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Año 9 No. 1995 Viernes 11 de Enero del 2008 | ||||||||||||
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Reflexiones del caso Volz Por Hamlett
Leyendo la sentencia y escuchando a los magistrados del tribunal de apelaciones de Granada, especialmente las del magistrado Roberto Rodríguez, concluimos que la culpabilidad de Volz fue construida por los medios de información y, en particular, por un diario y un canal local. Analizando la cadena de irregularidades y errores señalados por el magistrado Norman Miranda, presidente del TAM circunscripción sur, en la polémica sentencia podemos deducir que el proceso está tan viciado que cualquiera autoridad superior del sistema judicial no habría tenido otro camino que enviarla al trasto de la basura si no… hubiesen concurrido intereses oscuros y políticos que han transformado un asunto penal en un problema de fondo para la imagen, las relaciones bilaterales entre Estados Unidos y Nicaragua y el futuro de la inversión extranjera. Un conocido abogado que representa a clientes importantes del extranjero dijo que en las últimas semanas ha recibido correos electrónicos y llamadas telefónicas de sus clientes e interesados en intervenir preguntando sobre el caso Volz y las garantías que ellos tendrían al poner su dinero y tratar de hacer negocios. Es relativo A finales del año pasado un alto funcionario del gobierno dijo que el caso de Tola, Arenas Bay o de Gerardo Miranda, no afectó el flujo de los inversionistas pese al ruido nacional que éste provocó dentro y fuera del país. Personalmente no creo que la denuncia de un grupo de inversionistas británicos y nicaragüenses de que un operador político del Frente Sandinista les pidió 4 millones de dólares para “arreglarles” un problema de propiedad no tenga impacto en el exterior. Tampoco creo que este caso haya sido devastador para la inversión extranjera como lo demuestra la celebración hoy de una asamblea general de socios del Grupo estadounidense Gran Pacífica que desarrolla un proyecto millonario en las costas del Pacífico, entre cuyos socios está un conocido de Nicaragua, el ex embajador John Maisto. También estoy seguro que éstas personas, casi todos norteamericanos, deben estar preguntándose qué pasa con Volz y con Arenas Bay. Todo este asunto escandaloso se origina en el entusiasmo de un corresponsal de Rivas, con poca experiencia y menos sentido de la responsabilidad que de pronto encontró la noticia de su vida, la que lo haría famoso. En sí misma esta es una noticia poco común en el país: un ciudadano de los Estados Unidos acusado por el asesinato y violación de una agraciada joven de San Juan del Sur. El caso reunía los elementos para que fuese de primera plana y atrajera lectores. Desborde antiético El medio de comunicación y su censurable autorregulación ética dieron rienda suelta al corresponsal porque encajaba en una política informativa amarillista y el afán de atrapar el interés público. Volz se convirtió así en un producto para la venta, para el mercadeo periodístico. Pero, otros ojos fijaron su atención en el caso: un gringuito solo, sin familia en Nicaragua, sin respaldo político, podría ser, si fuese condenado, un material para la negociación y la venganza, sobre todo de aquellos que han sido humillados con el retiro de la visa estadounidense y etiquetados como terroristas y corruptos. Así la historia dio un vuelco. Los primeros acusados por el crimen de Doris Jiménez fueron su novio, Armando Llanes y un delincuente de poca monta que se dedica a vender drogas y servicios de todo tipo a los turistas extranjeros que visitan San Juan del Sur. El joven Llanes, también de nacionalidad norteamericana, pertenece a una familia muy conocida, de empresarios, vinculada a la política y con muchos intereses económicos. Su coartada era muy débil: una persona dijo haberlo visto en los pasillos de Ave María College a la hora que se cometió el crimen. Varios días después, el gringuito sin influencias familiares ni amigos poderosos fue acusado del crimen. En el juicio presentó a once testigos que dijeron haber estado con él o que lo vieron, incluyendo el personal de su oficina en Managua, en el momento del asesinato, cuya hora fue cambiada en el transcurso del juicio de once de la mañana a doce del mediodía. Un problema de garantías individuales La jueza rechazó las evidencias de la empresa de celulares que certificó la hora y lugar desde los que Volz hizo llamadas al exterior, Managua y a San Juan del Sur, en horas avanzadas de la tarde. Como Volz declaró a Trinchera de la Noticia él fue aislado desde el primer momento y en un año apenas se le permitió dar tres entrevistas, mientras se publicaron más de 100 artículos exigiendo su condena y llamándolo asesino y nunca sospechoso. Y esto sólo fue el comienzo. El resto del proceso fue igual. No sólo se trata de la inocencia de una persona si no de dar seguridad a los nicaragüenses y a los extranjeros que llegan al país de que la justicia es para todos e imparcial. |
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