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| Año 9 No. 2066 Martes 29 de Abril del 2008 | |||||||||||||
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Por Hamlett
No estoy insinuando que lo de su conflicto actual sea una ópera bufa, una trama entre Ortega, Murillo y Marenco para alborotar el avispero, ver quién es quien dentro y fuera del FSLN, quien se movió, quien se resbaló y cómo reacciona el electorado. Marenco, un militante con 45 años de trayectoria, lució genuinoen esa entrevista- y muy sincero, tendió puentes a Daniel Ortega y confirmó su conflicto con Murillo y otros asesores del mandatario. Dijo que no era disidente del sandinismo, pero trazó una raya entre el FSLN que él dice conservar dentro de si mismo y el socialismo del siglo XXI y los CPC. Es obvio que Marenco está en pos del segmento nostálgico y más numeroso del sandinismo, una tarea en la que recibe el apoyo de la vieja guardia, como Tomás Borge Martínez, quien desde Perú declaró que la propuesta de socialismo que impulsa Murillo, es una tontería ya que solo hay uno. El mismo alcalde capitalino la calificó de “ideas en formación”. La manera en que Murillo pretende hacerse del control del FSLN, convirtiéndolo en una organización amorfa, sin principios, ni ideología, basada en el cultivo a la personalidad de su esposo, ha sido rechazada por los sandinistas tradicionalistas, a quienes ahora representa Marenco. Sólo imaginen lo que está pasando por la mente de los miembros de ese partido al ver a Ortega, virtualmente secuestrado por su esposa, y a un anarquista, como Orlando Núñez, actualmente como el ideólogo del proyecto partidista. No es disidente Marenco, quien dijo en la entrevista que no le interesa buscar la presidencia de un país que exporta seres humanos, calificó a Daniel Ortega de “un héroe viviente” pero que controla “desde arriba” todo “sin congreso, sin asamblea sandinista, sin organizaciones”. No dudó en adelantarse y decir “no soy disidente” y que tampoco se iría a otro partido, como el PLC, porque allí termina su carrera. “Fuera del FSLN no soy nada”, agregó, bajo el concepto de que el nomadismo político no funciona. Y la historia le da la razón. Ningún movimiento disidente ha pasado más allá de los escaparates de los diarios nacionales. El MRS volverá en estas elecciones a ser el partido pequeño que ha sido, a causa de la incapacidad de su liderazgo y su extremo sectarismo. Los liberales que están tratando de superar la crisis de la división, y reparar el daño que cometieron los “disidentes” con la división del voto en el 2006, tienen ahora mejores perspectivas electorales que hace un año. ¿Lo dejarán entrar? La pregunta es si Marenco tendrá cabida en los planes de Ortega y su esposa, ahora que todos tienen clara la película de quién tiene las riendas del mando en el partido rojinegro. Es evidente que los sandinistas querrán quedarse durante un buen tiempo en el poder, como dice su ideólogo Orlando Núñez “si la oligarquía burguesa gobernó 200 años, nosotros también queremos quedarnos por 200 años más”. El punto es qué están haciendo para quedarse más allá del presente periodo presidencial. Como dice el diario alemán Süddeutsche Zeitung, Ortega “gobierna tan mal, que Alemania le ha quitado… la asistencia presupuestaria”. Y el pueblo que está en las calles hurgando en la basura, sin empleo y viviendo con un dólar al día, ya se dio cuenta de que “el globo de la esperanza sandinista” se desinfló y que no vamos a ningún lado. Otro problema es qué capacidad tendrá de la oposición democrática, especialmente los liberales, para reconquistar a ese pueblo que deambula frustrado y preocupado con su futuro. Nicho o Rosario Además de que el poder desgasta, y desgasta más cuando se enfrentan crisis como la petrolera y el alto costo de los alimentos, los sandinistas han hecho poco para conservar su 38% o aumentarlo. En cambio, las actitudes dictatoriales y arrogantes del gobierno están reuniendo a los liberales divididos y seguramente van reenfilar el voto popular en la dirección correcta, de tal manera que a la hora llegada Ortega tendrá que decidir entre su esposa, y el fracaso de los CPC, y alguien como Marenco, quien saldrá de la Alcaldía con prestigio, líder de los sandinistas tradicionalistas y el cartel de haberse enfrentado a la nueva maquinaria de gobierno. Otra historia es si Marenco podrá, después de los cinco años de Ortega, tener la capacidad de vencer a un liberalismo unido, si es que éstos no cometen el grave error de continuar dándose codazos y patadas bajo la mesa. |
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