¿Hacia la izquierda?
Por Dr. Luis Mejía González
El hecho cierto de que países como Venezuela, Argentina, Uruguay, Brasil, Chile, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, en el continente americano, hayan electo recientemente presidentes de tendencia de izquierda, ¿quiere decir que Latinoamérica se encamina hacia la izquierda y sigue los pasos de Cuba?
Muchos medios de información y comentaristas independientes, a nivel internacional, piensan que sí. Y hablan del renacer, individual ahora, del comunismo marxista-leninista, que colegiadamente luego bajo el sombrero del socialismo, se presentarán en bloque contra los regímenes democráticos encabezados por Estados Unidos, no sólo a nivel político, sino económico y comercial.
Es cierto que la tónica de dichas campañas electorales se presentaron en esa dirección, buscando el voto de las masas siempre pobres en dichos países y necesitadas de urgente atención de empleo, asistencia social y tierras, principalmente, por el lastre del subdesarrollo crónico en que han vivido, que crece a ojos vista y de la posibilidad de despojar de bienes a los ricos para beneficio de ellos.
Pareciera que las masas pobres pierden la memoria entre una campaña electoral y la siguiente. No la pierden, ni siquiera las esperanzas de que alguna vez su candidato, triunfante, les cumpla dichas promesas. Concientes de que han sido burladas una y otra vez, no les queda más opción que continuar esperando que al final un candidato triunfante lleve a efecto, aunque sea en mínima proporción, esas promesas básicas por las que depositan su voto.
De esa manera, la brecha de la pobreza crece cada día más entre los desesperanzados países de nuestro continente y los que son parte del mundo desarrollado a través de un sistema político realmente productivo y democrático.
El sostenimiento de esa pobreza se mantendrá y aumentará sin límites si los líderes de izquierda electos continúan imponiendo políticas seudo revolucionarias y los países desarrollados se cansan de suministrar fondos para combatir una pobreza que, en vez de disminuir, crece con cada gobierno populista.
La receta para combatir ese crónico subdesarrollo que producen gobiernos -que en realidad no saben como gobernar -es de todos conocida y comprobada: se requiere de un compromiso serio gubernamental para poner en práctica, sin pérdida de tiempo, más reformas capitalistas, más aperturas económicas y más libre comercio. Y no seguir perdiendo el tiempo en virulentos ataques políticos contra el capitalismo, el neoliberalismo y el imperialismo norteamericano, camino por el que no van a ninguna parte.
La pérdida de tiempo en tomar las correctas y eficaces medidas salvadoras de más reformas capitalistas, de más aperturas económicas y de más libre comercio, aumentará la brecha entre países ricos y pobres, desarrollados y subdesarrollados, de la misma manera que reducirá la convivencia pacífica y crecerá el reclamo violento injustificado que puede conducirnos al terrorismo y a la insurrección armada.
Más, a pesar de la elección reciente de políticos de izquierda en Venezuela, Argentina, Uruguay, Brasil, Chile, Bolivia, Ecuador y Nicaragua y sus reclamantes mensajes tercermundistas, ninguno de esos países engrosará la extrema izquierda, como se teme, si no que se irán hacia el centro, lo que ya es una ganancia... moderada, pero ganancia al fin e iniciará el camino de la superación de la brecha existente y de su evidente atraso.
Más aún, si dichos gobiernos de izquierda trataran de aprobar leyes totalitarias o las ratificaran congresos dóciles políticamente -como las que impuso en la década de los 80 el Frente Sandinista en Nicaragua- el peso del balance general del poder de decisión nacional y el del libre mercado internacional, los presionará hacia el centro. Y hay varias razones de peso.
El Mercado Común Europeo canaliza sus transacciones comerciales permanentes con países de libre empresa. Igual el mercado norteamericano. Y por agregado, hasta Rusia y la China comunista con sus aperturas económicas dentro del socialismo. Incluso Cuba, aún bajo el tutelaje de Fidel Castro, está preparando su viraje hacia el centro, para poder sobrevivir.
Los países que han electo a candidatos de izquierda en nuestro continente, están tratando de formar bloques económicos asociados para mejorar sus economías, porque saben bien que no tienen más alternativa que vincularse con el mercado libre internacional que adquiere sus materias primas y a cambio realiza grandes inversiones que producen empleos y crecimiento económico.
Es que el mundo actual gravita hacia el centro con sus garantizadas libertades básicas de mercado. Los que permanecen fuera de este exclusivo club por razones políticas desfasadas están condenados a la pobreza y al subdesarrollo permanente.
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