El ideario de Sandino y Daniel Ortega
Por Dr. Julio Ignacio Cardoze
El triunfo del candidato del Frente Sandinista, Daniel Ortega, vuelve los ojos del mundo hacia Nicaragua. ¿Porque será? El entusiasmo y expectativa, sin precedentes que despertó la toma de posesión de Daniel Ortega, difundido y publicitado al máximo, es inaudito e inexplicable. Opaca el triunfo de doña Violeta que llevó la idea de restaurar la democracia. Solamente es comparable con la expectación producida cuando la entrada del mismo sandinismo a Managua el 19 de julio de 1979, que resultó ser un gran engaño.
Desde que fue declarado ganador, para Daniel ha sido un desfile triunfal, como el tributado en Roma a los generales que regresaban coronados con el triunfo de las legiones a su mando, por haber derrotado a los enemigos de Roma, agregado territorios al estado, y traído gran botín al tesoro de la nación.
Más allá de toda la pompa y los arcos triunfales que ha hecho erigir la Rosario, entre las diferencias del triunfo de los héroes romanos y el de Daniel, está que Daniel, a quién venció, es a la mayoría de su nación, que no quería que volviera, no a un enemigo extranjero, aunque demostró ser buen general, pues como Julio César derrotó a fuerzas que lo triplicaban en número; que el botín de guerra conseguido es el de la tesorería del mismo estado nicaragüense, el que en sus manos disminuirá, no aumentará, y que durante el desfile, con los generales romanos, iba un individuo en el carro triunfal, repitiéndole al oído: «Recuerda que sólo eres un mortal y la gloria es pasajera», y Daniel, no tiene quién le recuerde que la gloria es temporal, ni lleva, visible, corona de laurel, y seguro que su demonio personal sentado en su hombro por el contrario le dice al oido: Vos sos el nuevo Dios omnipotente del paisito.
Y es que Sandino siempre ha proyectado a Nicaragua por su rebeldía ante el poderoso. El monopolio de su nombre, ha sido (hasta ahora) el capital político fundamental de Ortega, a pesar que hay opiniones de que ya se siente tan autosuficiente, que ya ni a Sandino necesita, pues en la toma de posesión no se mencionó casi nada al general de hombres libres, sus imágenes brillaron por su ausencia, aunque se celebró hasta la saciedad al teniente coronel venezolano y las fotos oficiales reflejaron, de fondo, no al guerrillero de las Segovias, sino a Simón Bolívar, quien propuso entregar Nicaragua a Inglaterra, a cambio de ayuda inglesa para sacar a los españoles de Venezuela y Colombia.
Fue extraordinaria la cantidad de delegaciones, movimientos políticos, organizaciones sociales, y delegaciones oficiales a nivel de jefe de Estado o de gobierno de distintas partes, incluido el mundo musulmán, y el orbe no alineado, asistente a la toma de posesión, todo lo cual tiene que tener un significado, o mensaje, que a la mayoría se le escapa comprender y descifrar. Sandino fue noticia por su rebelión, y por la simpatía que adquiere el pequeño y débil, como David, cuando valiente, se enfrenta al grande y poderoso, con convicción y principios.
La revolución sandinista a partir de 1979, tanto por parte de los Ortega como del directorio del FSLN, en general, nada tuvo que ver con el ideario de Sandino, todo lo contrario. En el ideario político de Augusto César Sandino, recopilado por Carlos Fonseca Amador, en el 50 aniversario de su muerte, se notan las contradicciones, entre las acciones, personales y políticas, de la dirigencia sandinista y el pensamiento de Sandino, que fue desvirtuado por ellos.
Dijo Sandino:
«Juro que no quiero recompensa personal alguna, en lo que se refiere a mi dinero, ya puede usted ponerme de coronilla, que de mis bolsillos no caerá un solo triste cobre».
«[...] que hagan las rectificaciones: que soy un bandido, porque no he entrado en la almoneda pública y porque sobre todas las cosas está mi patria...»
«[...] si alguna vez yo cometiera un error, porque soy humano, un error para la causa que defendemos, lo haría involuntariamente, nunca por malicia, como hacen los corrompidos políticos de oficio».
«[...] la entrega absoluta y desinteresada: (es el) factor esencial para el hombre o los hombres que deben, en una u otra forma, afrontar la resolución del problema angustioso que en la hora presente atraviesa nuestra nacionalidad».
«Ésta lucha está completamente desligada de todo interés económico, y por el dinero se siente el más profundo desprecio en los campamentos de nuestro ejercito.»
«Con la intención de desvirtuar ataques que por la prensa se han hecho de la idealidad del ejercito Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua, me propongo publicar documentos que comprueban la moralidad de nuestros actos y la fidelidad de nuestros principios [...]»
«Nuestro ejercito es el mas disciplinado, abnegado y desinteresado en todo el mundo, [...]»
«¡Fieles hijos de Nicaragua! Emprendimos la lucha sobre la base de sacrificios; nos han atacado diciéndonos saqueadores y bandoleros. Cualquiera se imagina que tenemos riquezas. Quisiéramos que llegaran hasta nosotros nuestros mismos adversarios para que en las puertas de nuestros sentimientos patrióticos contemplen la realidad de las cosas.»
«¡Ah, creen por ahí que me voy a convertir en un latifundista! No, nada de eso; yo no tendré nunca propiedades. No tengo nada [...].»
«[...] nuestra causa triunfará porque es la causa del amor…»
Con la reinstauración sandinista, ha habido una gran expectativa, (que poco a poco, se va convirtiendo en temor indudable), de lo que harán en su regreso.
El ojo de la historia estará fijo en Daniel Ortega, quién tendrá que adaptar sus actos a la imagen que ha proyectado y a la consecuencia de lo que ha dicho, en la campaña electoral, si es que su demonio personal no le está ya aconsejando otra cosa. Si lo podrá hacer hasta el final, reprimiendo sus propias malas tendencias, y empezar por reivindicar a Sandino, desprendiéndose de lo que en primer lugar hizo para desvirtuarlo, es una de las expectativas.
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