La mano que mueve la cuna
Por Hamlett
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Sigamos el hilo de mi columna de ayer. La Policía Nacional y el Ejército no tienen la capacidad, además de que no se les permite tenerla, para detectar los vuelos de los carteles de la droga que pasan o aterrizan en el país. Nuestros órganos de inteligencia consiguen información limitada que no siempre es suficiente para incorporarse con efectividad al combate a la droga por las sabidas limitaciones de recursos. No tenemos aviones ni radares modernos para vigilar nuestros cielos o interceptar a los intrusos.
La única oportunidad que tenemos es cuando los narcos tocan tierra o caen en nuestra pobre red de vigilancia. Una vez que ponen un pie en suelo nicaragüense hay otros problemas, como la escasa comunicación entre los ciudadanos y las autoridades, o la falta de gasolina y vehículos para acudir con rapidez.
¿Quién tiene todas las ventajas para cortar las rutas de la droga y además golpear en “el tronco de la oreja” a los carteles mexicanos que dirigen el tráfico de los estupefacientes? Sólo hay una nación: Estados Unidos de América.
Y esto que voy a decirles es sabido por las máximas autoridades de los órganos de seguridad del Estado nicaragüense y aún por dirigentes políticos. Si un cargamento es capturado, en tierra o mar, es porque las agencias norteamericanas dieron la alerta a los nacionales. Ergo, si una avioneta con droga pasa de viaje es o porque los gringos no se dieron cuenta o porque la dejaron pasar.
El ojo que todo lo ve
Admito que las limitaciones de la Policía y el Ejército, en este campo, terminan contribuyendo a que los narcos escapen, y que los poderosos carteles son más inteligentes que sus perseguidores. Lo que sostengo es que hay un “gran ojo”, como el de Saurón, que vigila todo aunque de vez en cuando se le pasen unos cuantos hobbits por entre las piernas. No estoy magnificando la capacidad de la DEA o los Marines en esta batalla pero está claro que muy superior a la nuestra.
Es un hecho que el combate a la droga, en términos globales, depende de la DEA y los centros de observación avanzada que la Marina de Estados Unidos tiene en San Andrés, Comalapa (El Salvador), Curazao y Cayo Hueso.
Sabemos que algunos oficiales nicaragüenses han recibido órdenes de no interceptar o capturar ciertos cargamentos de droga para no “entorpecer las investigaciones” o porque son operaciones de infiltración de los carteles.
Pero, ¿cómo saber si es cierto? ¿cómo hace la Policía para determinar si x o y lancha cargada de droga, que pasó frente a las narices del Ejército, son parte de una operación encubierta? No hay manera. ¿Y qué les queda? Cruzarse de brazos y dejarlos ir.
Somos peones
Sin ánimo de minimizar o caricaturizar esta situación la verdad es que somos, como nación, simples peones en el combate a la droga. Y además, debemos portarnos bien.
Los gobiernos nicaragüenses han vivido amenazados por años de que perderán ayuda, certificación y hasta recibirán castigos, si no “colaboran” con el combate a la droga, a la manera de Estados Unidos.
Y en el rejuego de lo que hay que capturar y lo que no, se han producido graves situaciones que no han sido reveladas aún por las autoridades nacionales. En los círculos gubernamentales y diplomáticos se asegura que la DEA y otros organismos involucrados en el combate a la droga han penetrado las estructuras de la Policía y “reclutado” a altos oficiales para que hagan su juego.
Corrupción dirigida
Lo explico de otra manera. La DEA o el Comando Sur saben que no pueden presionar a la comandancia policial para que se convierta en “cómplice” indirecto del narcotráfico por razones de “inteligencia” o de seguridad de esa nación.
Por eso han penetrado algunas estructuras de la Policía, comprando oficiales y manipulándolos a favor de sus intereses. Eso se llama corrupción, aquí y en Cafarnaoum.
Entiendo que los mandos policiales vienen siguiendo esta situación desde hace rato y recién hemos visto algunas medidas drásticas como la separación de oficiales “corruptos”, algunos de los cuales fueron usados por las agencias de los Estados Unidos para su guerra contra la droga.
Lo que pasa, como en muchos otros lugares, es que algunos de esos policías se tomaron la mano y el codo que les extendieron, y fueron más “allá”, y viendo la oportunidad de hacer dinero fácil terminaron en el lodo de la corrupción al que les metieron los gringos.
Reafirmar soberanía
Un nuevo incidente ocurrido en las costas de Chacocente, Carazo, nos da la razón. Un grupo de narcos colombianos y mexicanos llegaron a “desovar” cocaína como bien lo bautizó El Nuevo Diario sin que nadie se diese cuenta de su incursión hasta que un guarda parques avisó al Ejército y la Policía.
El caso ha mostrado las debilidades y fortalezas de nuestras fuerzas en la lucha contra la droga.
A modo de conclusión, las autoridades deben reafirmar su papel soberano en este terreno y de colaboración amplia con los amigos del norte, antes de que seamos una víctima del misterioso plan de combate a los narcos.
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