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Año 9 No. 2047 Miércoles 2 de Abril del 2008 | ||||||||||||
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Haciendo números Por Hamlett
Hay otros argumentos circulando en el ambiente que tratan de explicar la decisión política del Partido Conservador, que en los últimos años ha sido el refugio de los disidentes liberales, si éstos van contra el ex presidente Arnoldo Alemán. Si analizamos fríamente cuál ha sido el papel de los conservadores en los últimos siete años es indudable que la cúpula que lideró Mario Sebastián Rapacciolli fue un contribuyente decisivo para dividir y debilitar a los liberales buscando llevar a su molino. Les ofrezco otro ángulo para analizar el efecto de las terribles políticas que llevaron a Ortega a la presidencia de la república sin retorcer la historia y que nos llevará a concluir que el ex presidente Enrique Bolaños fue el instrumento de ese proyecto. En 1996, el doctor Arnoldo Alemán optó por llevar de fórmula a Bolaños cuando un sector del llamado “gran capital conservador” le prometió respaldo político y financiamiento electoral. La fórmula libero-conservadora funcionó, lo que estimuló la imaginación y alborotó las ambiciones de la oligarquía, de que ellos también podían llegar al poder usando a sus adversarios históricos, los liberales, como su escalera. Con todo el derecho que la democracia les da, los verdes pensaron que había llegado su momento, calcularon que el doctor Alemán debía salir del juego, por las buenas… o por las malas, para quedarse con el PLC. La tesis de los “tigres” Bolaños se inventó la tesis de que “dos tigres no pueden vivir en la misma colina” y apoyado por el Departamento de Estado y conocidos sectores del país ofrecieron a Alemán que se fuera del país a un exilio dorado, una embajada en Francia, España o República Dominicana, o se enfrentaría a la furia norteamericana. Alemán se dio cuenta que la oferta era una trampa, que había un plan para sacarlo del juego político y meterlo a la cárcel, para sellar cualquier posibilidad de que el ex mandatario pudiese recuperar a su partido, su influencia o el inmenso poder que tuvo en el Ejecutivo. Querían asegurarse de que no volviera a la presidencia. Para entonces, hablamos de finales de 2001, los sandinistas estaban recién enterándose de lo que pasaba sin haber sido “invitados” a la futura carnicería. El resto es una historia conocida. Cuando Alemán se hizo fuerte en la Asamblea Nacional y ante la incapacidad de Bolaños de quitarle la bancada al PLC apenas 9 diputados conformaron la bancada Azul y Blanco- Estados Unidos abrió juicios contra el líder liberal en Panamá y Miami, mientras Bolaños pactaba con el Frente Sandinista para el desafuero y la condena posterior en los juzgados. Números no dan Los resultados de este épico periodo ya no lo vemos sino que lo sentimos en carne propia. El peligro es que los sandinistas, con el dinero de Venezuela, están haciéndose fuerte en el poder y en la medida que la derecha siga cometiendo errores, como la falta de unidad real y aquellos que de una forma u otra, consciente o inconscientemente le hacen el juego al orteguismo, pronto podrían imponerse las tesis de quienes ofrecen la violencia como “solución” para sacarlos de la presidencia. Sería antidemocrático negar a los conservadores o cualquier otro partido participar solos o fuera de la alianza liberal en las elecciones, pero, será inevitable responsabilizarlos de lo que pueda ocurrir si los sandinistas salen fortalecidos de estos comicios, que serán a todas luces un referendo sobre el rumbo de la administración del FSLN. Pedí a una experta en organización electoral que analizara el componente del voto de los liberales y sus aliados en las pasadas elecciones nacionales. Me dijo que el voto duro liberal votó en la casilla 1 del PLC, mientras los disidentes liberales lo hicieron en la 9 de ALN. ¿Cuál es el plan? La especialista dice que la mitad del voto de Eduardo Montealegre fue liberal disidente. De la otra mitad, un 25% eran antisandinistas, mientras el otro 25% estuvo conformado por los conservadores y aquellos remanentes de otras fuerzas que creyeron que el “enemigo” era el pacto o Arnoldo Alemán. Esto significa que el voto conservador, imposible de medir en esa mezcla, podría ser del 8% ó 10%, en el mejor de los casos, y que los “antipacto” serían el 3% ó 4% En síntesis, los conservadores tienen la capacidad para restar y hacer perder a los liberales en muchos municipios, incluyendo Managua, pero no el suficiente para ganar más de una o dos plazas por si solos. O sea que estamos en el mismo dilema del 2006: ¿cuál es el plan? ¿impedir el triunfo del FSLN o evitar que los liberales ganen los comicios? |
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