Poder Ejecutivo
--- Política y Políticos
Por Dr. Luis Mejía González
Estamos en una etapa de tiempo en nuestro país donde no se define, después de los primeros cien días del actual gobierno, quién ejerce sus atribuciones y quién es, en consecuencia, el responsable del cumplimiento de la Constitución y de las leyes nacionales.
Bajo cualquier análisis, vivimos bajo una anarquía que pareciera estudiadamente diseñada con ese propósito, evitándose así serias responsabilidades directas, aunque evidentemente las mismas recaen sobre el jefe del ejecutivo.
¿Abrase visto en nuestra historia un caso similar al actual? ¿Y cuál es el propósito de este diseño en el que el responsable personal es, aparentemente, un personaje difuso?
De esa forma y manera, estamos viviendo como nación un ordenado desorden propicio a toda clase de desmanes. Y la pregunta que se impone es ¿quién gobierna Nicaragua? Si no es el presidente, todo lo que otra persona haga en el país, no tiene legalidad alguna. Y ya sabemos, por expresión del propio presidente que él solo ejerce el cincuenta por ciento del gobierno. Esa sola declaración espontánea invalida su mandato y la Asamblea Nacional debiera de actuar de inmediato y de conformidad con la Constitución Política.
Lo que está en juego en nuestro país bajo tal anarquía es la profundización de un mayor atraso socio-económico de muy difícil superación. Y mientras se mantenga dicha anarquía, nos estamos encaminando hacia una crisis insuperable porque, además, no hay una estrategia de desarrollo del país, sino declaraciones aisladas, desarticuladas y sin validez.
Hay más trabajo en el campo internacional, pero igualmente erróneo y peligroso que, por agregado, aumenta la posibilidad de un aislamiento por parte de algunas democracias integrantes del sistema de Naciones Unidas que, de alguna manera, podrían producir reacciones peligrosas, debido al insensato respaldo del presidente Ortega al programa nuclear del gobierno de Irán, condenado por el organismo mundial.
Todo lo anterior implica el regreso a las antiguas andadas del presidente Ortega y del Frente Sandinista en la década de los 80 con su estrecha alianza y dependencia del comunismo internacional marxista-leninista, ahora calificado de nuevo socialismo.
Ese no fue el régimen político que prometió el candidato Ortega en su campaña presidencial de 2006. Ha habido un engaño y una burla brutal, incluso para quienes siendo sandinistas sumaron el 38 por ciento de su elección presidencial. De esa manera, según criterio de muchos, se ha hecho realidad la famosa “fábula de la víbora” del Cardenal Miguel Obando y Bravo, ahora extrañamente vinculado a Ortega.
El Poder Ejecutivo no ha comenzado a funcionar. Tal es la creencia popular, por la razón única que aun no se definen con claridad las dimensiones y limites del cargo de la esposa del Presidente en el Gobierno del Frente Sandinista. Uno de los motivos de la falta de esa definición se debe según voz popular- porque a ella no le queda tiempo extra más allá de estar al lado de su marido en sus comparecencias públicas, tanto dentro como fuera del país, dando la impresión de su control sobre todas las actividades oficiales del gobierno.
Se asegura, además, que a ella no le alcanza el tiempo para planificar la forma de controlar cuanto se mueve en la administración del estado, que debe tener su previa consideración y aprobación y la autoridad para despedir a funcionarios que no cumplen con sus decisiones o se atreven a algún grado de independencia administrativa.
Se estima también que la falta de accionar del Poder Ejecutivo a nivel nacional y a favor de la ciudadanía, se debe a la preferencia manifiesta de éste a la política exterior que genera la poderosa fuerza del nuevo socialismo liderado por el presidente de Venezuela lo cual es evidente- y que en cualquier momento puede producir roces de consideración con las democracias occidentales que se oponen a las fantasías venezolanas en las que están enrolados, lamentablemente para sus pueblos, los regímenes de Bolivia, Ecuador y nuestro atormentado país.
Nada de lo anteriormente señalado se consideró posible pudiera desprenderse de las promesas de buena administración del candidato Ortega para resolver, de preferencia, los serios problemas que heredó el país de la desastrosa administración del régimen de Enrique Bolaños Geyer.
Por todo lo anterior, se requiere de una pronta definición política del presidente Ortega y comience a implementar el plan de desarrollo que requiere Nicaragua con suma urgencia, preferentemente por encima de sus equivocadas relaciones con el nuevo socialismo.
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