Año 6 No. 1606 Martes 23 de Mayo del 2006 Managua, Nicaragua



Cuestión de confianza

Por Armando J. Mena Cuadra (*)

Como cada cinco años, según lo mandan los cánones constitucionales, el pueblo nicaragüense acude a las urnas para elegir, en este caso, a sus legítimos representantes a la más alta magistratura de la nación, a los que conocen y resuelven sus problemas cotidianos, en una auténtica fiesta democrática.

En esta elección, como en todas, hay un elemento de confianza o mejor dicho se traduce en una cuestión de confianza, en un renovar o retirar en su caso la confianza o la credibilidad depositada en quienes le representarán tanto en la presidencia de la república como en el Parlamento de la nación.

Es claro que es el pueblo votante, el que deposita la confianza en otros que le representan, en otros que manejan sus intereses nacionales, sus intereses políticos más cercanos.

La confianza como tal se renueva y se vuelve a depositar cuando los depositarios de la misma han cumplido a cabalidad con las tareas encomendadas a lo largo de los cinco años que ha durado su mandato, a lo largo del periodo que la Constitución fija para el ejercicio del mandato Presidencial y parlamentario.

Es aquí cuando entra en juego la política, como el arte de gobernar, como el arte de bien llevar la cosa pública, la antigua “res pública” de los romanos, y es cuándo la política se vuelve realidad que permite la escogencia a favor de quien mejor lo haga, de quién en definitiva se preocupe más y mejor de los intereses nacionales.

Este proceso, permite que la democracia como forma de entendimiento se haga presente en nuestro diario vivir, es uno de sus elementos principales y necesarios para desarrollar el bienestar de los pueblos y ciudades donde vivimos.

Pero para que la política se transforme en actos concretos de gobierno, se necesita de una institución sólida que lidere los intereses populares, esta institución se encarna en los partidos políticos, en las agrupaciones que generan la confianza o desconfianza de los votantes.

En nuestro país como en todos los de nuestro entorno, tenemos varias alternativas políticas para escoger, en este caso hasta cuatro, para depositar la confianza renovándola o cuestionándola, y nuestros ciudadanos saben escoger, saber elegir entre los posibles representantes que le han de cuidar sus patrimonios públicos como si de los propios se tratara.

Aquí sabemos por experiencia quienes han arrebatado y dilapidado desde la representación política que se les encomendó un pueblo, los patrimonios no sólo públicos sino también los privados en una larga noche de tortura y desesperación que duró diez años, por lo que debemos rechazar nuevamente su oferta de confianza, pues bien sabido y conocido es que no la merecieron en su momento, menos pueden merecerla ahora, depositar la confianza en ellos, sería una cuestión que nuestro pueblo no se puede permitir y que nuestros ciudadanos van a demostrar, el voto a la cuatro letras sería el voto al pasado, el retroceso a instituciones cavernarias y la dilapidación, así que quienes se presentan por esa opción, bajo esa bandera, no merecen nuestra confianza, pues ya los conocemos de sobra.

Por el contrario, votar por la modernidad, por el avance en todos los campos, por el desarrollo de nuestros pueblos, por la transparencia en la cosa pública, por el bienestar ciudadano, sólo lo podemos encontrar en quien así lo ha demostrado a lo largo de estos últimos cinco años, el Partido de la permanente renovación y la democracia, de la transformación y del futuro, el Partido que sabe combinar dosis de equilibrio y prudencia, de honestidad y tranquilidad, lo que sólo lo podemos encontrar con toda seguridad en el Partido de las mayorías, el partido que ha gobernado Nicaragua, transformándola en una nación moderna y desarrollada que es ahora, el que ha lanzado indudablemente a mejores cotas de prosperidad, el que ha hecho de todos los rincones del país sitios seguros y tranquilos, el que ha consolidado el progreso en todos los sectores de la vida nacional, este partido es como lo confirmaremos el próximo 5 de noviembre el Partido Liberal Constitucionalista y su Alianza partidaria.

Es a este PLC, al que los nicaragüenses renovaremos nuestra confianza, al que confiaremos nuevamente los destinos de nuestros pueblos y ciudades, ya que han demostrado su capacidad de gobernar y representar digna y honestamente a todos los que somos habitantes de nuestras ahora modernas y transparentes ciudades, a las que les hemos cambiado el paso lánguido en el que las sumieron los sandinistas, para transformarlas en ciudades llenas de vida y dinámicas.

Así pues que nuestra escogencia es fácil, pues mirar hacia atrás, no es bueno ni para impulsarnos, mirar hacía quienes llegan ahora a la escena política después de haber desertado del PLC y queriendo confundir al votante al llamarse liberales, es cuando menos arriesgado, y votar por ese otro árbol desgajado del sandinismo sería más de lo mismo con otro nombre, por lo que sólo podemos mirar al futuro y ese futuro sólo lo representa quién ha demostrado capacidad para el manejo de la cosa pública, el único que pese a las encuestas y a otros agoreros de la política, saldrá nuevamente vencedor, el Partido que ya han escogido la gran mayoría de los nicaragüenses, el Partido Liberal Constitucionalista y su alianza patriótica y democrática.

(*) Abogado nicaragüense residente en España


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