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Año 9 No. 2000 Viernes 18 de Enero del 2008


La niñez de Rubén Darío

Emilio J Núñez T.
Primer reporte

Rubén Darío, cumple este 18 de enero, 140 años de haber nacido. Manuel García y Petronila Mayorga o Petronila Darío, fueron sus abuelos paternos. Ignacio Sarmiento y Sixta Alemán abuelos maternos del bardo.

El padre biológico Manuel García, era de buena estatura, tez morena, temperamento inquieto en tres direcciones: política, bohemio y mujeriego, propietario de una tienda de telas, apasionado con mujeres de baja reputación.

Ya pasaba los cuarenta años y seguía explotando la soltería con “damas del anochecer”, casarse no era su intención, su hermana Rita le procuraba una vida ordenada y responsable, en la misma Calle Real en León, donde tenía su residencia. Tenía dos amantes, Chepa Barrera y Petronila Zapata, razones por lo que Rita trataba de apartarlo.

Cada día le buscaba una dama que le permitiera un ambiente diferente para una vida seria y moderada. Manuel acepta a Rosa por insistencias de su hermana, posiblemente su conciencia le ordenaba no proceder.

Rosa Sarmiento era bella, de ojos grandes y luminosos, cejas espesas y arqueadas, cutis más blanco que moreno, abundante y espesa cabellera que llegaba a la cintura, inteligente, locuaz, alegre, trabajaba en una tienda del señor Maduro y gustaba de cantar en eventos sociales.

Su voz “gorgojeaba” decían en aquella época. El 16 de abril de 1866, Manuel y Rosa se casan en la catedral de León, los padrinos de boda, fueron José María Ocón, doña Rita García, su hermana y su esposo don Pedro Alvarado.

Para ese tiempo Manuel García rondaba los 46 años de edad, 23 años más que Rosa. La boda no detuvo la azarosa vida del padre biológico del bardo, su lujuria desbordante era incontenible, casi en los ojos de su esposa pasaba con las amantes, las que no dejó de visitar cada día, situación que de alguna manera impactaba a la joven novia.

Josefa Sarmiento, tía de Rosa, prepara maletas, carreta y bueyes, para hacer la travesía de León a Metapa (Ciudad Darío) en Matagalpa.

Luego de un tiempo transcurrido Rosa Sarmiento trae al mundo a Félix Rubén García Sarmiento, mejor conocido como Rubén Darío en el mundo de las letras.

El coronel Feliz Ramírez Madregil, esposo de Bernarda, tía de Rubén, les visita al mes de nacido el niño para regresarlos a León, acomodan al bebe en una cesta para que pueda resistir el viaje.

Apenas llega a la casona, hoy convertida en museo y nuevamente se embaraza de Manuel, pero este no prospera. Nace una niña de nombre Cándida Rosa.

Darío toma sus nombres de Félix por su tío político y Rubén, porque es el nombre que le agradó a su madre. Entendemos que la carrera desordenada de Manuel García no se contenía.

En casa de la tía Bernarda, Rosa es cortejada por un hondureño, Juan Benito Soriano, alto, blanco, hijo de terrateniente, minero, con quien huye hacia San Marcos de Colon en Honduras, encontrando felicidad, cariño, con ella le acompañaba el niño prodigio.

En la casa la criatura desaparece, la búsqueda se intensifica, y es encontrado tomando leche de la ubre de una vaca. En la casona de adobe, ventanas de barrotes, puertas con recios churriantes y goznes de hierro, corredor y patio amplio, en el jardín hay claveles y un árbol de jícaro, inunda la intranquilidad por la ausencia del niño y resentimiento con Rosa.

. El Coronel Félix Ramírez, emprende el viaje a San Marcos de Colon, Honduras, sin titubeo le entrega al niño, despidiéndose su madre con beso en la frente. El fotógrafo mauritano, lo ubica en un asiento, vestido de corbata, manos en la rodilla, su cabeza grande con crenchas rubias. Acostumbraba jugar con su perro de nombre “Laberinto”.

Manuel García, su padre, lo identifica como hijo suyo, pero carece de expresión cariñosa, su entretenimiento no tiene variante, sigue involucrado en tertulias y faldas.

Comienza a escribir versos, pero la tía Bernarda, le advierte que de eso no se come (no se vive). El Coronel, amigo del ex presidente de Nicaragua doctor Máximo Jerez, le llamaba “el bocón”, por su boca amplia.

Cuando salía a la calle, la hermana del obispo Ulloa, le llamaba, le pedía que hiciera versos a cambio de una cajeta. Tenía avidez por la lectura, registraba periódicos, revistas y libros, todo lo revolvía, mientras la tía Bernarda lo regañaba, pero el Coronel Ramírez Madregil lo defendía.

Entre sus primera obras leídas: La Biblia, Corina de Madame de Stael, El Quijote, Las Comedias de Moraton, Las Mil y una Noche, Los Oficios de Cicerón, La Caverna de Strozzi.

La poesía era su pasión, pero también tocaba el acordeón en el umbral de la puerta, en ese mismo lugar leía sus libros, era parte de su pasatiempo, instrumento que le obsequio su padre putativo Ramírez Madregil.

Mientras crecía decía que su nombre era Félix Rubén Ramírez, no sabia que su nombre legal era Félix Rubén García Sarmiento. Cada vez que conseguía un libro, le escribía lo siguiente: Si este libro se perdiese, como suele suceder, suplico al que me lo encuentre me lo sepa devolver, y si no sabe mi nombre, aquí se lo voy a poner: Félix Rubén Ramírez.

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