Año 6 No. 1610Lunes 29 de Mayo del 2006 Managua, Nicaragua



A propósito de los testigos de estado en los Estados Unidos

Por Guillermo E. Miranda

Alberto Novoa.
Las recientes declaraciones del Procurador Alberto Novoa sobre un famoso testigo que supuestamente hundiría al doctor Arnoldo Alemán y su familia, han sido magnificadas por la prensa amarillista enemiga jurada del liberalismo.

Pareciera que mañana vendrán a traer al doctor Alemán para llevárselo a los Estados Unidos. Para quienes conocemos el sistema de justicia norteamericano sabemos que la figura de testigo de estado o testigo protegido, en muchas ocasiones, es usada con fines eminentemente políticos. Cuando esto ocurre se degrada el sistema jurídico norteamericano y se violan flagrantemente los derechos humanos de la persona que utilizan de testigo y por supuesto los de la persona que quieren perjudicar ya que la dejan en total indefensión.

Para explicar lo anterior de una manera más simple, podemos decir que casi siempre la persona que usan como supuesto testigo de cargo es una persona que tiene cuentas pendientes con la justicia norteamericana o que está presa con condenas en su mayoría entre cadena perpetua o con más de veinte, treinta o más años de prisión. Este supuesto testigo, tiene dos opciones. La primera es continuar cumpliendo su condena de muchos años y sin mayores esperanzas de salir con vida de prisión. La segunda es implicar incriminando en delitos a la persona que el gobierno quiere condenar. En estos casos, el testigo comienza a declarar cualquier cosa que le pongan a decir, ya que sabe de antemano que una vez terminado el teatro montado alrededor del juicio en cuestión, lo espera la libertad y en la mayoría de los casos una cuantiosa cantidad de dinero para iniciar una nueva vida. Para aquellos que les resulta difícil de creer lo que les estoy diciendo. Les voy a poner un ejemplo que todos recordarán, se acuerdan de un personaje del narcotráfico colombiano de nombre Carlos Leather, este sujeto era uno de los principales enemigos de la justicia y pueblo colombiano, se le acusaba de haber introducido varios cientos de toneladas de cocaína en los Estados Unidos y de tener todo un cementerio, a causa de los asesinatos en serie.

Pues resulta que este personaje fue extraditado de Colombia hacia los Estados Unidos, país que le condenó a varias cadenas perpetúas y se le confino a una de las prisiones de máxima seguridad. Cuando los norteamericanos comenzaron a tener problemas con Manuel Antonio Noriega en Panamá lo acusaron de todos los delitos habidos y por haber. El resultado fue la invasión a la República de Panamá, se llevaron a Noriega a los Estados Unidos y le iniciaron un juicio.

Cuando las cosas se le pusieron difíciles al fiscal, ya que no podía terminar de probar los cargos, sacaron de la manga a nada más y nada menos que a Carlos Leather, éste sujeto, hijo de padres alemanes comenzó a acusar a Noriega de todos los delitos posibles, incriminándose el mismo en los delitos en cuestión. El resultado de ese sainete de juicio fue el siguiente, Noriega fue condenado a una cantidad de años de prisión, la invasión a la República de Panamá quedó justificada al igual que todos los muertos, por supuesto. Pero lo más importante del caso es que el narcotraficante colombiano alcanzó la libertad y se asegura que en la actualidad vive en Alemania libre como si nunca hubiera cometido una fechoría.

Yo pregunto ¿podemos creer en esa justicia, quien con esas calidades morales y con esa situación no dice cualquier barbaridad con tal de salvar el pellejo? Por favor que el odio enfermizo que sienten algunos contra el doctor Alemán y su familia, no nos ciegue. Arnoldo Alemán jamás ha tenido la oportunidad de un juicio justo en Nicaragua y nunca lo tendrá. Ni en Panamá y mucho menos en Estados Unidos, si todavía lo siguen dudando busquen y analicen las declaraciones del embajador Trivelli y se convencerán.


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