Mientras la población duerme
Por Dr. Julio Ignacio Cardoze
El último arañazo de Daniel Ortega, como parte de sus preparativos para las próximas elecciones presidenciales, es de una trascendencia que está pasando inadvertida. El presidente del Consejo Supremo Electoral, supuestamente liberal, y colocado en esa posición por ser protegido del cardenal Obando, cambió tranquilamente de chaqueta, y se pasó con sus maritates al campo sandinista.
Mientras, el antisandinismo permanece descuidadamente adormecido por discordias de mecanismos precandidaturales; distraído entre acusaciones de corrupción y actos de fe anticorrupción; dividido entre buenos y malos; entre querubines y ángeles caídos; el sandinismo (a quien no le preocupan las escrupulosas menudencias que mantienen ocupados a sus opositores) se mueve velozmente en las sombras realizando una serie de actividades cuya trascendencia pasa desapercibida, preparando el escenario para la lucha por la presidencia de la república, la que esta vez tienen el propósito de no perder.
Mientras se discute si las elecciones se harán a tres o cuatro bandas, olvidamos, (entre otros), detalles importantísimos como: La posibilidad de una segunda vuelta; y que el sandinismo nunca jamás reconocerá una pérdida por un margen reducido y que para ganarle las próximas elecciones presidenciales, sus opositores tendrán que hacerlo con un margen amplio e indiscutible.
Como prevención de esa eventualidad, el sandinismo trabaja por el control de la autoridad que tendrá la palabra final sobre los resultados electorales, el Consejo Supremo Electoral, por supuesto que reforzado, si la circunstancia lo requiere, por sus turbas y organizaciones de masas, a las que han mantenido en "training" permanente como un ejército regular.
A estas alturas, es imperativo, que los aspirantes presidenciales no sandinistas, busquen con voluntad, un punto de convergencia, y en concierto con la sociedad civil y los organismos internacionales, hagan preventivamente, un pacto de civilidad y concordia democrática, comprometiéndose desde ahora, ellos mismos y obligando al sandinismo, a un proceso electoral apegado a la ley, el respeto al adversario, y unas reglas del juego transparentes, necesariamente, porque desde ahora ya se notan manipulaciones, mala fe, y deficiencias, en lo referente a manuales, regulaciones, y padrón electoral, que predicen fraude.
Es necesario, particularmente para la oposición al sandinismo, privilegiar el diálogo y la negociación política, como medio para entenderse, dirimir las diferencias, y como estrategia prioritaria para potenciar la derrota sandinista.
Es necesario, entre otras cosas para no poner más sal en las heridas, promover el respeto entre los diferentes partidos y candidatos que pudieran conformar una alianza democrática no sandinista, no sólo inicialmente, sino en una segunda vuelta, porque esta vez, ganar las elecciones, solamente representará la primera parte, la segunda, será derrotar las reformas constitucionales de Daniel Ortega.
Es tiempo de reforzar un punto débil en la cultura nicaragüense, nuestra pobre cultura político-democrática, por medio de la educación, orientación y el ejemplo. Hasta ahora, a la ciudadanía, solamente le llega el eco de los gritos, de acusaciones, y las expresiones de discordia entre rivales, y rivalidades. Es momento de darle vuelta a esa página, que solamente garantiza la pérdida del antisandinismo.
Se tiene que trabajar con visión de futuro. La unidad, concordia y la civilidad democrática, tiene que garantizarse desde ahora en el antisandinismo, pues será necesaria una alianza para oponérseles, no solamente en el proceso electoral que se avecina, sino que será necesaria inmediatamente después, en los primeros veinte días del gobierno que salga electo, para derrotar definitivamente los términos de la ley marco aprobada por Bolaños, que suspende en su aplicación hasta el 20 de enero del 2007, las arbitrarias reformas a la constitución hechas por el sandinismo y que cambiarán la naturaleza del gobierno de Nicaragua de no ser rechazadas. Las nuevas autoridades electas en el 2006, Presidente de la República y Asamblea Nacional, tendrán solamente, en ese cortísimo periodo de tiempo, la posibilidad de rechazar las reformas. Y si no son rechazadas, serán efectivas. Por lo tanto, para derrotarlas, se tendrá que trabajar en equipo, concertadamente, y en armonía del lado de las fuerzas de la democracia y antisandinistas.
Es, la realidad de Nicaragua, (generalmente triste), que demanda y exige, que el gobierno que surja de los próximos comicios trascienda el logro de los propósitos electorales, para satisfacer una situación que termine de una vez por todas, con tanta injusticia, iniquidad, perversidad, maldad, perfidia, oportunismo, desunión, y disociación, es decir, hacer una Nicaragua de todos y para todos.
En política no se cometen errores, se comete uno, y los demás son consecuencias. Es necesario hacer un esfuerzo de habilidad mental. Los políticos que evaden la realidad, no son buenos políticos. Hemos cometido excesiva evasión de la realidad que ha resultado costosa. Sufrimos la mala costumbre de entregamos a cruzadas imaginarias. A los dirigentes no se les juzga por sus declaraciones, frases bonitas, o sus promesas, sino que por lo que hicieron o no hicieron. Lo primordial en un estadista, no es su popularidad, ni su simpatía, ni su carisma, sino sus decisiones. La alternativa actual es, o transformar el desbarajuste absurdo en que vivimos, con acciones negociadas, decididas y coherentes, o retornar a la oscuridad. Con las divisiones y las discordias en el lado antisandinista, se contradicen las ofertas de liderazgo para mejorar la situación. Lo que se hila por un lado, se deshilacha por el otro.
Si no se corrige la situación, buscando un entendimiento entre las fuerzas democráticas, nada se podrá disfrutar en una sociedad desequilibrada y las angustias continuarán, y para corregirla, tenemos que establecer el equilibrio social, y cordura política. Con las contrariedades, estamos envenenando nosotros mismos, el ambiente que todos respiramos. Hagamos un esfuerzo de energía mental. Uno de nuestros grandes defectos es que somos egoístas, y reaccionamos ante los acontecimientos nacionales de acuerdo al interés personal. Generalmente, es inútil desgañitarse predicando lo que conviene al país, pues siempre habrá quién descubra, en las debilidades de la nación, una oportunidad de beneficio particular. Tenemos que reconciliar lo que parece irreconciliable, porque el futuro empieza (de nuevo) en este momento.
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