Año 8 No. 1757 Lunes 15 de Enero del 2007 Managua, Nicaragua



El reto inmediato de Ortega

Por Hamlett
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El “Diario de Hoy” de El Salvador, el más influyente entre la derecha salvadoreña, dedicó la portada de su edición del pasado viernes a informar sobre la toma de posesión de Daniel Ortega, sus compromisos con Hugo Chávez y las consecuencias de tales actos.

A lo largo y ancho de sus primeras cinco páginas, los editores del voluminoso tabloide analizaron cada hecho desde diferentes ángulos, en especial el geopolítico, y terminaron alarmando a sus lectores.

El titular de la primera página lo dice todo: “Ortega y Chávez pactan alianza”, mientras adornaron el reportaje con las expresivas fotos de la firma del acuerdo del ALBA, sobre todo la de Daniel y Hugo cuadrados uno frente a otro desbordados de alegría.

También incluyeron un comentario editorial en el que expresan sus temores de que la revolución bolivariana, unida a la sandinista, vuelva Nicaragua a los años 80 y que, por efecto dominó, el turno siguiente sea el de El Salvador.

El articulista intenta consolar a sus lectores diciendo que todo este barullo creado por Chávez en América Latina es pasajero porque está vinculado en forma vital a los altos precios del petróleo. Cuando se acabe el boom se acabará Chávez, comenta.

Además compara al ALBA con el CAME, creado por la desaparecida Unión Soviética para dar una alternativa a las naciones del bloque socialista o en vías de serlo, y que murió antes, inclusive, de la caída del muro de Berlín.

El despliegue “periodístico” del Diario de Hoy culmina con dos páginas de entrevistas con políticos, líderes sociales, académicos y figuras de la vida salvadoreña que concluyen de que El Salvador corre peligro porque Chávez, a través de Ortega, llevará al poder al FMLN.

Nervios a punto de estallar

Esto nos demuestra que, lejos de calmar a los capitalistas centroamericanos, las ceremonias del 10 y 11 de enero los han asustado. Éstos tienen temor a perder el poder en sus países y con ello las relativas estabilidades que les han permitido hacer negocios y desarrollar sus empresas y a sus países.

De allí que la visita que Ortega estará iniciando a El Salvador reviste una gran importancia. Esta vez ya no como presidente electo, sino como presidente en funciones, Ortega tiene la misión de calmar a los vecinos, sobre todo a los dos del norte, que son quienes sienten más temor por la palabra “revolución”: El Salvador y Guatemala.

Pero, Ortega debe empezar por casa ya que el gran capital nicaragüense está preocupado por el rumbo del país. Quizás por la efervescencia del momento y la complejidad de los actos de traspaso de mando, el protocolo de la presidencia cometió muchos errores el pasado 10 de enero.

Por ejemplo, la batalla por los asientos preferenciales en la plaza Omar Torrijos desbordó a los organizadores que perdieron el control de las sillas. Así fue que uno de los empresarios más importantes, Carlos Pellas, terminó ubicado en un lugar que no correspondía a su peso específico.

La delegación de Estados Unidos también quedó relegada a un lugar que no era para ellos, así como el presidente de México, Felipe Calderón, terminó entre dos invitados que no tenían su trascendencia.

No es sólo disculparse

¿Errores normales y “pasables”? A lo mejor, pero como hemos dicho en otras ocasiones, en la diplomacia “la forma es el fondo” y ese día muchos salieron de la plaza con buenas o malas impresiones. De allí que la tarea de Ortega y su equipo –a lo inmediato- debe ser volver a tranquilizar a un país que sigue nervioso por las escenas de estos días.

Hugo Chávez puso a soñar a Nicaragua como nadie antes y en el fondo eso tranquiliza al pueblo. Hablar de construir una refinería y de cientos de kilómetros reales de carretera. De la instalación de centros de investigación altamente desarrollados y un gasoducto para venderle gas a toda América Central calma a los pobres.

Pero, el impacto de esos mensajes, directos y en vivo, en otros sectores no fue igual. Los empresarios temen un proceso de estatización, la creación de un poder ejecutivo por encima de las leyes, el retorno de la revolución no democrática y el retiro de las inversiones por temor al “poder popular”.

Ortega no ha sido un dirigente caracterizado por tener una doble cara, más bien, hemos aprendido a conocerlo a través de sus discursos y su praxis. Al menos, creemos conocerlo y sabemos qué esperar de él.

Un asunto de credibilidad

Pero, hay más personas que creen que “no ha cambiado” que los que confían en su transformación. He ahí el dilema de fondo: un asunto de credibilidad, el ser o no ser.

Lo peor que puede pasarle al sandinismo es que el período de la luna de miel, los 100 días tradicionales, estén matizados por el temor y no por la esperanza.

¿Qué debe hacer Ortega? Es difícil preverlo si no estamos claros de sus planes y programas, porque estos aún no fueron expuestos a la nación, como acertadamente ha concluido el economista Néstor Avendaño.

Ya pasó la campaña electoral y la toma de posesión, es la hora de sentarnos a escuchar lo que tiene preparado para sus cinco años de gobierno. Necesitamos información para dejar de suponer y peor aún, de temer.


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