Año 6 No. 1598 Jueves 11 de Mayo del 2006 Managua, Nicaragua



Elecciones a multibandas

Por Hamlett
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Anoten un punto al Departamento de Estado y su Embajada en Managua. Pese a todos los argumentos, los estadounidenses fueron el gran obstáculo para la unidad de las fuerzas democráticas cuyo voto, el día de hoy, luce dividido.

El juego de las probabilidades va ganando. El de quienes confían en las matemáticas más que en la historia y la madurez de los ciudadanos. La película actual no es nueva ni diferente.

Las fuerzas democráticas del país y el Frente Sandinista mismo han batallado en los últimos 26 años con una oligarquía parásita que ha usado el candor de su seducción para hacerse de amplias cuotas de poder en todos los regímenes en que hemos vivimos durante el último cuarto de siglo.

Los guerrilleros sandinistas creyeron que podían diluir los apetitos de esa clase, que penetró en los principales cargos de la revolución, el ejército popular, la policía y las posiciones del Ejecutivo.

Muchos de ellos cambiaron y se "proletarizaron" hasta hoy, otros vivieron cómodamente -en los años 80- y cuando la revolución se acabó volvieron a sus familias para acomodarse a la "democracia".

Dos casos palpables

Dos ejemplos: Alfredo César apareció con un pañuelo rojinegro en 1979 y de inmediato fue nombrado el secretario de la Dirección Nacional y luego presidente del Banco Central. O sea que César comenzó la debacle económica de los 80 hasta que se retiró "desencantado" porque los "muchachos" eran "comunistas".

Reapareció en la Contra cuando la CIA y la administración Reagan aprobaron cientos de millones de dólares para armar a los freedom fighters con el "raro" proyecto del BOS en el que andaban varios de sus parientes. Negoció en 1980 el acuerdo de transición que dejó intacto al FSLN y consagró la Piñata con todas sus consecuencias. Fue una de las piezas más escandalosas del gobierno de la presidenta Violeta Chamorro aprovechando sus vínculos familiares y tras aprovechar al máximo la oportunidad desapareció en medio de escándalos financieros y políticos.

Regresó de la mano como "asesor" del vicepresidente Alfredo Gómez y hoy es uno de los principales asesores de Eduardo Montealegre.

Joaquín Cuadra Lacayo propinó una estocada en el pecho a su propia clase social como una especie de boleto de entrada al FSLN. Se incorporó a la lucha revolucionaria con otros jóvenes provenientes de los estratos más adinerados del país y en 1979 fue adoptado por el general Humberto Ortega Saavedra como su principal ejecutivo.

El campeón de todos

Su ascenso en las filas del ejército fue meteórica. Si Humberto daba un paso, él iba medio paso atrás halado por el otrora poderoso comandante de la revolución. La caída de Ortega lo subió a la jefatura del Ejército de Nicaragua desde donde comenzó a hilvanar su propio proyecto político.

Dio las espaldas al FSLN, creyendo que estaba acabado, y al entregar la conducción castrense ya tenía en su portafolio al Movimiento de Unidad Nacional, MUN. Invirtió una millonaria suma de dinero y fracasó estrepitosamente en las elecciones del 2001.

Sus últimas apariciones políticas las hizo no hace mucho apoyando al presidente Enrique Bolaños, aliándose al APRE y sumándose al proyecto de Eduardo Montealegre.

¿Es que la clase alta no puede participar en política? ¡Claro que si! Ese no es el punto. Me refiero a cierto grupo parasitario que anida en los partidos y movimientos democráticos y que les saca lo mejor para si.

Más que un rostro o un estereotipo hablamos del "cáncer" de la democracia: los sujetos que creen estar destinados por los cielos para "salvar" a los demás, que no admiten menos que la nominación presidencial, que pisotean a los demás por no tener equis o ye apellido, que rechazan la historia, la experiencia y los liderazgos porque son ellos y nadie más.

La realidad

De esto hemos tenido mucho en las últimas décadas. Pero también vemos una constancia en la voluntad popular que pesa más que los colosales "meteoros políticos" que nos deslumbran cada cinco años con sus colores y estelas.

1) Por más de cien años la batalla ha sido entre liberales y conservadores; 2) Desde 1979 es entre liberales y sandinistas, 3) Hoy dicen que es entre sandinismo y antisandinismo, 4) Las terceras vías nunca han funcionado y 5) El pueblo no ha dejado de saber escoger cada vez que le han dado la oportunidad, una boleta, un lápiz, un recinto secreto en donde sólo con su conciencia ha decidido su futuro.

Las elecciones de la Costa Atlántica nos dieron la última lección aunque -¡otra vez!- los mesiánicos no quieren aceptarlas. Sus mismas encuestas les están diciendo que hay dos partidos fuertes, pero en sus playstations creen que pueden lograr un pastel a cuatro o cinco bandas.

Y así como creemos que se equivocan aquellos que menosprecian el pasado y lo desechan, los demócratas, y sobre todo los liberales, deben estar alerta.

A trabajar se ha dicho

La campaña contra las instituciones partidarias tradicionales y las del Estado ha sido despiadada, como nunca antes. El cañoneo contra los líderes es comparable con el asalto a Berlín que puso fin a la segunda guerra mundial.

Hay mucho trabajo qué hacer para recuperar la confianza del pueblo, sobre todo porque el trabajo de zapa de la oligarquía perniciosa ha dejado algún resultado.

Si se quiere ganar hay que trabajar y muy duro.


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