Año 8 No. 1856 Lunes 11 de Junio del 2007 Managua, Nicaragua



Cortina de humo al Tolagate

A nadie le queda un gramo de duda que la destrucción de la plaza de la república es una decisión desesperada del Frente Sandinista para sacar de la opinión pública el escándalo originado en la denuncia de presuntas coimas y extorsión hecha por los dueños de Arenas Bay, de Tola, Rivas.

A la hora de sopesar la relación costo-beneficios es indudable que ambos son reveses graves para el FSLN y el gobierno de Daniel Ortega, pero la pregunta es con cuál pierden menos.

¿Por qué hacerlo de esa manera? ¿Acabar con la plaza que simbolizaba el regreso de la belleza y modernidad a una capital olvidada por los sandinistas cuando gobernaron y el egoísmo de la administración de Barrios de Chamorro era suficiente para tapar lo de Tola?

Dos preguntas interesantes que merecen una respuesta. Antes de eso debemos admitir que los sandinistas han sido maestros de la escenografía y la tramoya. Sus actos de escapismo de la realidad hacen lucir a Houdini como cualquier ilusionista de barrio.

Por Hamlett
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Nadie como ellos para montar actos gigantescos, desde los 19 de julio, la campaña de alfabetización, los festivales de música revolucionaria con el cantante cubano Silvio Rodríguez dedicándonos una “canción urgente”, cuya letra decía “se partió en Nicaragua otro hierro caliente”, o los concursos “Rafael Gastón Pérez” en donde conocimos al cantante Wálmaro Gutiérrez ganando uno de esos eventos con la balada “Barca sin Rumbo”, la captura del “mercenario” Eugene Hasenfus y su entrega a los Estados Unidos hasta los desfiles de tanques T-55 y los Mi25 volando sobre nuestras cabezas en los años 80.

Fueron superiores manejando la propaganda y recién lo demostraron en la campaña electoral. Ahora están volviendo al mejor estilo “kimilsuniano” con los rótulos de un Daniel junto a una estrofa de la Internacional, “Arriba los pobres del mundo”, y en grande la palabra “pobre”.

La autopsia

¡Vaya tiempos que nos ha tocado vivir!

Esta vez han vuelto con una receta de esos años, por aquello de que un “clavo saca otro clavo”. Y si la hipótesis es cierta pues es hora de desmenuzarla y desnudarla, o hacerle su autopsia.

¿Cuáles son los elementos del caso de Tola? Un boy scout del FSLN, ex alcalde, ex diputado, se acercó a una “mansa paloma”, Armel González, y le ofreció resolverle sus problemas judiciales a cambio de una coima de cuatro millones de dólares.

El “dundo” de Armel grabó sus conversaciones con Gerardo Miranda, no una, cuatro veces o a lo mejor más, no lo sabemos.

En ellas, Miranda cometió un error gravísimo. Llevó a González a la Secretaría del FSLN para reunirse, supuestamente con el contralor suplente Vicente Chávez, el ejecutivo-operador más importante del FSLN. La reunión dicen que fue en El Carmen.

Trascendamos los dimes y diretes y analicemos cada elemento. ¿Qué es la secretaría del FSLN? La presidencia misma. Es el lugar donde despacha el presidente Ortega y la primera dama, el poder tras el trono.

La Secretaría del que fuese el principal partido de la oposición durante 16 años, la sede del símbolo de la revolución y de la izquierda de Nicaragua. El Carmen es hoy la Presidencia de la República, la sede del gobierno porque Murillo descartó antes la Casa Mamón y el Olof Palme.

Y ¿cómo se explica que en ese lugar se efectuó, en las barbas del presidente, un presunto negociado con el poder de Ortega en los tribunales, entre las organizaciones campesinas y de toma tierras?

En cualquier parte del mundo, en cualquier idioma, eso provoca un grito que en inglés sería: “Impeachment”. O sea: investiguen al presidente. Recordemos lo que le pasó a Richard Nixon con el Watergate y a Ronald Reagan con el Contragate.

El de Daniel Ortega podría ser el Tolagate. Cualquier presidente del mundo, en cuyas barbas se dice ocurrió una reunión para negociar cuatro millones de dólares a cambio de un fallo judicial y el fin de las hostilidades contra un grupo de inversionistas escoceses y nicaragüenses, estaría en problemas.

Entre seguir por un camino que llevaría al presidente a ser sentado en una silla para investigar lo que pasa en su oficina, y que en gran medida justificó con sus declaraciones antes de salir de Managua hacia Caracas, era más barato tirar al piso con bulldozer la plaza de la república.

El viejo y eficiente expediente somocista

¿No lo creen? Y además, maestros de la tramoya, Rosario Murillo culpa a su marido, de quien aseguró tomó la decisión y además vuelve a la Cruzada contra el somocismo.

“… esa simbología, es la que también quiso enterrar el somocismo, cuando en los años del gobierno somocista del señor Alemán, se pretendió eliminar esa Plaza, transformarla y darle un carácter adefésico... ¡porque fue un adefesio lo que hicieron allí! Una enorme pila que no tenía ninguna estética, ni relación alguna con la Plaza ni con la historia del pueblo de Nicaragua. Además, es algo que no servía para nada... aparatosa, imposible de mantener e imposible de disfrutar para la mayoría de los nicaragüenses”, dijo desde Trípoli la primera dama.

O sea, trazó una raya entre los “somocistas” y los “revolucionarios” volviendo a los viejos tiempos de la dictadura. Inteligente o no la jugada lo cierto es que hoy estamos hablando de la plaza no de lo de Tola.

¿O me equivoco?


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