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| Año 9 No. 2065 Lunes 28 de Abril del 2008 | |||||||||||||
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Por Hamlett
Ortega, quien dejó de leer a Tsun Zu hace rato, está corriéndose hoy en día el riesgo de perder algunas de sus luchas más importantes (y por cierto que la más importante de todas no es la política) y que podrían costarle no sólo un probable voto de censura en las elecciones municipales y el poder en las nacionales del 2011, sino que la paz social en un plazo corto. A todas luces, la inflación se le fue de las manos al mandatario, tema en que luce impotente, sin propuestas y sin la certeza de cuáles son sus responsabilidades. Segundo, el régimen sandinista se quedó con la panacea en las manos viendo cómo la ayuda venezolana no le sirve más que para sus intereses estratégicos de constituirse en un polo económico, al mejor estilo burgués, que llevará dinero a sus bolsillos pero no el bienestar a la población. Analicemos brevemente las dos últimas comparecencias públicas de Ortega. En un barrio de Managua entregó títulos que no le correspondía, porque esta es una tarea de la Alcaldía de Managua. Ese acto, como los del último mes, han sido electoreros, hechos para promover a sus candidatos y punto. En otro barrio de Managua, siempre con Alexis de llavero, abrió una paja de agua potable imagen que vimos mucho durante los gobiernos de Violeta Barrios y Enrique Bolaños- mientras llamaba al pueblo a pagar los recibos de ENACAL. La gente está feliz Y ¿qué se está diciendo hoy en día en las calles y en los barrios populares? Que pronto el gobierno será dueño de Fenosa y por eso no hay que seguir pagando los recibos de energía; el mismo fenómeno está ocurriendo con el agua. Después de todo, dice la lógica popular, ¿no es este acaso el poder ciudadano? Y este es el fantasma de la cultura del no pago de los años 80 que tanto daño le ha hecho al país. Pero lo más grave que ocurrió la semana pasada fue su discurso en Chontales desde dónde amenazó a los nicaragüenses con incendiar el país, para demostrarle a los transportistas cómo se hacen estas cosas. Hagamos un recuento rápido de los frentes de batalla que Ortega tiene abierto hoy e in crescendo: 1. Contra la Asamblea Nacional, un poder al que no ha podido controlar del todo, aunque como diría Jaime Chamorro, “lo tiene descontrolado”; 2. Contra los obispos, quienes le han advertido de muchas maneras que está creando el caldo de cultivo de la violencia con sus políticas confrontativas; 3. Contra los empresarios que han sido sumamente tolerantes con el gobernante, le han dado espacio, tiempo y tendido la mano que aquél sólo ha usado en su beneficio; 4. Donantes internacionales, a los que exaspera cada día más con su falta de transparencia y ataque a los periodistas; 5. Contra los medios de información a los que no sólo asfixia cortándoles la publicidad estatal si no que enjuicia y condena; 6. Contra la comunidad internacional a la que tiene cansada con sus posiciones absurdas; 6. A los trabajadores y profesionales a los que despide del estado por no seguir los lineamientos partidarios; en fin, díganme con quien no se ha peleado aún. No puede con todos Es cierto que la capacidad conspirativa del gobierno sandinista es mucha y que puede hacer mucho daño a sus enemigos (le quitó a la fuerza los tanques y refinería a la Esso, mientras arrincona y enjuicia a los banqueros, por ejemplo) con su poder político. Pero, ¿podrá mantener y vencer en todos los frentes abiertos? Lo dudo porque hay uno que no puede controlar y esa es la soberanía del voto popular. Ortega está jugando con fuego al no resolver el problema básico del pueblo: la inflación. Hay desesperación en las calles y aunque posiblemente no llegaremos a ver levantamientos como los de Haití y Filipinas, a menos que el sandinismo los monte para prefabricar el caos que obligue a declarar una emergencia y con ello suspender las elecciones municipales. Con un FSLN que a lo mejor ya no tiene a su favor a 38 de cada 100 votantes, ¿será capaz de aumentar su caudal, digamos al 50% de la masa votante sin recurrir al fraude masivo? No creo que pueda lo primero ni lo último. No a la lucha de clases El problema es que Ortega está creando las condiciones para incendiar la pradera sin haber hecho las rondas. Es peligroso que el sector radical del FSLN, uno de cuyos dirigentes es el sindicalista Gustavo Porras esté llamando, por ejemplo, a la clase obrera a que este primero de mayo se lancen contra Lafise (por los frijoles), contra Agricorp (por el arroz), contra Eduardo Montealegre y Jaime Chamorro (por los Cenis) o Unión Fenosa (por la energía). Eso es incentivar la lucha de clases, un asunto muy peligroso para todos. |
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