oxigenaba a un sandinismo que quedó moribundo luego de su tercera paliza electoral en serie.

Ahora con los sandinistas está terminando de destruir las ilusiones y esperanzas que el liberalismo y él mismo sembró para movilizar el voto de más de 1,2 millones de personas.

Es sangriento lo que hemos visto esta semana, la manera en que pactó con Ortega para asestar una estocada a los médicos pro salarios, que por no pertenecer a los frentes laborales y gremiales del sandinismo, no ha sido escuchado en Casa Presidencial. Y el acuerdo para bolsear a las petroleras para dar millonadas a las cooperativas del transporte controladas por el sandinismo.

La pregunta del Dr. Elio Artola merece una respuesta clara: ¿Por qué hubo dinero para resolver los reclamos de los trabajadores judiciales, que se lo merecen, a los maestros y a los transportistas y no hay para dinero para ellos?

Una pregunta justa en especial porque el reclamo de los transportistas no tiene el apoyo de la población, que si tienen los médicos pese a que miles de personas están exigiendo atención y medicinas ya en los centros de salud y hospitales del Estado.

Mala señal a inversionistas

Y por si fuese poco, Bolaños acordó con Ortega castigar a los inversionistas extranjeros para satisfacer a los buseros, sin consultar con ellos ni tener el apoyo parlamentario de la bancada del PLC.

El presidente fue clarísimo en el 2001 ofreciendo a los médicos y enfermeras, respaldo a su lucha por la dignificación del gremio.

En su plan de gobierno prometió en un documento oficial: "Mi gobierno pondrá énfasis en la salud preventiva, rural y comunitaria. Esta estrategia reducirá los costos de los servicios de salud".

"Se pueden mejorar bastante los servicios de salud con prácticas relativamente sencillas de mantener los centros y puestos de salud bien abastecidos de medicamentos y con programas enfocados a modificar hábitos de higiene".

¿Qué tenemos hoy? Que también fracasó con los médicos. En su programa de campaña anunció: "Voy a mejorar la calidad de atención mediante dotación de equipos médicos, insumos, rehabilitación de infraestructura y capacitación al personal y voluntarios de la comunidad".

Y hasta incluyó un capítulo titulado "Aumento salarial y condiciones de vida" en el que dijo que con "una correcta reasignación de recursos permitirá mejorar los salarios de los trabajadores de la salud, especialmente para los que ganan menos, pero que son piedra angular del sistema como enfermeras, técnicos y auxiliares especialmente. A ellos les aseguraremos un aumento de diez por ciento por encima de la inflación anual, más incentivos adicionales para los que trabajen en el sector rural incluidas becas para capacitación. En el sector rural se construirán 300 viviendas como complemento a los centros y puestos de salud, para fortalecer el ingreso real".

Palo en vez de hechos

"Para los médicos garantizaremos como mínimo el sostenimiento de sus ingresos reales compensando la inflación, y en todos los casos incentivos al desempeño a través de los compromisos de gestión. Para médicos y enfermeras se ofrecerán hasta 4000 soluciones habitacionales, con una parte subsidiada y financiada del costo total, para una cobertura del 50% del sector médico". ¿Dónde quedaron esas promesas? En el papel y en el viento que se ha llevado todo lo que prometió. Y encima de todo ello ha enviado a los antimotines a enfrentar la huelga pacífica de los médicos. El pasado 7 de febrero de 2006 cuando "aceptó" la instalación del diálogo para resolver la crisis dijo que "hemos enfrentado huelgas en estos cuatro años, disturbios y plantones, en un intento provocativo de que el Ejecutivo utilizara la fuerza, pero nunca nos dejamos arrastrar por ese espíritu destructivo de violencia de los grupos minoritarios. Todo lo contrario, hemos insistido hasta el último momento en el diálogo y la negociación política".

Y esto no lo dijo hace cuatro años, sino que hace tan sólo nueve días.


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