El continuismo de Bolaños
Por Hamlett
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Uno de los temas más debatidos en los círculos económicos y políticos del país es si Eduardo Montealegre representa el continuismo de la Nueva Era de Enrique Bolaños. ¿Qué significaría un triunfo de Montealegre en el próximo quinquenio?
Primero hay que definir qué cosa es la Nueva Era. Lo razonable es analizar sus resultados más notables luego de cuatro años y medio de gobierno. Desde el punto de vista ideológico o filosófico, la Nueva Era no representa nada.
La Nueva Era fue concebida por Bolaños y sus asesores, entre ellos el Departamento de Estado y el grupo de ministros que aún lo acompañan. No es una propuesta nueva acerca de cómo concebir la democracia y el rumbo del país por tanto no tiene un sustento de principios ni valores ideológicos. Es una mezcla de las tendencias fijadas por la administración de George W. Bush del que asumieron temas como la lucha anticorrupción y el pensamiento de los neocons contra los nuevos desafíos del mundo occidental léase Estados Unidos- como el terrorismo, el narcotráfico y el fundamentalismo, o la modernización de las instituciones civiles y el Estado.
No es un proyecto liberal pero sí tiene mucho de conservador, desde el punto de vista doctrinario. ¿Qué resultados nos dejó la Nueva Era? En primer lugar, un país en donde las diferencias sociales están hoy mucho más marcadas que antes. La riqueza de la nación está concentrada en el 10% de sus ciudadanos mientras la pauperización creció de manera alarmante.
Banqueros en el poder
Segundo, arrasó con una buena parte de la clase media objetivo clásico del liberalismo- incorporando a muchos profesionales a la clase obrera o bien al creciente comercio informal. Tercero, y reflejo nítido del aumento de la pobreza, multiplicó la emigración económica a Costa Rica y Estados Unidos, “abriendo” adicionalmente Honduras y El Salvador como los nuevos destinos de la clase obrera agrícola.
Cuarto, hizo del sector financiero su principal eje desplazando a industriales y productores agropecuarios como los motores de una economía que necesita generar empleo productivo, que después de todo, es lo único que puede combatir la pobreza.
Quinto, congeló los reclamos sociales y la precaria -aunque efectiva- política de compensación a los sindicatos más numerosos del país, por ejemplo maestros, trabajadores de la salud, o sectores como la comunidad universitaria con quienes el Estado había logrado un acuerdo periódico de indexación salarial o inclusión presupuestaria.
En el terreno político la Nueva Era fue desafortunada. Al aliarse con el FSLN para acabar con el PLC trastocó el delicado equilibrio de los poderes en donde los partidos se expresan, negocian y llegan a acuerdos, como la Asamblea Nacional y el Consejo Supremo Electoral. Uno de los efectos más perniciosos de esa alianza fue la politización de los tribunales de justicia y la división de las clases sociales entre los que le apoyaban a Bolaños y los que no.
El continuismo
Tras este somero y rápido análisis entrémosle a la pregunta de porqué hay un temor de que Montealegre sea el continuismo de Bolaños. En primer lugar, la inexperiencia política del candidato conservador ya nos dio la primera señal de alerta de lo que sería su gobierno. A finales del año pasado, Montealegre se alió al Frente Sandinista para no incluir en la ley marco un artículo que habría evitado las inhibiciones de Herty Lewites y él mismo. Luego, Montealegre pactó con Ortega las elecciones de la junta directiva de la Asamblea Nacional pero lo hizo tan mal que quedó fuera de todo cargo.
Creó con los sandinistas el pacto de Karawala, días antes de las elecciones regionales de la Costa, para quitarle varios concejales al PLC y que así no hiciera gobierno en ninguna de las regiones. No pudieron en el sur, pero fueron efectivos en el norte. Hace dos semanas la bancadita de Montealegre votó con la del FSLN en la elección de cargos en los concejos regionales. Entonces, no hay por dónde, si por la víspera se saca el día allí tenemos la confirmación de que Montealegre será el segundo tomo de la Nueva Era.
El candidato verde está sostenido por un grupo de banqueros y él mismo lo es. Lo que hasta ahora ha dicho es que mantendrá el compromiso de pagar la onerosa deuda interna creada por los CENI´s y que continuará con el programa de estabilidad macroeconómica a costa de las reivindicaciones sociales, la clase media y los gremios agropecuarios. Ademá, está atrapado por el pensamiento conservador de Mario Sebastián Rapacciolli y la rapacidad de algunos empresarios e “inversionistas” que pertenecen a su familia y gravitan alrededor de ella para hacerse de comisiones jugosas y traficar con la influencia que da la sombra del poder.
Necesitamos un cambio
Jugando a las estadísticas y probabilidades, Montealegre con el apoyo de la embajada de Estados Unidos está empujando a una contienda de cuatro bandas con la esperanza de una segunda vuelta en la que a lo mejor él se saca la lotería electoral.
Es la misma táctica de Bolaños que creando una bancadita de 9 miembros creyó que podría obtener una bisagra lo suficientemente fuerte como para incidir en las grandes decisiones legislativas. Todos sabemos que eso fue un fracaso como el intento de hacer su propio partido, el APRE.
Nada nuevo ni diferente en la propuesta de Montealegre que sólo nos ofrece ser la continuidad de un período de fracasos e inestabilidad nacional.
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