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Año 9 No. 2054 Viernes 11 de Abril del 2008



Bradlee: El buen reportero es el que busca la verdad

--- Coordinó la cobertura de su periódico durante el escándalo de Watergate

Por Eric Green

Washington - El ex editor ejecutivo del periódico Washington Post, Ben Bradlee, afirma que los buenos periodistas son los que trabajan intensamente para descubrir la verdad o para “acercarse” lo más posible a la verdad.

En la actualidad, como vicepresidente general del Post, Bradlee indicó que “existen muchos obstáculos terribles en el camino” de un reportero que busca una buena historia basada en hechos verídicos. El reportero debe enfrentar a la naturaleza humana cuando en algunas ocasiones “la gente, que son las fuentes noticiosas, miente deliberadamente, o la gente miente porque no sabe la verdad y piensa que la sabe. No es lo más fácil en el mundo descifrar cuando alguien está mintiendo”, expresó Bradlee, entrevistado en su oficina en antelación al Día Mundial de la Libertad de Prensa, el 3 de mayo.

Bradlee, editor ejecutivo del Washington Post de 1968 a 1991 y que en su periódico dirigió la cobertura informativa del escándalo de Watergate en la década de 1970, indicó que cuando los editores o el dueño del periódico no frenan a los reporteros, éstos realizan su mejor trabajo en encontrar artículos de interés periodístico.

El término libertad de prensa casi se ha convertido en “tedioso”, afirmó Bradlee, al explicar que el término se ha convertido también en una expresión corriente para debatir la independencia de los reporteros para buscar sus notas.

No rendir la independencia

A ese respecto, indicó que la cuestión de los reporteros que “rinden voluntariamente” su independencia para reportar noticias en tiempos de guerra, cae en “territorio peligroso”.

La mayoría de los reporteros y editores, señaló Bradlee, son renuentes a retener una historia, a menos que los intereses de seguridad nacional predominen. Pero Bradlee añadió que los gobiernos exageran las denuncias de amenazas a la seguridad nacional para intentar suprimir artículos que no sean favorables.

En Estados Unidos, la libertad de prensa está protegida bajo la Primera Enmienda a la Constitución y enfrenta pocas restricciones, excepto en situaciones que puedan comprometer la seguridad nacional. En años recientes, los grupos de libertad de prensa han criticado a la administración Bush por lo que consideran un uso muy frecuente de esta excepción.

Bradlee reiteró que él nunca hubiese trabajado para un periódico en que se sintiese presionado para suprimir noticias por temor de “insultar” a un funcionario gubernamental. Tales leyes contra los insultos, que intentan aislar a los funcionarios públicos de la crítica de los medios de comunicación, se han instituido en muchos países del mundo.

Se puede justificar el retener una nota, expresó Bradlee, en casos que involucren, por ejemplo, publicar la fecha de partida de un despliegue rutinario de tropas en el extranjero. De todas maneras, la mayoría de la gente no está interesada en conocer ese tipo de información, agregó Bradlee.

Caso de seguridad nacional

Una historia que Bradlee retuvo, de manera temporal, involucró un dispositivo estadounidense de rastreo submarino de información con nombre-código Ivy Bells, que durante la Guerra Fría reveló la posición y movimiento de submarinos de la Unión Soviética. Las autoridades estadounidenses colocaron un dispositivo en forma de campana sobre cables de comunicación soviéticos a lo largo del fondo del océano. Por años, el dispositivo capturó información vital para el gobierno de Estados Unidos.

La información fue descubierta por el reportero del Post, Robert Woodward, que fue socio de Carl Bernstein, también integrante del periódico, en dar la noticia del escándalo de Watergate.

Los soviéticos estaban tan seguros de que sus submarinos no eran detectados, que descuidaron de proteger el código de sus mensajes para que no fuese descifrado, afirmó Bradlee.

Bradlee dijo que, originalmente, decidió estar en contra de publicar la nota porque de otra manera “hubiese privado a nuestro país de una enorme y efectiva arma en contra de un enemigo común”.

Con el tiempo, su periódico publicó la historia, pero sólo después de que la Operación Ivy Bells fue expuesta por un empleado de bajo nivel de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos y anunciada por una de las redes principales de televisión estadounidense. Bradlee detalla la Operación Ivy Bells en su exitosa autobiografía, que publicó en 1995 titulada The Good Life: Newspapering and Other Adventures (La Buena Vida: Haciendo Periódicos y Otras Aventuras).

Váyanse de sus pueblos

Aunque está retirado de sus responsabilidades como editor ejecutivo, el sentimiento de Bradlee pertenece todavía al único diario para el que trabajó. Es evidente por el hecho de que aún visita todos los días su oficina en el séptimo piso en el edificio del Post. Bradlee admite que es un “adicto” a la sala de prensa del quinto piso, donde gusta de analizar las notas de los reporteros y editores del periódico. Bradlee se considera, a la edad de 86 años, “una escala en el recorrido” para los reporteros más jóvenes del periódico que le piden consejos al afamado periodista.

Sin embargo, Bradlee no extiende sus visitas a la sala de prensa porque sabe que los reporteros “tienen algo que hacer. Estoy muy consciente de eso”.

El consejo de Bradlee a los reporteros aspirantes es que vayan “lejos de su pueblo” buscar un empleo en un periódico lejos de “mamá, papá y los amigos”, donde “no tengan su mente concentrada” en los acontecimientos locales. El reubicarse en un área diferente, expresó, brinda a los periodistas una perspectiva fresca y positiva sobre las noticias que ocurren en esa comunidad.

Lo que le emociona sobre el periodismo, indicó Bradlee, es que el “esfuerzo por obtener una buena historia tiene su recompensa”. Orgullosamente señala el ejemplo del trabajo del Post durante 30 meses en la década de 1970, cuando el periódico publicó unos 400 artículos sobre el escándalo de Watergate.

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