Año 6 No. 1608 Jueves 25 de Mayo del 2006 Managua, Nicaragua



¡Que vengan los marines!

Por Hamlett
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Hace 79 años -15 de febrero de 1927- el ex presidente Adolfo Díaz Recinos pidió la intervención de los marines norteamericanos porque éramos una nación ingobernable y llena de malos hijos.

"Creo que si nosotros tuviéramos una vida ordenada y tranquila, los Estados Unidos, para su vigilancia eficaz, no necesitaría intervenir en los asuntos de nuestras interioridades", expresó Díaz ante el Congreso Nacional en uno de los discursos más serviles que recuerda la historia.

Si usted creía que esos tiempos habían pasado y que en pleno inicio del XXI el entreguismo es un fantasma histórico, pues, le tenemos malas noticias. El ex canciller y destacado pensador Emilio Álvarez Montalván ha dicho que la investigación de los CENIs no puede ser conducida por las instituciones nacionales porque no son confiables.

"La comunidad donante tiene la autoridad moral y material para solicitar del Gobierno una investigación exhaustiva de todas las circunstancias que rodearon la emisión y negociación de los Cenis", dijo Álvarez a los medios nacionales. Todos sabemos que en estos tiempos la "comunidad internacional" en ocasiones es sinónimo de intervencionismo.

En el caso del escándalo de los certificados el objetivo de Álvarez es descalificar a las instituciones nacionales, acusándolas, como hace casi ochenta años, de ser incapaces y estar partidizadas. "Es importante que esta investigación sea efectuada por la misma comunidad donante a través de una petición de asistencia técnica por parte del Gobierno, para sustraer el tema de toda politización… es una oportunidad de Nicaragua para contar con un documento exhaustivo, imparcial y libre de toda contaminación partidista", concluyó Álvarez.

¿Qué justificaría la intervención de la comunidad internacional en el tema de los Cenis? ¿O es que se tomó dinero de los donantes para pagar a los banqueros los intereses del escandaloso compromiso?

Una justa reacción

La reacción de Francisco Xavier Chamorro, editorialista de El Nuevo Diario, quien salió en defensa de los reportajes sobre el tema, no puede ser más justa. "Lo despreciable -aseguró ayer en una nota editorial- es, que otro medio de comunicación, me refiero al Editorial de La Prensa del día 23 de los corrientes, ponga en duda la investigación que realizó la periodista de El Nuevo Diario, Eloísa Ibarra, e insinúe que hemos sido usados o, peor aún, que lo hemos hecho de mala fe para, quien sabe con qué fines macabros, perjudicar a su candidato presidencial". Muy bien por Chico Chamorro que se atrevió a desnudar los planes de su vecino y competidor.

“También indigna que La Prensa, incapaz de realizar una investigación a profundidad sobre el tema, ya que los intereses periodísticos de ese medio son incompatibles con los intereses bancarios de sus dueños, venga sumándose a esas voces que afirman que nuestra investigación se ha realizado con fines políticos”, agrega.

Pero el malestar del editorialista no termina ahí: "En su interesada descalificación, La Prensa asegura que nadie puede realizar una investigación verdadera e integral, y sólo aducen que no hay ninguna institución lo verdaderamente independiente para hacerla. Nos imaginamos que se incluyen entre los incapaces de practicar una tarea profesional en ese sentido, por el conflicto de intereses que dejamos señalado. Es más, desde ya condenan los resultados de cualquier investigación, independiente o no, porque como lo afirman en el mencionado Editorial, estos resultados sólo serían aceptados si no sale involucrado su candidato preferido".

Díaz y los banqueros

No es la primera vez que el país se estremece cuando los banqueros han querido aprovecharse de los nicaragüenses. El 8 de febrero de 1913, el canciller Diego Manuel Chamorro firmó con el ministro de Estados Unidos George T. Weitzel un tratado para la posible construcción del canal interoceánico. Mediante ese acuerdo -Tratado Chamorro-Weitzel- Díaz comprometió por 99 años la soberanía nacional y entregó las islas caribeñas del Maíz y el Golfo de Fonseca. Pero, los banqueros no quedaron satisfechos con la letra muerta del acuerdo y exigieron garantías extraordinarias. Entonces enviaron a Díaz y Chamorro una nueva propuesta que Adolfo Díaz sometió a la cámara de congresistas.

Leamos y suframos la pretensión de marras: "Art. I: Para poner a los Estados Unidos en condiciones de mantener la independencia de Nicaragua y proteger al pueblo de dicha República, así como para su propia defensa, el Gobierno de Nicaragua concede a perpetuidad al Gobierno de Estados Unidos, los derechos exclusivos, saneados, necesarios y convenientes, para la construcción, servicio, saneamiento de un canal interoceánico por la vía del Río San Juan y del Gran Lago de Nicaragua o por otra ruta cualquiera en territorio nicaragüense..."

Art. VI "El Gobierno de Nicaragua consiente que los Estados Unidos de América puedan ejercer el derecho de intervenir para la preservación de la independencia de Nicaragua y el sostenimiento de un Gobierno adecuado a la protección de la vida, la propiedad y la libertad individual, y para hacer cumplir cualquier obligación que asuma o contraiga de acuerdo a lo estipulado en el Art. II".

¡Que vergüenza!

Adolfo Díaz y el Congreso nicaragüense aprobaron las ofensivas modificaciones al tratado, pero y esto es lo increíble, el Senado de los Estados Unidos lo rechazó por considerarlo "indecoroso para ambos países y lesivo para los intereses de Nicaragua".

Eran tiempos de vergüenza nacional. El colmo es que un senador norteamericano tuvo que decir lo que correspondía a los nicaragüenses, el senador de Kansas, Joseph L. Bristow expresó: "Los nicaragüenses vienen a Washington a pedir que les pongamos cadenas y nosotros estamos afanados en salvarlos de nosotros mismos".


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