Año 6 No. 1623 Jueves 15 de Junio del 2006 Managua, Nicaragua



Pernicioso afán de notoriedad

Por Hamlett
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Es lamentable el papel del presidente Enrique Bolaños. Desolador panorama de quien se propuso ser “el mejor presidente de la historia” pues terminará con el 80% del rechazo de los ciudadanos, según las encuestas de opinión.

En un afán por mantenerse en los medios intentando no aparecer en las pantallas de televisión como lo que ya es, un presidente saliente, está cometiendo toda clase de torpezas e interferencias en temas y escenarios que no le competen.

Por un asunto de dignidad, Bolaños debería abstenerse de opinar o actuar en asuntos como la campaña electoral, por ejemplo. Seguramente el Dr. José Rizo o Enrique Quiñónez me dirían “mejor ni lo digás” porque no hay mejor favor que el mandatario pueda hacerle a los liberales que aparecer como propagandista de Eduardo Montealegre.

Decía que hace falta dignidad a las acciones de Bolaños porque él no necesita que el líder sandinista Daniel Ortega lo exponga y vulgaree como lo hizo el pasado martes en conferencia de prensa.

Luego de usarlo por más de cuatro años como una herramienta eficaz para desgastar a su archirival, el PLC, lo que nunca pudo hacer en las urnas ni en la Asamblea Nacional, y dividir a las fuerzas democráticas, Ortega lo desechó cuál si fuese un pañuelo descartable.

“El presidente nos descalifica en Miami… pero está llamándonos para pedirnos que le ayudemos con las reformas… ¿cuáles son? –dijo volteándose para consultar con el diputado Edwin Castro- si, las reformas al Código Tributario”.

Una vieja adicción

Y no es que sea nueva la actitud del presidente. Desde 2002 ha recurrido a Ortega para que le ayude a gobernar y éste “muchachito dundo” le ha cobrado caro los favores legislativos. ¡¿Qué les parece 200 millones de córdobas para los buseros de la Parrales Vallejos y afines, sólo en el 2006?!

O sea, es más fácil para Bolaños entregarle 200 millones de córdobas a Daniel Ortega para un “subsidio” que todos sabemos no existe, a cambio de 38 votos, antes que entenderse con los liberales.

El afán del mandatario es evitar caer en el ostracismo en que ya está. O sea ya es un ex presidente pero no quiere darse cuenta de ello.

La tercia con Montealegre

Desde hace un mes, Bolaños ha querido demostrar que aún tiene músculos políticos, a costa de Eduardo Montealegre, quien por alguna “razón” se ha dejado “encajar” –como dirían en mi pueblo- al mandatario.

En los círculos políticos, empresariales y gubernamentales conocen con lujo de detalles la rivalidad, con ribetes de odio, entre Montealegre y Pedro Solórzano. Y vean si no es así que Solórzano es el único de los funcionarios, convertidos por el dedazo de Bolaños en candidatos a diputados, que no ha aparecido ante las cámaras junto al candidato conservador.

Sabemos por ejemplo que Solórzano estimuló los conflictos institucionales entre Montealegre, siendo ministro de Hacienda, con la Cancillería y otras instancias del gabinete.

Cuando ya no lo soportó, Montealegre filtró a los medios los documentos de las carreteras Chinandega-Guasaule y Ticuantepe-Granada, causándole el más grande daño sufrido hasta hoy por la administración Bolaños.

La pregunta sigue siendo ¿a cambio de qué Montealegre aceptó a Solórzano y a diez funcionarios del gobierno pedidos por Bolaños? La única razón lógica que se me ocurre es que Montealegre cuenta con los recursos del Estado para su campaña electoral. Si no fuese así, dígame usted cuántos votos le suman Alejandro González, Néstor Delgadillo, Eduardo Cuadra o Azucena Castillo.

Y para “exhibir” más a Montealegre, Bolaños llamó a rebato a sus funcionarios y les ordenó que no acataran el ultimátum de renuncia hecho por Montealegre y respaldado por su vice, Fabricio Cajina.

Y en eso estamos ahora, viendo cómo el presidente le dice a este país que Montealegre es una especie de monigote, que él aún manda en su administración y que nadie se moverá hasta que él lo diga, en fin, diciendo a la nación que el candidato conservador no tiene la capacidad para doblegarlo.

El epílogo de este episodio ya está escrito. Montealegre ya dobló su rey y a través de sus voceros ha dicho que los funcionarios pueden renunciar cuando ellos dijeron, el 18 de agosto próximo.

Y ahora, la campaña

No contento con haber demostrado su “fortaleza” en el cuartel general de Montealegre, ahora está en campaña a favor de éste.

Y no puede ser de otra manera porque Montealegre representa el continuismo, como algunos dicen: el clón de Bolaños, Nueva Era IIa. parte o Adolfo Díaz IV. Los calificativos se los dejamos a sus adversarios pero es evidente que el candidato conservador está andando por la misma senda del gobernante.

Los estrategas de campaña de Rizo y Ortega están contentos por el apoyo de Bolaños a Montealegre y seguramente lo estarán esperando al final del camino, porque como ya lo advirtió el candidato rojinegro, el mandatario ya debería estar en manos de la Fiscal Electoral Blanca Salgado.


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