Año 8 No. 1752 Lunes 08 de Enero del 2006 Managua, Nicaragua



¿Dónde quedó la dignidad?

Por Hamlett
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La dignidad es una cualidad sinónimo de excelencia, se define como la “gravedad y decoro de las personas en la manera de comportarse”, y como toda condición humana ésta se pierde, conserva o desarrolla.

Un día de estos escuché decir al destacado cronista deportivo, Edgard Tijerino, en una apurada e interesante plática de pasillo en un súper de Managua, que una de las cosas más difíciles del momento es cómo “reinventarse”.

Y la moda de hoy en los ambientes político, social y gubernamental nicaragüense es, justamente esa, reinventarse frente a la nueva realidad que impone el regreso de Daniel Ortega al poder.

Ortega es el modelo de los reinventados del país. Según Tijerino esa transformación, que algunos preferirán llamar “necesidad de sobrevivir” y otros “camaleonismo” no es fácil y tampoco es para cualquiera.

Si intentáramos graficar rústicamente lo que hoy ocurre en las cuadras y barrios de Managua recurriríamos a dos figuras típicas del momento. La del simpatizante sandinista que pasa frente a la casa de su vecino antisandinista volviéndolo a ver de reojo y por encima del hombro, mientras pavonea su triunfo con arrogancia perruna ante los habitantes de su comunidad. Y la del funcionario de Enrique Bolaños que sigue esperando una “señita” del comandante para que lo dejen en su cargo aunque sea por unos diítas.

No los quieren cerca

Me pregunto ¿dónde quedó la dignidad de tantos funcionarios que no quieren darse cuenta de que la nueva administración no los quiere cerca de ellos porque son dispensables?

El viernes pasado vi una foto en un diario local en la que, en un plano de media distancia, aparecen conversando los ministros –por algunas horas más- de Gobernación y Defensa, Francisco Fiallos y Avil Ramírez. El titular periodístico de la foto-noticia decía “Ministros no tienen quiénes les reciban”.

Luego me comentaron que algunos, a los que aún no les ha llegado el “repuesto”, andan alegres pensando que Ortega los va a dejar en el carguito. Uno de ellos, Avil Ramírez, ha dicho en los círculos gubernamentales de que “la comandancia del ejército le está pidiendo a Daniel que me deje”. ¡Clase de mentira!

Falta mucho para que los traspasos de mando dejen de ser un drama para el personal administrativo y técnico de las instituciones estatales. Aún padecemos por la falta de institucionalidad y el gobierno de Ortega no la traerá a corto plazo.

Luego de 16 años fuera del poder, miles de sandinistas están esperando su turno de obtener, al menos por cinco años, la seguridad de un trabajo fijo y generalmente bien remunerado.

Las casas del FSLN, en todo el país, están llenas de militantes y simpatizantes pidiendo acreditaciones y cartas de recomendación para pedir empleo desde ahora mismo.

Y en este aspecto el Frente Sandinista no se enreda ni actuará como los “liberales” que suelen ser cuchillo de su propia carne, si no lo creen, pregúntenle a Enrique Bolaños y Arnoldo Alemán, qué pasó con miles de simpatizantes del PLC corridos en los primeros meses de la administración de la Nueva Era.

No hagan olas

Los sandinistas están obligados a oxigenar a su gente. Los empleados estatales saben que la historia se repetirá porque cada gobierno lleva a su gente, aunque en esta ocasión muchos confían en que el FSLN hará las cosas con más madurez que antes.

Estamos a días de ver el drama que pasarán miles de trabajadores que irremediablemente serán despedidos, pero este no es el caso de los altos funcionarios que se aferran a sus huesos. Un puñado relativamente pequeño de personas que imaginaron los dejarían en los ministerios y entes autónomos porque el Frente Sandinista no tenía con quién reponerlos.

Muchos sospechan que el presidente Daniel Ortega no ha querido “hacer olas” entre los altos funcionarios para que no ocurra un desbande antes de tiempo. Este fin de semana escuché algunas explicaciones que no dejan de tener lógica y que apuestan a que el nuevo gobierno golpeará de entrada la corrupción de la administración saliente sentando a decenas de funcionarios en los banquillos de los tribunales para fijar un verdadero precedente de cómo se combate este mal.

Renuncien y váyanse

Si esta tesis, la de la “trampa aceitada”, llegara a ser cierta debemos prepararnos a ver el desfile de ministros y presidentes de entes autónomos respondiendo por la cada día más maloliente podredumbre que ha comenzado a salir y que denunciamos oportuna y constantemente en Trinchera de la Noticia.

Pero antes de que eso llegue a ocurrir, los ministros de Bolaños deberían dar (y darse) una lección de dignidad, si es que algo les queda, renunciando al 9 de enero y entregando sus cargos a quien ya hayan sido designados o delegando en alguna autoridad lo relativo a sus funciones.

No deberían esperar a que los corran ya que después de todo, corridos o renunciados, siempre recibirán sus liquidaciones conforme a la ley, si es que eso es lo que les preocupa.

Para qué esperar, renuncien ya y váyanse el 9 de enero porque, repito, el gobierno de Ortega no los necesita ni los nicaragüenses tampoco.


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