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¿Dónde está Rosario?

Por Hamlett
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No ha pasado desapercibida la ausencia de Rosario Murillo, la primera dama en construcción para la sucesión de su esposo en un futuro más cercano que tardío, en los dos últimos actos públicos y significativos del presidente Daniel Ortega.

Acostumbrados, en los primeros once meses y medio de gobierno, a verla siempre, junto al mandatario como si se tratara de un binomio presidencial, proyectando una sola imagen que da para cualquier tipo de imaginación, desde quienes creen que es el muro de contención para garantizar que nadie se acerque a Ortega si no es a través de ella, o que es una especie de amuleto de la buena suerte por aquello de que cuando Rosario asumió la jefatura de campaña la suerte de su marido cambió, o los que la ven como el nuevo proyecto sandinista con nombre y apellido, los pecaminosos que creen que el gobernante está “pagándole” por su fidelidad en sus crisis personales y políticas de los últimos 16 años o que es su enfermera personal.

En fin, hasta el día de hoy es inconcebible la imagen de Ortega sin Rosario. Pero, algo está ocurriendo porque ella no lo acompañó al acto de cierre del año ni al encuentro de su marido con el diputado liberal Francisco Aguirre Sacasa.

Está en Nicaragua

No está de vacaciones y según nos dicen sigue muy activa en las tareas asignadas. Tampoco quiero decir que no esté de descanso para atender a sus hijos y nietos, aunque Daniel Ortega pasó de viaje el fin de año y sin aparente descanso excepto el 31 y el primero de enero.

Lo interesante es comentar porqué Murillo no aparece aún. El discurso del gobernante –el 29 de diciembre- fue comentado y hasta elogiado por la prensa crítica porque no insultó a nadie. El enfoque de El Nuevo Diario, por ejemplo, fue ese: Daniel no atacó a nadie. Más allá de la socarrona observación ese discurso debería ser adoptado –por Ortega- como el modelo de su esquema y mensaje a los ciudadanos. Así como su discurso en Naciones Unidas –en septiembre pasado- debe ser el “modelo” de lo que no debe hacer en foros internacionales porque nos llena de vergüenza ante el mundo.

En la reunión del pasado sábado, Daniel Ortega platicó tres horas con el diputado Francisco Aguirre Sacasa con la única presencia del jefe de la bancada sandinista Edwin Castro. No estuvo Rosario ni los diputados sandinistas miembros de la comisión económica y ningún otro asesor. Nos llamó la atención la ausencia de Bayardo Arce Castaño, el asesor económico, y la del ministro de Hacienda, Alberto Guevara, después de todo ellos son los principales interlocutores con el Fondo Monetario, el otro actor importantísimo en esta tercia que tiene al gobierno de Ortega de espaldas a la pared.

¿Y si es un plan?

Y por segunda ocasión, el presidente manejó un lenguaje políticamente correcto y respetuoso. No estoy insinuando que Rosario sea la gasolina que incendia las pasiones del mandatario pero estas dos situaciones son evidencias de que algo pasa cuando los dos gobiernan y cuando están separados.

Crucemos de acera o hagamos de abogado del diablo. ¿Y qué si es una estratagema del binomio? La política da para todo, pero es perverso creer que Daniel decidió convertir a su esposa en la cara dura y amarga de la administración, en el lado malo, y él reservarse el papel del suave y transigente, por tanto el lado “bueno”. Este jueguito además de parecer maniqueo, el blanco y el negro, el oscuro y el claro, lo demoníaco y lo divino, es casi esotérico aunque no descartable. Repito, en el sandinismo hay para esto y más aunque nunca antes vimos algo parecido.

En cambio, las veces que el ex presidente Arnoldo Alemán ha estado aislado o imposibilitado de hacer vida pública, como ahora, su esposa ha sido su vocera. María Fernanda se ha proyectado como la portavoz de su esposo, en su principal defensora y en el eje de las relaciones con los cuadros y directivos del PLC.

En este caso ha asumido un papel de transmisora de su liderazgo, en términos políticos, una misión constructiva y unificadora, en consecuencia positiva.

Tampoco descartemos que el matrimonio presidencial haya tenido un momento de reflexión –aunque tampoco sabemos si ellos practican esa gandhiana costumbre- y de pronto decidieron reevaluar sus posiciones y cambiar de estrategia.

Mucha miel…

Si es así, Murillo habría sufrido una primera y estratégica derrota dentro del sandinismo y en la vida política nacional. Si la decisión es terminar con su rol posesivo y la “cara mala” del gobierno habrá sido sacrificada muy temprano. Si no es así, pues tendremos más de lo mismo en el 2008.

Como bien afirma un dicho popular “mucha miel empalaga” y a lo mejor Daniel Ortega, ávido de beber las mieles del poder decidió que seguirá más probando de esa otra “miel”.

Esperemos.

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