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Año 9 No. 2008 Miércoles 30 de Enero del 2008


Bromas y solidaridad

Por Hamlett
info@trincheradelanoticia.com

Ahora parece que el presidente Daniel Ortega anda por allí haciendo bromas fuertes con su amigo el presidente Hugo Chávez, ofreciendo lo que no puede o no tiene, regalando una peligrosa “solidaridad” a diestra y siniestra o comprometiéndose en intercambios imposibles. Si esto es así debemos preocuparnos seriamente por la conducta del mandatario.

No es lo mismo que el presidente izquierdista de Nicaragua cultive relaciones con países o movimientos del mismo signo ideológico que verlo participando en situaciones espeluznantes.

El vocero oficialista diputado Edwin Castro dio a entender que el anuncio de los presidentes Ortega y Chávez de que crearán un ejército del Alba es una especie de tapazo, una bravuconada o un gesto de cariño entre los dos. Según Castro lo que Daniel le dijo a Estados Unidos es: “Yo soy amigo de él (Hugo Chávez), si vos lo atacás, entonces te la ves conmigo”, como si se tratase de los chavalos del barrio tratando de infundir temor a sus rivales.

El jefe de la bancada sandinista dice que el gesto de Ortega hacia Chávez se llama “solidaridad del tercer mundo”.

Todos estamos claros de que el presidente no tiene posibilidad para integrar al Ejército de Nicaragua con el de Venezuela en una versión del Condeca y menos de que pueda tomar acción en el caso hipotético de una invasión de Estados Unidos a esa nación sudamericana. Coincidimos con Castro de que nuestro cuerpo castrense ya ha sido sometido a experiencias muy polémicas como en Irak. Una mayoría de diputados aprobó el envío de una misión militar, con tinte humanitario, para congraciarse con Estados Unidos.

Pero eso es diferente a que soldados nicaragüenses vayan a pelear en una guerra contra Chávez.

Ridículo y peligroso

No se trata de aislar al ejército de experiencias positivas, aún con sus homólogos venezolanos, como las misiones de intercambio de experiencias como las vividas en la emergencia del huracán Félix en el Caribe cuando unidades militares de Estados Unidos y Venezuela trabajaron junto a las de Nicaragua.

Pero hay un inmenso abismo entre los ejercicios conjuntos, el entrenamiento de unidades especializadas en guerra irregular, combate al narcotráfico o terrorismo, y la creación de una especie de TIAR de la izquierda latinoamerican.

En las últimas semanas, la frontera entre Colombia y Venezuela se ha convertido en un punto irritante de las fracturadas relaciones entre los gobiernos de Chávez y Uribe al extremo de que se habla de una posible guerra entre las dos naciones.

Los venezolanos acusaron a Estados Unidos de azuzar el conflicto, un alto jefe militar estadounidense para nuestra región, dijo que Chávez está armando a la narcoguerrilla colombiana y promoviendo la desestabilización del gobierno de Uribe.

Con la excepción de los gobernantes de Nicaragua y Cuba, ningún otro presidente de la región se ha inmiscuido en el conflicto de los vecinos del sur menos que ofrezca ayuda militar en el caso de que Venezuela sea agredida o invadida.

Salió trasquilado

Más bien, Ortega fue acusado de intromisión extranjera por un alto dirigente político peruano. Nuestros problemas en el Mar Caribe con los colombianos tampoco deben ser usados como pretexto para meternos en un asunto que no nos interesa.

Sabemos, y ahora están saliendo las pruebas, de que la política expansionista de Colombia, la talasocracia como la define el magistrado Norman Miranda, ha presionado durante décadas a nuestros vecinos y aliados para quitarnos el mar Caribe que por derecho nos corresponde.

Desde finales del siglo XIX esa nación ha luchado por dominar ese mar. Aprovecharon la intervención norteamericana de los años 20 y 30 para negociar las islas de San Andrés y Providencia y desde los años 80 está tratando de firmar tratados bilaterales con Honduras, Costa Rica y Jamaica para cercarnos y dejarnos en una “piscina” teniendo como límite Corn Island.

Ahora sabemos que todo eso cambiará cuando la Haya dicte el fallo de fondo sobre la delimitación del Caribe oeste.

Los pleitos entre Colombia y Venezuela son muy serios y nosotros no debemos ni podemos hacer nada al respecto, salvo, si ambos nos lo pidiesen actuar como amigables componedores. El concepto de solidaridad del diputado Castro no justifica el injerencismo del mandatario sandinista en los pleitos venezolanos y menos en la política peruana.

Ojo con los chamarros

No es sano ni positivo para nuestra nación que el presidente Ortega proyecte una imagen guerrerista hablando de crear frentes militares regionales. Como dijo el alcalde de Managua, Nicho Marenco, “ni siquiera hay combustible para echarle a los jeeps del ejército… no tenemos barcos, aviones, nada para defender a nadie fuera de nuestro país”.

Esta semana también el presidente nicaragüense anunció la exportaciones de miles de toneladas de alimentos a Venezuela. Los agricultores dijeron que no saben de dónde saldrá lo prometido porque el país no tiene capacidad.

Esta es otra rara promesa del mandatario que lo hace quedar mal a él y a nuestra nación. Después de todo es nuestro representante legal y debemos exigirle se comporte como tal.

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