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| Año 9 No. 2067 Miércoles 30 de Abril del 2008 | |||||||||||||
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Por Hamlett
Este indicador no falló, porque al final del año 2007, la tasa oficial acumulada reconocida por el Banco Central fue superior al 16% Y si seguimos la tendencia que marca el pronóstico del doctor Avendaño, los managuas tendremos al final del año 2008 una inflación acumulada del 20%, como mínimo. No tengo que decirles que la capital representa la quinta parte de la población del país. Es el mercado de consumo más grande, el centro de las decisiones políticas y económicas, de tal manera, que si la inflación es nuestro cáncer, lo será de todos los nicaragüenses. Para todos los efectos, no hay dos Nicaraguas, no es cierto que el campo esté viviendo una realidad diferente, de bonanza porque los precios de los alimentos y otros commodities estén por las nubes en el mercado internacional, y que en la ciudad estemos viviendo un infierno. La capital y el resto de la nación vivimos la misma tragedia, nos aquejan los mismos males y sufrimos por igual. Y esta es la bandera más importante que mañana deben levantar los trabajadores nicaragüenses: exigir del gobierno y de los sectores privados y de la vida nacional la ejecución de políticas que nos ayuden a soportar una crisis que llegó para quedarse. No estamos haciendo nada El petróleo cerró abril en los $120 dólares lo que nos dice que el año podría concluir con un barril a $150 dólares o quizás a $200 como pronosticó un vocero de la OPEP. En la contabilidad nacional debemos revisar todos los cálculos en base a un crudo promedio de $100 dólares y no de $67 como hicieron con el presupuesto 2008. Y lo más grave es que no estamos haciendo nada. El gobierno no ha tomado una sola medida significativa de ahorro que no sea regresiva y costosa, como la reducción de las jornadas laborales en el estado. Los vecinos centroamericanos están tomando iniciativas para ahorrar y, sean efectivas o no los resultados, lo cierto es que lo están intentando. Honduras ha restringido la circulación vehicular para obligar a ahorrar combustibles, otros retrasaron el reloj, suspendido los centros nocturnos a ciertas horas, en fin, todo lo que ayude a gastar menos. Aunado a este asunto, el otro gran problema de la clase obrera es la crisis de los alimentos. El asunto es complejo. Un vocero de la asociación de productores de huevos criticó ayer la especulación con el precio de artículo al consumidor final que se produce en la cadena de distribución. Los productores de huevos sugieren un precio de C$2.50 córdobas la unidad al comprador final, pero en las calles está a C$3.00 córdobas. ¿Dónde está el estado que no interviene en este proceso de clara especulación explotadora de los bolsillos del pueblo? Inflación pulverizó salarios Según los datos del economista Avendaño, entre diciembre de 2006 y marzo del 2008, los precios del arroz, frijoles, maíz, carne, la canasta básica que constituye la dieta del nicaragüense, incrementaron en 45%. Y nadie hizo algo hasta ahora por amortiguar el golpe. El especialista dijo que sólo este dato significa que el disparo de la canasta básica pulverizó los ajustes legales salariales aprobados el año pasado y el que se dio a partir del 1 de febrero del 2008, a los trabajadores del estado. El experto dijo que “la respuesta no es seguir aumentando salarios si no discutir cómo reducir el impacto en el poder de compra de los que menos tienen y los que menos ganan, que es el 80% de la población”. Recordemos que el 30% de la población padece de desnutrición, independiente de su edad y género, y la crisis que se viene agravará esta situación. Las discusiones acerca de si dejamos que el mercado haga su trabajo, que si debemos cerrar las fronteras o crear un impuesto a la exportación… son parte de un debate que debe convocar el presidente Daniel Ortega con todos los sectores de la nación. Ortega sigue metido en una burbuja, siguiendo las pautas que él crece son suficientes para enfrentar la crisis, de espaldas a los empresarios y de la clase trabajadora, excepto de sus sindicatos, que hoy celebran el día con una rabiosa concentración que llama al odio de clases y al enfrentamiento de los obreros contra los empresarios. La mesa está servida El gobernante tiene el mejor pretexto en sus manos para bajarse de la nube en que se ha aislado. Hoy en día tiene la posibilidad de amainar la crisis si llama a un detente, depone sus absurdas y arbitrarias decisiones sobre las elecciones en tres municipios de la Costa, y llama a los poderes del estado, a las cámaras empresariales, sindicatos y donantes, y discute con ellos un plan de verdadera emergencia nacional. No es a escondidas que logrará superar esta crisis sino con el debate abierto y sincero. El pueblo lo necesita y lo merece. |
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