Las aguas agitadas de Ortega
Por Fidelina Suárez Moreno*
No se en realidad quien inventó que a un presidente hay que evaluarle los primeros 100 días. Daniel Ortega, presidente de Nicaragua, cumple el martes, tres meses de gobierno y no creo que en 10 días, haga algo que cambie el panorama que los nicaragüenses hemos empezado a tejer en base a sus actuaciones.
Vamos a revisar los primeros 90 días de Ortega bajo la premisa que su segundo mandato ha sorprendido, no porque haya caído en los vicios del pasado y siga el estilo vertical que caracterizó la década de los 80, sino porque parece empeñado en revolver constantemente las aguas no se sabe a ciencia cierta con que intenciones.
Algunos apuntan que Ortega no ha olvidado el “diversionismo” del que tanto acusó a sus opositores y quiere estar siempre inmerso en algún conflicto para desviar la atención hacia los principales problemas del país, que siguen sin el menor indicio de ser resueltos.
Ortega despuntó con aquella toma de posesión donde la alfombra roja se desplegó exclusivamente para su círculo de amigos, encabezados por el presidente de Venezuela, Hugo Chávez. En una enredada ceremonia, se repartieron medallas, se juramentó a un gabinete sin conocer sus nombres y el dignatario entrante dejó al país en ascuas o al menos así lo creímos.
La falta de aquel mensaje presidencial que inauguraba su gobierno, pareció ser el primer aviso de lo que esperaba al país. Después de 90 días, el pequeño, mediano y gran empresario sigue sin saber que rumbo tomará la economía de este país y el ciudadano común y corriente al que el presidente llenó de promesas, sólo siente que el dinero falta en su bolsillo porque el combustible amaneció más caro o el cilindro de gas cuesta casi 200 córdobas.
Pero volvamos a los enredos de Ortega. Después de Chávez, recibió al enemigo número uno de Estados Unidos, el presidente iraní Mahmud Ahmadineyad con quien firmó un acuerdo de buenas intenciones. La inquietud comenzó a revolotear en muchos corazones pero bueno, la mayoría repitió “hay que darle el beneficio de la duda”.
Pero desde entonces, la polémica persigue a la pareja presidencial, porque hay que aclarar que ahora Ortega, gobierna acompañado de una mujer que tomó las riendas de un poderoso consejo de comunicación y ciudadanía y es a la vez la primera dama de Nicaragua.
Vino después la interminable discusión por los llamados consejos, que si eran o no legales o si se parecían a los tristemente recordados CDS. Los consejos finalmente se impusieron mientras se comenzó a olvidar la promesa del ministerio “Hambre Cero”, del que por cierto nadie habla ni pide cuentas.
Ortega ha ido tanteando el terreno que pisa y por allí lanza una “bola ensalivada” para ver que reacciones provoca aunque por debajo, el decreto para tomar determinada medida ya esté listo o publicado en La Gaceta.
Las aguas agitadas de Ortega, han alcanzado hasta sus vecinos y por allí ha salido mencionado Mel Zelaya, el presidente de Honduras, país al que señaló de tener aviones de combate F-5 al tiempo que defendía la preservación de los misiles Sam 7, tema con el que se ha confrontado con Estados Unidos, que aboga por su destrucción total.
Al presidente de Costa Rica, Oscar Arias, lo descalificó como Premio Nóbel de la Paz y dijo hablando a nombre de los centroamericanos, que quien se lo merecía era el fallecido presidente de El Salvador, José Napoleón Duarte.
Con el presidente de Brasil, Luiz Inácio Da Silva, está como aquellos enamorados que un día dice sí y al otro no. Primero anunció una avanzada de su gabinete hacia ese país para tratar el asunto de la producción de etanol y que en pocos días se concretaría por fin su viaje.
Luego, inexplicablemente el avión que le enviaría su amigo Chávez se descompuso y Ortega se quedó en Nicaragua, no sin antes escuchar el discurso del presidente venezolano, despotricando contra la producción de etanol.
Bush no se salvó del “etanolazo” ya que Ortega lo criticó por fantasear con su producción y querer eliminar el monopolio del petróleo en el mundo.
Después de sumarse a la retórica de Chávez contra el etanol y la supuesta intención de instaurar el monocultivo para dejar sin comida y tierras a miles de pobres en el mundo, Ortega, declaró que Colombia no debería participar en la próxima cumbre del Plan Puebla- Panamá a la que por cierto no asistirá sino que ha delegado a su vicepresidente, Jaime Morales Carazo.
Eso significa que el presidente de México, Felipe Calderón, a quien en la toma de posesión de Ortega, lo dejaron sin medalla en una primera ronda de entregas, tampoco podrá estrechar esta vez la mano del presidente de Nicaragua, quien por cierto también ha criticado este programa.
El presidente de Nicaragua, se ha ido todavía más lejos. Un día de éstos, se le ocurrió que debíamos andar a pie y puso como ejemplo de locura a China, por dejar circular millones de vehículos en su territorio.
Y con los conflictos domésticos hemos “cruzado continente” ya que la amenaza de intervención a Unión Fenosa, llevó a su principal asesor a España.
Bate que bate como dice una canción, Ortega parece empeñado en mantener la controversia mientras 5.6 millones de nicaragüenses, esperan por sus promesas, ya no digamos el 38% que votó por él convencidos de que el “amanecer dejó de ser una tentación” y de que “venían los ríos de leche y miel”.
Una sociedad más pragmática que la de los 80 seguramente demandará a Ortega tome el timón del barco y lo conduzca a puerto seguro porque ya Nicaragua no está para más experimentos.
¿Quién liderará a la oposición para frenar a Ortega? Busquemos entre todos la respuesta y no nos sigamos culpando por el pasado.
*Periodista
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