Año 6 No. 1546 Viernes 17 de Febrero del 2006 Managua, Nicaragua



Dos verdades amargas

Por Hamlett
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1. Uno de cada cuatro latinoamericanos vive diariamente con menos de US$ 2 –C$34.50 córdobas- reveló un informe del Banco Mundial sobre la pobreza en la región. 135 millones de personas están en esa categoría, siendo Nicaragua, Jamaica y Bolivia los países que tienen el mayor porcentaje de su población en esta situación precaria, superando en todos los casos el 40% de sus habitantes.

2. La Secretaria de Estado, Condoleezza Rice, confirmó el miércoles que América Latina no es una prioridad para la política exterior de su país y que la reducción de la ayuda a la subregión es para enfocar sus recursos en las áreas estratégicas. Nicaragua es parte del paquete de los no estratégicos y por tanto nos redujeron la ayuda para el 2006 de 20.8 millones de dólares a 12.9 millones de dólares.

De las dos, la verdad más amarga de todas es comprobar que seguimos empantanados como nación, peleando los últimos lugares del ranking de la miseria en América Latina. Según el Banco Mundial 40 de cada 100 nicaragüenses viven en situación precaria y de acuerdo con la CEPAL 70 de cada 100 viven en alguna escala de la pobreza, desde la extrema hasta la relativa pobreza.

Los pies en la tierra

Frente a esa cruda verdad, no se admiten –entonces- soluciones mágicas ni promesas vacuas, los nicaragüenses saben lo que necesitan y están esperando a quién les venda la esperanza del mañana, el sueño del futuro, en el que todos imaginamos ir diariamente a trabajar de ocho a cinco porque tendrán un empleo estable, en el que volverán a su casa donde lo esperará su familia en una vivienda digna –pobre, pero digna-, en la que habrá un plato de arroz, frijoles y tortilla calientes y que podrá caminar por su vecindario con la seguridad de que no saldrá de las sombras un delincuente que le quitará lo que no tiene.

El camino fue emprendido hace 16 años y con sus altos y bajos, y hasta baches como el del gobierno de Enrique Bolaños, pero todos sabemos qué hacer y esperar. Los nicaragüenses han apostado a la democracia y no admitirán otra forma de vida -con todo y lo imperfecto e injusto del sistema. Hemos abrazado la libertad y rechazado el pasado, el de las dictaduras de derecha e izquierda.

Las elecciones son la oportunidad para retomar lo bueno y desechar lo malo, pero el reto es sobre todo a los demócratas que deben hacerlo mejor este año porque los peligros no han desaparecido. El Frente Sandinista es el adversario de ese sistema y la amenaza más visible a las libertades conquistadas.

La huelga del transporte, el chantaje al gobierno y la voz de protesta de los empresarios nos han dado una escena de lo que podría ser nuestro país bajo un régimen rojinegro o uno democrático si la nación sigue dividida.

El enemigo es el mismo

En el primer caso, Daniel Ortega ha vuelto a las andadas, golpeando al capital, amenazando a la libre empresa, protegiendo sus deficientes negocios con dinero del erario público, aprovechando al máximo la debilidad e incapacidad de un gobernante a quien ahora sólo le importa terminar de pie los cinco asaltos del combate.

Del otro lado, los empresarios reaccionaron porque les tocaron los bolsillos y, de pronto, parecen haberse dado cuenta que Ortega y el Frente Sandinista son una amenaza para los inversionistas y el futuro del desarrollo nacional.

Ojalá este Grito de Dolores sea el fin del romance que algunos dirigentes empresariales han iniciado con Ortega, pensando que si éste llega al poder la pasarán tan bien como les ha ido en tres gobiernos democráticos consecutivos.

El COSEP y los empresarios deben terminar con el coqueteo hacia Ortega, deben frenar a Bolaños que tras cuatro años de pacto sólo dice sí ante cualquier amago de presión de los sandinistas y acabar con los personalismos y mesianismos de unos cuantos ilusos que se sienten predestinados por la historia a ser presidentes de la república… o no podrán vivir más.

Hora de ser consecuente

Talvez ahora Erwin Krüger por fin se ha dado cuenta de que el FSLN es una amenaza para los empresarios y por ende para el pueblo. ¿Podremos imaginar qué hará Daniel Ortega una vez sentado en la presidencia de la república con las ganancias de las grandes empresas? ¿Alguien ahora abrigará la esperanza de que una vez cuando esté arriba será diferente porqué querrá quedarse por 10 años más? ¿Algún iluso cree hoy que los sandinistas promoverán el desarrollo de los grandes capitales, inversionistas de zonas francas, grupos norteamericanos o europeos?

A inicios de semana, el Subsecretario de Estado, Tom Shannon, dijo a un periódico madrileño que el problema de Nicaragua era el pacto y los caudillos. A simple vista comprobamos que Shannon sigue con el discurso del 2005 cuando estamos a menos de nueve meses de las elecciones nacionales.

Hora de ser nacionalistas

Ahora, Condi Rice nos demuestra su “amor” por Nicaragua anunciando una reducción considerable de la ayuda, que después de todo es más significativa en lo político que en lo financiero porque Japón o Taiwán nos dan mucho más que el aporte de AID.

¿Seguirán los políticos creyendo que Washington será suficiente para que ganen en las urnas en noviembre próximo? ¿Continuarán en manos de anodinos como Gilberto Valdez, director del IRI, quien dirige la campaña de Eduardo Montealegre promoviendo la división entre los demócratas?

Es hora del nacionalismo, pero no el demagógico y mentiroso que usan algunos políticos para afianzarse en el sentimiento nacional. Es el momento de poner los pies en Nicaragua y volver la vista hacia el único que puede salvar al país, a los nicaragüenses.


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