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Año 9 No. 2050 Lunes 7 de Abril del 2008



¿Vamos hacia una dictadura?

Por Hamlett
trincheradelanoticia@yahoo.es

La pregunta la hizo a quemarropa un buen e inteligente amigo mío. Aunque tenía la respuesta en la punta de la lengua medité un rato más para estar seguro de los argumentos que debía darle a continuación.

“Sí, vamos a una dictadura y debemos prepararnos”, le dije. La primera razón es la ruptura del diálogo nacional. El presidente Daniel Ortega podrá sentarse a conversar con el presidente del COSEP u otros líderes nacionales y no está dialogando. Cuando se cierran las ventanas del diálogo real se abre el camino de la violencia.

El encuentro del mandatario, el pasado fin de semana, con el licenciado José Adán Aguerri fue una total manipulación del dirigente empresarial para apuntalar su desgastada imagen con los sucesos de la Costa Atlántica.

Mientras el CSE violaba flagrantemente la Constitución y las leyes, Ortega llamó al presidente del COSEP, quien desde enero ha estado esperando el encuentro para hablar de los problemas del país y tomarse unas cuantas fotos en las que aparecen sonrientes, como viejos camaradas.

Por ello, no debemos confundir el diálogo que reclama el país con los encuentros que seguramente el mandatario estará haciendo en los próximos días para sepultar el episodio del pasado viernes cuando sus comandos desataron la violencia en Bilwi, derramaron la sangre por las calles de la ciudad, para “justificar” la decisión que ya estaba tomada hace mucho.

Segundo, Ortega está usando las leyes, los poderes estatales y la Constitución para imponer sus decisiones. Cada día nos queda más claro (y ojalá ya lo hayan entendido los líderes políticos) que el Frente Sandinista no renunciará al poder por las buenas. Ortega no aceptará otro 25 de febrero de 1990. Con el dinero de Venezuela y del estado espera consolidarse en la presidencia por mucho tiempo.

Un proyecto millonario

Tercero, el proyecto sandinista no es ideológico mucho menos sentimentaloide. Para que cuaje el negocio petrolero, refinería incluida, las dos plantas de aluminio que dicen van a poner y para que Albanisa se adueñe del mercado nacional requieren de 10 a 15 años, por lo menos.

Sólo analicen este detalle. El acuerdo Albanisa-Pdvsa, que es totalmente privado, por diez millones de barriles de petróleo al año representa a los precios actuales un negocio de mil millones de dólares anuales. Multiplíquelo por cinco. ¿De cuánto es la comisión de ganancia por esta operación? Porque antes y después de todo es un negocio. ¿Será del 1%, 2% ó 10%? No lo sabemos porque Albanisa no existe en Nicaragua y cuál sea que fuese esa comisión hablamos de 10 a 100 millones de dólares anuales. ¿Quién son los socios que van a repartirse esa tajada? No lo sabemos, pero París bien vale una misa.

Es por estas razones mezquinas y materiales que Ortega no se irá del poder fácilmente y por eso está construyendo una dictadura que nos saldrá muy caro a los demócratas. Algunos podrán decir que esta tesis es falsa porque no hay condiciones en América Latina o Nicaragua para crear una dictadura pero déjenme llamar su atención sobre otro detalle interesante.

La propuesta del hermano

El general retirado Humberto Ortega, cuyas relaciones con su hermano están relegadas al plano estrictamente familiar, recurrió la semana pasada a un artificio para mandarle un mensaje político a Daniel y hasta se encargó de que todos los leyéramos.

En una carta pública a Fidel Castro léase a su hermano, publicada en la página de opinión de El Nuevo Diario, Humberto le dice que es hora de pensar sobre el rumbo ideológico del sandinismo y que su futuro es el centrismo con miras a construir un estado nacionalista y moderno. El ex jefe del Ejército sabe que las nuevas ambiciones de su hermano y familia no nacen de un proyecto ideológico sino que de uno empresarial en que el “poder ciudadano”, el “socialismo del Siglo XXI” y otras ideas mesiánicas de Hugo Chávez sólo esconden el inmenso negocio petrolero y la estabilidad financiera de la cúpula rojinegra.

Por eso es más peligroso el sandinismo de hoy que el de hace 20 años. Daniel Ortega está ofreciendo a un reducido grupo de oligarcas del país la estabilidad que ellos requieren para hacer grandes negocios a cambio de que lo dejen actuar a sus anchas. Después de todo la dictadura de Somoza hizo florecer a muchos capitales hasta que decidió competir con ellos y hasta sacarlos del juego.

La prueba de fuego

Tercero, el orteguismo no quiere repetir el principal error de los años 80 especialmente enfrentarse al gobierno de Estados Unidos. Este terreno ha sido el más exitoso de los sandinistas hasta la fecha, como lo demuestra la negociación de los misiles, en donde hoy son más abanderados que los liberales en la destrucción de ese sistema de armas.

Es un hecho que Ortega está construyendo una dictadura aunque no las tiene todas consigo dentro y fuera del país. De allí que el resultado de las municipales será la prueba de fuego para la oposición. Si el FSLN gana los comicios logrará el consenso que no tuvo con el 38% del 2006 y los liberales y demócratas se dividirán más.

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