Año 6 No. 1549 Miércoles 22 de Febrero del 2006 Managua, Nicaragua



Cabeza fría, corazón caliente

Por Hamlett
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El 26 de febrero de 1956, Nikita Kruschov, secretario general del Partido Comunista de la extinta Unión Soviética, estremeció a los miembros del XX Congreso del PCUS con un discurso que permaneció en secreto durante tres meses, hasta que The New York Times publicó un extracto, en junio de ese año.

El discurso, titulado "Sobre el culto a la personalidad y sus consecuencias", relató a los soviets los horrores de los treinta años de gobierno de Josef Stalin, fallecido en 1953, que costó la vida de 20 millones de personas que murieron por hambre, y la purga de 400 miembros del PCUS acusados de traidores y no ser leales a "Chepito".

Stalin creó conceptos como "enemigo del pueblo" o "elementos sociales peligrosos" para desatar una de las represiones más sangrientas de la historia que hacen palidecer a Pol Pot y Adolfo Hitler.

El extraordinario acto de franqueza política de Kruschov no sirvió de nada. 30 años después, otro secretario general del PCUS, blandiendo la "glassnot" y la "perestroika" hundió al socialismo cuando ya no había nada qué hacer.

¿Qué logró Mijail Gorbachov? Primero, rindió el más importante proyecto marxista del mundo ante la democracia y, entre otros factores, dio la pauta para que los socialistas comenzarán un proceso de transformaciones que ha comenzado a darles resultados.

Hoy, reconocidas personalidades admiten que las izquierdas están cambiando y que uno de los principales responsables de sus éxitos es Estados Unidos por su abandono de América Latina y su terquedad al admitir la realidad.

Los atractivos del sur

El escritor mexicano Carlos Fuentes aseguró en un artículo que éste fenómeno "seguirá siendo objeto de interpretaciones apasionadas, toda vez que contiene (a) la novedad de un retorno después de largos inviernos militaristas y primaveras democráticas que no llegaron a la base popular de la pirámide, y (b) un verdadera ensalada de tendencias".

Al hacer un repaso por América Latina, califica a "Fidel Castro (como) el decano de la izquierda latinoamericana" gracias "a dos factores consecutivos" entre ellos "la agresión de los EE.UU. acostumbrados, desde las épocas de la Enmienda Platt, a dominar la isla, los EE.UU. se encontraron, en la revolución castrista, con "la forma de su zapato".

El escritor concluye que "la hostilidad de diez administraciones norteamericanas no ha hecho sino afianzar el poder de Castro".

La metamorfosis más interesante, según Fuentes, ocurre en América del Sur. Califica al gobierno argentino de Néstor Kirchner como "titubeante aún… indeciso entre un neoperonismo intolerante y un neoperonismo blando". De Tabaré Vázquez en Uruguay dice que es "ágil en su defensa del interés nacional por encima de los rubros izquierda-derecha", y de Lula en Brasil que es "un presidente que ha propiciado un enorme éxito económico y comercial pero que decepciona a su base electoral popular y se mancha con escándalos de corrupción tan melodramáticos como los múltiples rostros de quien fue la eminencia gris de ese gobierno, José Dirceu".

Dice que "la otra cara de la izquierda en Latinoamérica" es la de Ricardo Lagos. "Bajo su mandato, el pinochetismo ha sido enterrado por la autoridad judicial y el Ejecutivo se ha dedicado a no condenar el pasado sino a construir el futuro".

En cuanto a México, llama de "izquierda renovada" a Andrés Manuel López Obrador. "Satanizado como populista y demagogo, López Obrador ha dado una señal muy positiva en el discurso inaugural de su campaña en Metlatonoc, Guerrero: "Que se escuche bien y que se escuche lejos: habrá economía de mercado, pero el Estado promoverá el desarrollo social para combatir las desigualdades".

Concluye con Evo Morales de quien admite que fue "electo con una clara mayoría" pero que "confirma un giro positivo de la política latinoamericana: la izquierda puede llegar al poder por la vía electoral".

Envenenando la agenda

Otro famoso columnista, Andrés Oppenheimer, ha atacado el más reciente error de la política norteamericana hacia Centroamérica: el recorte de la ayuda financiera.

Cuatro cancilleres latinoamericanos fracasaron con el presidente George W. Bush intentando que revertiese la decisión. Según el canciller de Panamá, Samuel Lewis, el recorte del 28 por ciento de la ayuda a América latina, "está incorporando un nuevo conflicto en las relaciones interamericanas, lo que "podría envenenar otros temas de la agenda bilateral".

Por su parte, el canciller del El Salvador, Francisco Lainez, le dijo al columnista que "una deportación masiva de indocumentados no sólo lastimaría a la economía de Estados Unidos, sino que "pondría en peligro las frágiles democracias"de la región. "Les daría a los populistas la oportunidad de decir [tratemos de hacer algo diferente]", añadió.

Ciegos y sordos

Pero Washington está ciego y no tiene oídos para nuestra región. Cuando hablan del tema lo hacen basados en informes sesgados y llenos de imprecisiones que los llevan a proponer políticas erróneas.

En el caso de Nicaragua, no quieren entender que Daniel Ortega es el enemigo de la democracia nicaragüense al que están fortaleciendo, con el apoyo del gobierno de Bolaños y aliados como Eduardo Montealegre, que sólo persiguen la destrucción de Arnoldo Alemán y del PLC.

Parafraseando a Oppenheimer, es la hora de postergar las diferencias personales y las ambiciones mesiánicas. Es la hora de las cabezas frías y los corazones calientes.


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