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¿Está terminado Alemán?
Por Hamlett
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Creo que ya nadie se sorprende de la fortaleza política y capacidad de sobrevivencia del ex presidente Arnoldo Alemán. Igualmente hay que reconocer que la campaña en su contra le ha hecho mucho daño o que sus principales adversarios han salido del PLC y del sector liberal más que de cualquier otro grupo democrático.
Digo lo anterior para contrastarlo con la actitud política, por supuesto- que el Frente Sandinista ha tenido y aún creo que tiene hacia Alemán y el PLC -nótese el orden en que lo digo.
Los sandinistas como los liberales, los únicos que han gobernado Nicaragua desde 1990, han requerido en esta nueva etapa de un aliado para darle gobernabilidad y estabilidad a la administración pública. Primero, porque el renacimiento feníxtico de nuestra nación ha sido tanto o más doloroso y costoso que terminar con la revolución sandinista de los años 80. Nos ha costado mucho entender que hay un camino de diálogo y negociación inherente al sistema que escogimos para vivir: la democracia. No hay espacios para las dictaduras.
Segundo, porque los líderes de una sociedad polarizada, como la de los años 90, estaban obligados como hoy también- a negociar para encontrar acuerdos, consensos o salidas o habrá crisis. Eso lo entendió la presidenta Chamorro cuando negoció el pacto de transición con el general Humberto Ortega en 1990; lo entendió la oposición antisandinista en 1995 (los pescaditos y los MRS, los mismos de ahora) cuando reformaron la Constitución para inventar la mayoría calificada y el sistema de conteo electoral; lo entendió el presidente Alemán cuando llamó al partido de la oposición a negociar un acuerdo de gobernabilidad que todos disfrutamos ampliamente de sus resultados pero que hemos peyorizado como “pacto” por obvias razones del malsano mercadeo de la política.
Los pactos necesarios
La necesidad de un acuerdo nacional, proyecto de nación, plan nacional de desarrollo, como usted quiera llamarle pasa por un filtro inevitable: debemos negociar, siempre. Sean hoy los magistrados de los poderes del estado, el superintendente de bancos, las leyes, el presupuesto, en fin, todo.
El presidente Enrique Bolaños desvirtuó el espíritu y esencia, bueno o malo, necesario o innecesario de este tipo de acuerdos o pactos, que en sí mismos reflejan la inmadurez de nuestro sistema democrático mientras convocan, de nuevo, al diálogo y el acuerdo mientras la institucionalidad echa raíces y se fortalece.
Bolaños usó el mecanismo de las alianzas y los compromisos de gobernabilidad para atacar a su correligionario, Arnoldo Alemán, para quedarse con el PLC, para abrir “una nueva era”, el añorado sueño oligárquico de volver a los Treinta Años conservadores de hace siglo y medio, casi.
Los sandinistas, una vez que probaron el sabor de ese nuevo plato, aderezado con odio y los peores sentimientos políticos del país, transformaron el pacto o la negociación por el chantaje y la presión. Aunque ya conocían la capacidad que podría tener un poder judicial controlado desde su primer escalón, los jueces de primera instancia, los sandinistas comprobaron que esta arma podría servir para desarticular, paralizar o acabar con cualquiera cosa en el país: desde la fundación de un nuevo partido hasta el fin del más antiguo, el liberal.
Así acabaron con las aspiraciones presidenciales de Antonio Lacayo y el Pronal, con Noél Vidaurre y su candidatura presidencial, con decenas de partiditos y organizaciones que concurrieron alegremente a las elecciones de 1996 con el sepultado sistema de “circunscripción popular”.
La diferencia
Es natural que el poder alimente y fortalezca a los que se guarecen a su sombra. El PLC, por ejemplo, recuperó la potencia y el tendido del antiguo PLN de Somoza y lo amplió con la nueva visión de sus líderes; los sandinistas recuperaron terreno después de ser derrotados en tres elecciones les costó 16 años regresar- aunque otros no han podido constituirse en alternativas o terceras vías reales por lo mismo, la falta de líderes, y en este terreno vemos los ejemplos de la Resistencia Nicaragüense y el Partido Conservador.
El binomio Bolaños-Ortega no pudo domar ni acabar con el PLC y debemos preguntarnos ¿por qué? ¿qué o quién hizo la diferencia? Y no dudemos en responder, nos guste o no que ha sido Alemán. El Proyecto Nacional de Toño Lacayo, con el apoyo total de la Embajada de Estados Unidos, el dinero del Estado y del gran capital no resistió la inhibición del Consejo Supremo Electoral.
Los 25 mil ex combatientes de la Resistencia ni siquiera se han hecho presente a la casilla del PRN en ninguna de las elecciones en que ha participado.
Durmiendo con el enemigo
Sin embargo, mientras empresarios privados, el gobierno de Daniel Ortega, líderes sociales y sindicales admiten que Alemán aún es la figura del PLC, que es una realidad disminuida pero inevitable- hay gente en su partido que cree que le llegó su hora y trata de sepultarlo.
Desde los dueños de La Prensa hasta sectores del sandinismo admiten que mientras Alemán esté preso no habrá estabilidad y por tanto hay que aprobar una amnistía para sacarlo de las manos de Ortega.
Y, ¿quiénes son los que se oponen? Aquellos sectores radicales de la sociedad, los fracasados y quienes creen que “muerto” Alemán pueden heredar todos sus “poderes” y habilidades. No pudo Bolaños y Trivelli, ¿quién podrá?
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