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| Año 9 No. 2062 Miércoles 23 de Abril del 2008 | |||||||||||||
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Redacción Central El designado embajador de Estados Unidos en Nicaragua, Robert J. Callahan, encontró en enero pasado una resistencia a su nombramiento que nunca imaginó y tal vez no esperaba. Fuentes diplomáticas confesaron a Trinchera de la Noticia que el principal “ataque” contra Callahan no surgió de Washington, D.C. sino que de Managua. No fueron políticos estadounidenses o grupos de presión los que intentaron evitar que la Casa Blanca lo designara en el cargo. Al contrario, el dardo más profundo y fuerte contra el embajador fue “disparado” desde Managua por el prestigioso periodista de The New York Times, Stephen Kinzer, autor del libro Blood of Brothers (Sangre de Hermanos) sobre la familia Chamorro Barrios. La fuente diplomática dijo que el dirigente del MRS, Edmundo Jarquín, amigo de Kinzer habría influenciado para que el periodista norteamericano criticara al Subsecretario John D. Negroponte, a quien señaló, por haber nombrado a uno de sus asistentes más cercanos, de querer revivir la guerra fría y las tensiones de los años 80. El artículo (Contra-temps, publicado en The New York Times) fue reseñado en una de nuestras ediciones de la semana pasada. Quiso provocar a Ortega contra nuevo embajador El ex candidato presidencial del MRS, Edmundo Jarquín, fue incluido en el artículo de Kinzer con dos afirmaciones sobre la entonces fresca designación de Callahan. “Lo encuentro muy extraño”, le comentó al periodista. Además le dijo que el nombramiento era una “provocación”. Según el informante, la intención de Jarquín no era que el “misil” impactara en los círculos políticos y gubernamentales de Washington, D.C., sino que “estallara” en la oficina kadafiana del presidente Daniel Ortega. Su objetivo era que el presidente rechazara la designación de Callahan lo que, de haber ocurrido, habría roto el conveniente balance que hoy tiene para el líder sandinista la política de Estados Unidos. Si Ortega hubiese caído en la trampa y niega el plácet al embajador seguramente el Subsecretario Negroponte hubiese cambiado su línea hacia el gobierno. Pero, ocurrió lo contrario, la fuente dice que el ex enemigo del régimen sandinista de los años 80 más bien se enfureció con Jarquín y Kinzer a quienes responsabilizó por el intento de abrir una crisis entre Washington y Managua. El artículo Pocos días después del nombramiento de Robert J. Callahan como embajador en Nicaragua, el periodista y escritor Stephen Kinzer, escribió un artículo asegurando que este era un intento del Subsecretario de Estado, John D. Negroponte, y la “línea dura” de Washington para revivir la guerra fría de los años 80. Kinzer escribió que “Roberto Callahan es una rara escogencia como embajador en Nicaragua” considerando que “él ayudó a infligir una de las guerras más sangrientas de la historia de este país”. En el artículo agrega que “en Nicaragua, que estoy visitando ahora, muchas personas han olvidado la guerra civil… sandinistas y ex contras se han reconciliado hace tiempo” y que “lo mismo ha pasado en Washington”. Pero que lo de Robert J. Callahan está reviviendo “viejos recuerdos”. “Es Negroponte, ahora Subsecretario de Estado, quien construyó la reciente nominación de Callahan”, agrega Kinzer, quien además cita al ex candidato presidencial Mundo Jarquín criticando la designación del nuevo embajador. “Lo encuentro muy extraño”, le comentó el dirigente del MRS. “Es muy provocador”, dice Kinzer que éste le comentó. Concluye su artículo señalando que “obviamente hay quienes en Washington que quieren recordar especialmente a Ortega- que los recuerdos de la guerra de la Contra están vivos. Esta nominación deja en claro que Negroponte es uno de ellos”. |
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