Año 8 No. 1812 Lunes 09 de Abril del 2007 Managua, Nicaragua



Se termina la luna de miel

Por Hamlett
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Me refiero a los “míticos” 100 días que los periodistas, sobre todo, suelen darle a un gobierno para que se asiente, tome las riendas del poder y despegue. Luego de ese periodo, también conocido como la “luna de miel” entre los nuevos gobernantes y la sociedad, vienen los reclamos.

Al día de hoy Ortega casi tendrá 90 días y dentro de once habrá arribado al centenar. Antes de las vacaciones comenzamos las reflexiones sobre el tema y ojalá, Ortega y el Consejo de Comunicación que dirige su esposa Rosario, sepan leer y asimilar todo lo que se estará diciendo o escribiendo alrededor de esos cien días. Hasta ahora, el nuevo gobierno ha sido poco receptivo a las críticas y más bien parece que no quiere saber nada de lo que piensa la sociedad.

Esta vez voy a referirme a las relaciones del régimen sandinista con Estados Unidos porque durante la semana santa escuché a gente bien informada decir que el Departamento de Estado ha comenzado a endurecer sus posiciones hacia Ortega. Y estas no son buenas noticias para el gobierno ni para el resto de la ciudadanía. Lo menos que necesitamos ahora es un pleito con la gente de Bush, quienes han manejado con mucha madurez y tolerancia los primeros pasos de Daniel al frente del poder. Es más, creo que la administración Bush ha sido la más paciente y “comprensiva”, si la comparamos con los críticos nacionales.

Hasta ahora no han censurado sus excesos –protocolarios y políticos- como cuando convirtió su toma de posesión en un evento para el presidente venezolano Hugo Chávez, sin mencionar lo ocurrido en la plaza la noche del diez de enero.

El Departamento de Estado guardó silencio cuando el presidente de Irán, Ahmedinajad, pasó un par de días en Managua anunciando una alianza estratégica con los sandinistas y firmando un acuerdo de intenciones recientemente ratificado por la Asamblea Nacional.

No ha dicho una sola palabra a las constantes críticas de Daniel contra el presidente Bush por su política en Irak y su reciente gira por América latina, en la que tendió una mano a Ortega para ayudarnos a producir etanol, una forma de biocombustibles que está de moda, pero que no sustituirá jamás los niveles de producción de petróleo.

Señales de ambos lados

Poco antes de la gira por nuestro patio, el Subsecretario de Estado Thomas Shannon trazó una raya entre Chávez y sus aliados, encerrando en ese grupo a Ecuador, Bolivia y Cuba, dejando por fuera, por escasos “milímetros” si usted quiere, al líder sandinista.

Si Estados Unidos está tramando algo contra Daniel no hay cómo demostrarlo porque hasta hoy no han dado una sola significativa señal de hostilidad, y no olvidemos que jamás, en la historia, los norteamericanos han sido sutiles o “delicados” en sus relaciones con Nicaragua.

Por supuesto, hay que darle crédito a la diplomacia sandinista porque en casi cien días han sabido “manejarse” con el Departamento de Estado. La designación de Arturo Cruz fue un acierto que dejó a muchas bocas muy abiertas. No optaron por un militante sandinista, como el canciller Samuel Santos que fue considerado como un candidato idóneo.

No, optaron por un crítico del sandinismo que los combatió en los años 80, un intelectual amigo del presidente salvadoreño Tony Saca, que añora la vuelta de la historia para recrear en la modernidad los “30 años conservadores” del siglo XIX, respetado en los corrillos de la política norteamericana.

Obtuvo el plácet en manos de los 22 días del trámite “normal” y fue recibido en la Casa Blanca por el presidente George W. Bush mucho antes que otros embajadores del campo democrático.

¿Cuánto durará?

No ha pasado una sola quincena de los primeros 90 días de gobierno que Ortega no haya recibido a un alto funcionario de esa administración. Y por lo visto en las imágenes de la visita de Leavitt, el Secretario de Salud, todos quieren tomarse una foto junto al dirigente rojinegro.

Y como estas, hay otros signos tanto o más significativos que evidencian la intención del mandatario de cultivar relaciones con Estados Unidos provechosas para ambos mientras sigue al pie de la letra las políticas de Chávez, consolida una relación con Fidel Castro y hace causa común en los foros internacionales con Ahmedinajad.

¿Cuánto podrá aguantar así esta relación? Es lo que más nos preocupa aunque debemos aceptar que Ortega es el jefe de la diplomacia, según la Constitución, y salvo opiniones contrarias –opiniones después de todo- a él le corresponde tejer las relaciones con el resto del mundo.

¿Habrá cambiado?

Hay un antiguo dicho que repetía mi abuela, “tanto va el cántaro al agua que al fin se rompe” y es lo que más debemos temer, que tanta palabrería termine por romper estas delicadas relaciones y terminemos ganando, de nuevo, a un poderoso adversario.

Ojalá que Ortega escuche los consejos o críticas que hoy se hacen al rumbo de su administración pero sabemos que sólo hará lo que crea o le digan sus más cercanos. A estas alturas ya comprobamos que no ha cambiado totalmente y posiblemente no cambiará más.


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