Año 8 No. 1776 Viernes 09 de Febrero del 2007 Managua, Nicaragua



Ortega y la falsa metamorfosis

  • Editorial del diario hondureño El Heraldo del jueves 8 de febrero, 2006.

La negativa del nuevo gobierno de Nicaragua de cumplir con el compromiso de su antecesor para destruir los misiles antiaéreos SAM-7 se ha convertido en el primer encontronazo entre Managua y Washington desde el retorno al poder del sandinista Daniel Ortega Saavedra, quien, despertando los fantasmas del pasado, inmiscuye a Honduras en el diferendo.

En vez de reconocer abiertamente que la metamorfosis mostrada durante la campaña electoral fue solo parte de la estrategia política para recuperar la confianza perdida de los electores nicaragüenses, y que sigue viendo a Estados Unidos como el “enemigo de la humanidad”, Ortega aduce que no destruirá el resto de los SAM-7 en poder del ejército nicaragüense porque Honduras posee aviones que “en 25 minutos volarían de Tegucigalpa a Managua, bombardeando esta ciudad”.

Ante este retorno del lenguaje belicista a Centroamérica, es plausible la reacción del gobierno hondureño ya que el propio presidente Manuel Zelaya ha reiterado la vocación pacifista de Honduras y que las Fuerzas Armadas de este país están dedicadas completamente a labores de protección ambiental, reforzamiento de la seguridad ciudadana y la protección de la soberanía, y que todo el equipo de que se dispone está orientado a esos fines.

No obstante, se le debe dejar claro al nuevo gobierno nicaragüense que para los hondureños resulta inaceptable que inmiscuya a nuestro país en sus conflictos con terceros en momentos en que los principales enemigos de países pobres, como Honduras y Nicaragua, son la pobreza, la inseguridad ciudadana, la falta de oportunidades y todos los demás problemas sociales que esos males traen consigo.

Resulta irónico, además, que estas peroratas de Ortega se den cuando Estados Unidos ha dejado fuera a Honduras de su ayuda militar y que el anterior y el actual gobierno nuestros han mostrado algunos atisbos de independencia ante los deseos de Washington. Con respecto al equilibrio militar en Centroamérica, los países de la región deberían atender el llamado del presidente costarricense Óscar Arias a fin de reducir al mínimo los gastos militares, para invertir más en lo social. La vinculación de El Salvador con la OTAN y el hecho de que ese país es el único del istmo que recibirá ayuda militar estadounidense sí deberían ser vistos con lupa por el resto de Centroamérica.

Es lamentable que de nuevo se escuchen discursos de confrontación en Centroamérica; una mala señal que sale desde Managua cuando todavía persisten muchos de los problemas heredados de las guerras fratricidas de la “década perdida”; cuando la mayoría de los pueblos del istmo siguen viviendo entre la pobreza, la indigencia, la inseguridad y la ignorancia. Todo parece indicar que Ortega no aprendió la lección y que solo fingió una metamorfosis hacia el pacifismo.


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