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Año 9 No. 2011 Lunes 4 de Febrero del 2008


San Andrés: ¿de Colombia, de Nicaragua o independiente?
  • Surge movimiento independentista en islas bajo disputa
  • Gobierno colombiano estaría detrás de la maniobra

Por SIMON ROMERO
The New York Times News Service

SAN ANDRES, Colombia.- Más adelante por el camino desde un barrio de la localidad conocido como La Colina, donde música reggae suena a todo volumen desde casas y parroquianos entonan himnos en la lengua inglesa dentro de la Primera Iglesia Bautista, el Presidente Alvaro Uribe inauguró en fecha reciente un hospital con un nombre decididamente colombiano: Amor de Patria.

Eso se traduce como “Love of the Fatherland” para los descendientes de esclavos africanos de habla inglesa que habitan este archipiélago caribeño, como si necesitaran un agudo recordatorio de que deben ser leales a la distante Bogotá.

Sin embargo, muchos raizales, como se conoce aquí a los angloparlantes, no sienten lealtad ni hacia Colombia, aliado de la administración Bush, ni hacia Nicaragua, ahora aliado del presidente venezolano Hugo Chávez, quien también reclama San Andrés en una amarga disputa territorial. Mientras ambos países impulsan sus argumentos, un movimiento separatista de tipo no-violento se está volviendo cada vez más vocal en este lugar.

“Esta lucha está ocurriendo como si fuera algo similar a una materia abstracta sobre atolones despoblados”, dijo Enrique Pusey Bent, uno de los directores del Movimiento étnico Nativo por la Autodeterminación del Archipiélago, que simbólicamente declaró su independencia en junio pasado al reemplazar las banderas de Colombia aquí.

Más que la sola distancia separa a los 35,000 integrantes raizales del resto de Colombia. Hablan criol fundamentado en el inglés, así como la misma lengua inglesa, escuchan reggae jamaiquino y calypso de Trinidad, rezan mayormente en iglesias protestantes y consideran como sus hermanos a residentes de los cercanos enclaves de habla inglesa como la Costa Mosquito, en Nicaragua, y Bocas del Toro en Panamá.

Refugio para esclavistas ingleses y piratas desde el siglo 17, la provincia de San Andrés -- esta isla y otras en la cercanía con poblaciones mucho menores -- terminaron bajo el control de Colombia tras la independencia de España en la década de 1820. Sin embargo, los raizales administraron efectivamente sus propios asuntos a lo largo de varias décadas, hasta que Colombia reafirmó su presencia aquí, hace aproximadamente un siglo atrás.

Después llegó una política de “colombianización”, respaldada por monjes franciscanos enviados a la localidad para convertir a los raizales y hacer valer el uso del castellano. Emigrantes del territorio continental obtuvieron paso libre aquí. Las islas se convirtieron en un puerto libre de impuestos en los años 50, impulsando la formación de una clase de comerciantes, la cual consistía en buena medida de colombianos del territorio continental.

Hoy día, el español es el idioma que prevalece aquí, y los raizales representan apenas un tercio de los 100,000 residentes.

“Si usted entra a una tienda o a un juzgado, casi siempre ocurre lo mismo: No hay raizales trabajando en su interior”, dijo Jairo Rodríguez Davis, promotor de la independencia. “Es una sutil variedad de apartheid, pero más cruel que el colonialismo de España del que Colombia se deshizo”.

Sin embargo, las inquietudes del pueblo raizal muy rara vez se reconocen en los roces intercambiados por Nicaragua y Colombia. El Presidente d Nicaragua, Daniel Ortega, censuró este martes a las patrullas navales de Colombia que estuvieron en las inmediaciones de San Andrés, diciendo que él se quejaría con Naciones Unidas porque éstas acosan a pescadores nicaragüenses.

Colombia ganó una ronda en la discusión de diciembre, cuando el Tribunal Internacional de Justicia dictaminó que era válido un tratado de 1928 que le otorgaba el archipiélago.

No obstante lo anterior, Nicaragua también celebró el fallo del tribunal que permitió el avance de su reclamo sobre las aguas en torno a San Andrés, ricas en peces y con el potencial de albergar petróleo. Nicaragua arguye que Estados Unidos ejerció presión sobre el país militarmente para que firmara el tratado de 1928, lo cual lo invalidaría.

Al enfrentar el reclamo de Nicaragua, el Presidente Uribe envió más de 1,200 efectivos militares a marchar aquí en julio, en una celebración de la Independencia Colombiana. Sin embargo, defensores del pueblo raizal dicen que el despliegue militar también iba enfocado a sofocar los rumores de una rebelión.

Oficiales colombianos insisten en que el movimiento separatista aún es pequeño, y dicen que los raizales tienen pocas razones para buscar la independencia. El Gobernador Pedro Gallardo Forbes, raizal de una prominente familia política que tiene nexos con el territorio continental, coincidió. “Primero que nada soy un isleño, pero también soy colombiano, en más de 100 por ciento”, dijo Gallardo en una entrevista, hablando inglés con suavidad.

Luis Guillermo Angel, el abogado presidencial de San Andrés, dijo que los raizales tenían representación en el gobierno local, gozaban de cuidado de salud subsidiado y se beneficiaban a partir de un mayor gasto por habitante que los residentes de cualquier otra parte de Colombia. “No hay colombiano con mayores privilegios que un raizal”, aseguró Angel en una entrevista desde Bogotá.

De cualquier forma, los académicos que estudian a los raizales no coinciden con esas evaluaciones. “El abogado presidencial para San Andrés es algo similar a un virrey moderno que, con toda arrogancia, se niega a reconocer el valor de la cultura raizal”, dijo Jaime Arocha, antropólogo por la Universidad Nacional de Bogotá. “¿Por qué no puede ocupar el puesto un raizal?”.

Muchos raizales dicen que el gasto estatal aquí se concentra en las necesidades de los turistas, como un paseo frente a la playa que fue completado en fecha reciente. A corta distancia en automóvil, más allá de mansiones propiedad de habitantes en el territorio continental, hay un enorme tiradero de basura con el improbable nombre de Jardín Mágico, donde una docena de raizales estuvo buscando metal de desecho y comida hace poco.

“No veo cómo Nicaragua o Colombia me darían más de comer”, dijo Janice Bent, de 43 años de edad, quien pepena comida entre la basura para alimentar a sus cuatro hijos. “Si yo puedo sobrevivir haciendo esto, puedo sobrevivir bajo la independencia”.

No todos los raizales se muestran tan apasionados con respecto a separarse. “No me gustan los problemas”, dijo Aldin León Robinson, de 63 años de edad, pintor de casas ya retirado que vive con los cheques del seguro social, equivalentes a 20 dólares mensuales. “No quiero perder mi pensión”.

De cualquier forma, muchos raizales le dan la bienvenida a la disputa entre Colombia y Nicaragua, aunque sólo por dirigir la atención sobre su zona.

“Nosotros vivimos como una isla aislada en el Caribe, teniendo que volar a Bogotá para visitar a nuestros hermanos a un salto de distancia”, dijo Remo Areiza Taylor, abogado de 36 años de edad. “Colombia estaría conforme de meramente dejar que el mundo nos olvide”, dijo, agregando: “Ahora, ellos tienen el cuchillo por el mango”.

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