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| Año 9 No. 2004 Jueves 24 de Enero del 2008 | |||||||||||||
¿A qué sabe la nieve en Waslala? Por Hamlett Una noche de éstas, el conductor de un show nocturno de la televisión estadounidense se burló de las encuestas. Cuando lo hizo estaba acompañado de John Zogby, el gurú de las encuestas de los Estados Unidos. El tema era por qué habían fracasado en Iowa y sobre todo en New Hampshire, por qué los favoritos quedaron en segundo o tercero o porque los segundos y terceros terminaron en primero. Para los latinoamericanos, en especial para nosotros, los nicaragüenses, no es noticia que las encuestas fallen. Los pronósticos electorales del 2006 resultaron al revés, nada salió como dijeron que pasaría. Lo mismo pasó en Guatemala en donde Colom ganó contra pronóstico o en Venezuela en donde el Si fue cantado en ranchera y bachata por el presidente Hugo Chávez. En Perú Alan García aún no sabe cómo es el presidente de la república si las encuestas le dieron tercer lugar en la primera vuelta. Y podemos citar muchos ejemplos más. Que las encuestas fracase en Estados Unidos, o cualquier otro país del primer mundo, si es noticia porque esas sociedades han hecho de tal instrumento una herramienta vital para dar el próximo paso en cualquier plano de sus vidas, desde una decisión presidencial hasta qué tipo de calzado se venderá más en la primavera. Las encuestas, como las estadísticas sobre cualquier tema de la vida de los estadounidenses, son tan vitales como el pronóstico del tiempo, nadie sale a la calle sin saber si hoy tendrá que cargar abrigo o una sombrilla. Tan diferentes Hay dos diferencias importantes a la hora de comparar por qué allá y aquí fallan las encuestadoras: el papel de los medios de comunicación y los desniveles educativos y culturales. No debemos pecar de inocencia creyendo que The New York Times o The Washington Post están al margen de la política. Por el contrario, como dicen expertos en comunicación social “hoy en día los medios son la política”. El Canal Fox News, como su hermano Fox Sports gozan de un enorme prestigio en el mundo, pero en el campo de la información general, los Fox son tan republicanos como George W. Bush. Pero hay una notable diferencia entre el profesionalismo y comportamiento histórico del Post o el Times con La Prensa y El Nuevo Diario, diarios que están insertos en la idiosincracia y cultura popular, a la vez militantes ideológicos o descarados voceros de gobiernos y partidos políticos. El punto común para nicaragüenses y estadounidenses es que las encuestas son un arriete afilado que usan los políticos, gobernantes, grupos civiles de presión o empresarios para horadar el cerebro de la opinión pública e imponerles tendencias, imágenes o productos. La diferencia. Mientras la prensa de Estados Unidos abre a debate y desnuda a los encuestadores aquí las tragamos como dice la publicidad, “sin vaso, sin agua, se hacen agua en la boca”. Regular este negocio En Nicaragua, cualquiera saca una encuesta y anuncia sus resultados como si fueran las tablas de Moisés, sin explicar dónde o cómo la hicieron. Dios guarde que les pregunten quien las pagó. Creo que el Instituto de Estadísticas y Censos de Nicaragua o los organismos defensores del consumidor deben actuar con firmeza exigiendo a las encuestadoras que le digan al pueblo cómo y dónde las hicieron, las preguntas hechas y la fórmula usada para scar las concluiones sin olvidar al que las paga. Debería ser motivo para una ley contra el engaño de la opinión pública cuyo radio de acción debe abarcar a la publicidad comercial. Así como sectores de la sociedad exigieron una sana y necesaria ley de acceso a la información pública y transparencia de lo que hace el gobierno, debemos demandar lo mismo de las encuestadoras o empresas que de tiempo en tiempo nos dicen qué pensar, qué ver, qué comer o por quién votar. Esta semana, dos instituciones que reciben fondos del gobierno de Estados Unidos, anunciaron los resultados de dos encuestas que nadie sabe cómo fueron hechas. Una de ellas, la de IPADE, nos trae el hallazgo de que el 97% de los nicaragüenses no quieren reformas constitucionales. Me pregunto ¿de cuáles reformas constitucionales hablamos? ¿Alguno de los encuestadores o encuestados conoce esas reformas? ¿Los medios de información, los principales influyentes de la opinión pública, han divulgado o explicado qué negociaron liberales y sandinistas más allá del parlamentarismo y la reelección? IPADE “descubrió” que la inmensa mayoría de los ciudadanos quieren un referendo antes de que la Asamblea Nacional empiece a discutir las reformas. De nuevo, ¿cuáles reformas son esas? ¿cómo puedo votar a favor o en contra de una discusión que desconozco? Manipulación y engaño El punto no es si debe haber o no reformas a la Carta Magna, parlamentarismo o reelección. Si estamos a favor o en contra de que esos partidos negocien un cambio de régimen democrático. El fondo es cómo pueden preguntar a la población su opinión sobre algo que desconocen. Por supuesto que la gente rechaza lo que desconoce, no hay que ser un experto para saberlo. ¡Cómo me gustaría saber el resultado de una encuesta hecha entre niños de Waslala a quienes se les pregunte si la nieve sabe a vainilla o a frambuesa! |
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