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Año 9 No. 1999 Jueves 17 de Enero del 2008


A propósito de números…

Por Hamlett
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Los políticos y los mercadotecnistas electorales tienen una fórmula casi mágica para identificar el papel de los partidos y los candidatos en las campañas: las organizaciones ponen el piso y el candidato el techo. Entendiendo por el piso a la base de los miembros y simpatizantes que generalmente votan en la casilla del partido y que el techo es el caudal de sufragios que el candidato conquista en el mercado de votantes que no tienen partido o los que andan sueltos talvez inconformes con sus propios partidos o esperando al mesías.

La tesis fue demostrada en el 2006 cuando el candidato presidencial del PLC no pudo superar el piso de los liberales en una contienda nacional en la que José Rizo quedó debajo del acumulados de los diputados.

Eduardo Montealegre fue al revés, el partido quedó abajo de sus votos, aquellos que históricamente dieron el triunfo al PLC incluyendo a dos componentes notables: los votantes conservadores y los resentidos con el Partido Liberal.

Reitero, en esta segunda entrega, que para hacer más objetivo el análisis debemos recordar que las votaciones municipales tienen cosechas menos jugosas que las nacionales. Por eso debemos repasar la historia reciente para ver si es cierta la aseveración o si hay factores que debemos tomar en cuenta.

En el año 2000 el PLC fue a las elecciones municipales de Managua con un candidato que suponía liderazgo, partidismo y simpatía entre las bases. Wilfredo Navarro fue el candidato del PLC que estaba en el poder, el presidente Arnoldo Alemán le dio su total respaldo, no fue afectado por la división partidaria –un fenómeno creado por Enrique Bolaños y muchos más- y además contó con el apoyo financiero que necesitaba para hacer una campaña vigorosa y sin límites.

Es el único candidato liberal, en 16 años de comicios, que lo ha tenido todo para ganar. En la otra acera enfrentó a candidatos muy buenos, con dinero, que no tenían a un gobierno nacional a sus espaldas, un partido unido, aliados sólidos y el respaldo del presidente Alemán.

Herty Lewites, quien cuatro años antes había dividido el voto sandinista con la Asociación Sol, se reconcilió con Daniel Ortega y venció a sus contrincantes incluyendo al conservador William Báez Sacasa.

Las peores condiciones

Cuatro años después el PLC enfrentó las peores circunstancias: su líder Arnoldo Alemán estaba preso y sometido a una feroz campaña de desprestigio, el Partido Liberal había sido diezmado por el presidente Bolaños que barrió con todos los fiscales y miembros de las JRV que ocupaban cargos en la administración pública, el germen de la división ya echaba raíces, los donantes desaparecieron así como una buena parte del espíritu y moral de ese partido político.

El liderazgo liberal apostó por Pedro Joaquín Chamorro Barrios cuya imagen tenía una buena aceptación entre el pueblo aunque no era un militante de trayectoria en la base del PLC.

Chamorro Barrios hizo su campaña casi con las uñas. Juntó algunos recursos provenientes de su familia, el partido liberal le dio otro poco, y en medio de un ambiente sumamente hostil, enfrentando todas las adversidades que ningún otro aspirante tuvo antes sacó más votos que su antecesor, Wilfredo Navarro.

Por eso la pregunta sigue siendo: ¿De qué depende el éxito de una elección? ¿De las cualidades del candidato o la potencia del partido que lo lleva?

La culpa del candidato

¿Por qué no ganó Pedro Joaquín Chamorro? Básicamente, por la división del voto democrático. Aún con poco dinero y la campaña de desprestigio del gobierno y sus aliados, PJCHB pudo haber tenido mejor suerte sin la crisis liberal.

La conclusión es que el candidato es fundamental, pero el factor partido es la otra cara, la otra mitad, el complemento ineludible. Una de las fallas de Navarro fue su falta de “pegamento” con el pueblo, no lo convenció, no lo entusiasmó, no lo hizo soñar con el futuro. Otra fue la falta de un buen programa de gobierno. El candidato no fue el adecuado aunque el carro estuviese funcionando a las mil maravillas.

Luego de la derrota de Chamorro Barrios llegó el invento de que el candidato y el partido debían ir por su lado. Los dos experimentos recientes demuestran que fue un error parezca que Enrique Bolaños nos dice lo contrario.

El ex gobernante tuvo las mismas ventajas que Navarro –incluyendo la campaña de desprestigio contra Alemán- y aunque segregó las campañas tuvo el pleno respaldo de su partido, apoyo financiero legal e ilegal, respaldo total de Alemán, no hubo división pese a que era un candidato invendible.

Depende de él

De allí que Eduardo Montealegre y la unidad ALN-PLN deben aprender de los errores y lo positivo de las campañas previas, sobre todo las municipales. El ex ministro de Hacienda contará, como Navarro y Bolaños, con todo para ganar la alcaldía de Managua.

Su triunfo dependerá de él porque contará con un Partido Liberal reunido, aunque no tenga a todos los aliados, ya que el Partido Conservador y el MRS aún no definen sus posiciones.

Que no se cumpla el dicho que tanto repite Sergio Ramírez: “El que nació para macetera no pasa del corredor”.

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