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Año 9 No. 1994 Jueves 10 de Enero del 2008 | ||||||||||||
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Aminta Granera Sacasa Por Hamlett
El ex presidente Bolaños la “marcó” cuando se decidió por ella y no por Ana Julia Guido, en la sucesión del ex primer comisionado Edwin Cordero, lo que causó mucha irritación en las filas del FSLN. En sus primeros meses -al frente de la PN- organizó una espectacular reestructuración que barrió con altos oficiales vinculados a actos de corrupción, asociaciones ilícitas y que casualmente eran militantes del FSLN. También golpeó “y muy duro”, como ella dijo en un discurso, al narcotráfico internacional mientras impulsaba una corriente modernizadora de las estructuras policiales. Y así cometió su primer error aunque el primero su escogencia- fue responsabilidad del ex presidente Bolaños, quien lo hizo, entre otros factores para “torear” a Ortega. Los errores de Aminta ¿A cuál “error” nos referimos? A los aplausos que su vigoroso arranque levantó en todos los ámbitos -sociales, partidarios, religiosos y empresariales- y más aún por no haber medido las consecuencias, los celos, que la explosiva proyección de su imagen causaría en la cúpula rojinegra, incluyendo al presidente Daniel Ortega. Aminta Granera Sacasa es muy inteligente y tras años en la estructura policial conoce mucho sobre la otra inteligencia que es toda una especialidad policial o militar en el mundo entero. Ella debió saber que cuando los medios de comunicación y los líderes civiles se deshicieron en elogios y hasta la propusieron como candidata a la presidencia de la república más temprano que tarde obtendría una respuesta del único que cree que puede decidir quién corre y quien no en el FSLN: Daniel Ortega. ¿Es malo o un pecado ser elogiado por hacer bien las cosas? ¡Por supuesto que no! Pero en el sandinismo, el partido al que ella pertenece, se hacen las cosas de manera diferente. Al asumir el mando, Ortega, quien ya estaba molesto con la proyección de Granera Sacasa, no perdió tiempo en apretar las tuercas. Quería hacerle sentir su poder, la supeditación del mando policial al Ejecutivo, dar una lección a todos los comisionados y policías de línea para se diesen cuenta de quien tiene el poder. Primero, dictó una serie de órdenes administrativas que cercaron la autoridad de la jefa policial y que no cupiese duda de que él manejaría los hilos del Ejército y de la Policía. A diferencia de la PN, el nombramiento de una secretaria general con rango de ministra en el Ministerio de Defensa fue asumido por la opinión pública como un acto positivo: el presidente decidió quitar los “obstáculos” entre él y los mandos militares aunque la Constitución establezca que él es el jefe supremo de las fuerzas armadas. En el segundo fue humillante. Ortega quiso que todos nos diéramos cuenta de que Aminta Granera Sacasa no se mandaba sola y que dependía, institucional, política y partidariamente de él y de nadie más. Los “camisas azules” El tercer “error” de la primera comisionada fue haberse excedido en las explicaciones a la prensa nacional sobre la estructura de seguridad personal del presidente Daniel Ortega en el incidente con un periodista de La Prensa- y que puso al desnudo a los ahora famosos “camisas azules”, convertidos de la noche a la mañana en la reencarnación del movimiento fascista de hace casi un siglo. El líder sandinista se toma muy en serio su seguridad personal y Granera destapó un vínculo inédito e ilegal: la participación de civiles no profesionales, ni orgánicos de la entidad, en la vigilancia del primer ciudadano del país. En medio de todo este asunto Ortega ha dejado claro su desprecio por el profesionalismo y el apartidismo de la Policía y el Ejército. No quiere medias tintas si no que una supeditación sin peros. Aún resuenan en el ambiente las palabras del presidente Daniel Ortega, el once de diciembre del año pasado, cuando dijo que apolíticos son los perros, los gatos, los elefantes frente a la comisionada Granera Sacasa y el general Omar Hallesleven Acevedo. El perro apolítico Este es el concepto de apoliticidad del sandinismo: “Apolítico en un perro, un elefante, un león, un gato, los animales domésticos son apolíticos, pero los seres pensantes ¡no pueden serlo! porque viven una realidad, disciernen, piensan, lo que los lleva a tomar posiciones en su fuero interno”. Y fue aún más directo: “Pero todos somos seres políticos y no hay un soldado, un policía, no hay un ciudadano nicaragüense de la ciudad y el campo, que no sea un ser político”. Desde el punto de vista conceptual Ortega tiene razón, pero sabemos porqué y para quién era la advertencia. Es el “te alineás o te alinéas”. Punto. |
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