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| Año 9 No. 2013 Miércoles 6 de Febrero del 2008 | |||||||||||||
Cuarto Poder, la nota roja y lo que no dijo Hamlet Por Roberto Larios Meléndez (*) El debate sobre el amarillismo y la nota roja realizado en la más reciente edición del programa “Cuarto Poder” que dirige Miguel Mora en el canal Cien por ciento noticias, es uno de los más interesantes abordados por este panel de periodistas en el que habitualmente acompañan a Miguel los colegas Xavier Reyes Alba, director de Trinchera de la Noticia y 60 Minutos con XRA, y Adolfo Pastrán Arancibia, director del boletín cibernético Informe Pastrán. En un debate sobre este tema, una invitada como Lucía Pineda Ubau es invitada de lujo. No se si se pondrán celosos algunos colegas de ella como José Abraham Sánchez o Giovanni Loáisiga, si digo que ella es, si no la pionera una de las principales precursoras e impulsoras de este tipo de periodismo en televisión y punta de lanza en la estrategia de los dueños de los grandes canales nicaragüenses cuando tomaron la decisión de utilizar este recurso para escalar en los raitings de audiencia. Sobre esto último precisamente fue que abundaron los cuatro expertos periodistas, sin embargo, muchas cosas quedaron por decirse y las que se dijeron fueron a mi juicio tal vez demasiado categóricas, por lo que a continuación intento aportar al debate, sobre todo después de leer el comentario de Hamlet en Trinchera de este lunes cuatro de febrero. Coincido en que el debate fue excelente, en términos de la información que los cuatro expertos brindaron al público. Para las personas que no conocen mucho del mundo interior de la prensa y los medios el programa fue muy ilustrativo, sobre todo por tratarse de un tema casi o prácticamente imposible de ver en los grandes canales objetos del análisis, e incluso en los grandes periódicos. Lo que sí y lo que no El programa fue crítico, pero lamentablemente en un solo sentido. Como bien se observa en el comentario de Hamlet en Trinchera, el desarrollo general del debate y la conclusión del panel fue: que la aventura amarillista de los grandes propietarios de los medios televisivos fue una pésima experiencia en términos empresariales, porque si bien logró el objetivo de elevar los raitings esto no se tradujo en ninguna “lluvia” de anuncios comerciales en los “tele-basuras”, ya que al final los empresarios prefirieron no anunciarse en ellos ante el rechazo que causaron en la población. En su comentario de este lunes, Hamlet va más allá e insiste en señalar el “fracaso del modelo comercial de los noticieros rojos” como uno de los elementos entre otros señalados- que podrían estar llevando a la postración de la posición crítica de los grandes medios en contra del gobierno, a la “auto-censura” y finalmente a coartar la libertad de prensa. Aunque no comparto por supuesto esta última apreciación de Hamlet, no voy a debatir aquí ese punto en particular, porque creo que se trata de un análisis más bien de carácter político. Pretendo más bien aportar al debate desde el punto de vista estrictamente comunicacional, como me pareció que fue la intención del director de Cien por Ciento Noticias al promover este tipo de debates. Y es que a los colegas se les olvidó analizar lo que en mi opinión es lo más importante al hablar del amarillismo y la nota roja: el impacto que ha causado en la población nicaragüense -y en especial la más pobre y menos educada- el bombardeo diario de tres o cuatro tele noticieros de sexo, sangre, violencia y muerte, cuatro veces al día (desayuno, almuerzo, cena y merienda para antes de acostarse) durante los casi diez años que lleva ya este “fracasado modelo comercial”. Actores sociales Los analistas de la prensa se ocupan casi única y estrictamente del tema de la libertad de expresión como un asunto meramente político, y últimamente con mucho énfasis en ese aspecto empresarial, es decir, de los medios más como actores económicos que como actores sociales. ¿Quién se ha preguntado cuánto del aumento en los índices de violencia intrafamiliar, agresiones sexuales, accidentes de tránsito y de la criminalidad en general durante los últimos diez años se debe a la irresponsabilidad social de estos empresarios y de los y las periodistas que alegremente participaron de esta iniciativa, sin medir las consecuencias?. ¿Hasta dónde la exacerbación de los simples problemas vecinales se ha convertido en causa de muerte, dolor y llanto para las miles de familias pobres que diariamente vemos como “estrellas” de este periodismo morboso y ofensivo?. Lucía Pineda por supuesto que tiene mucho más que decir al respecto que lo que dijo en el programa. Pero por más que me esforcé por escucharla con atención, no le oí decir ningún comentario en este sentido. Mucho menos una autocrítica. Y lo peor aún, no parece que considere necesario corregir esa terrible práctica periodística, tan criticada por nuestros amigos y parientes nicaragüenses que viven en el exterior, cuando nos miran a diario en internet como el país sangriento e incivilizado que proyectan los noticieros. Y digo esto porque apenas este lunes Lucía presentó otra vez- un reportaje en el noticiero estelar de canal Dos sobre una pobre niña de nueve años que fue violada por dos delincuentes en un barrio de Managua. Y qué pesar daba ver a la niña exhibida casi totalmente, con imágenes de su barrio, de su cuadra y con familiares entrevistados que para colmo repetían la versión de los violadores, quienes se defendieron diciendo que la niña se les había “insinuado”. Es decir, exactamente como fue y siguen siendo este tipo de reportajes “especiales” que lanzaron a la fama a varias de las actuales “estrellas” del periodismo local. El cascabel al gato No hace falta ser un erudito en temas de la comunicación para saber que los medios transmiten valores y patrones de conducta sociales. En Estados Unidos, por ejemplo, hace años que se impusieron límites a la propaganda del alcohol y el tabaco. Sin embargo aquí los empresarios del vicio nos aturugan de rótulos de carretera y anuncios de radio, televisión y prensa escrita, abierta y descaradamente dirigidos a volver alcohólicos y fumadores a las nuevas generaciones de nicaragüenses, así como antes nos hicieron a nosotros y más antes a nuestros padres. Y nadie dice nada de esto porque no hay quién le ponga el cascabel al gato. ¿Habrá canal, radio o periódico que se atreva a rechazar los anuncios del guaro y el cigarrillo, o sea los más importantes del “pastel” publicitario?, ¿no es este acaso también un problema de la libertad de prensa y de expresión?, ¿quién defiende a los jóvenes de esta verdadera agresión sico e ideológica que es una de las principales causas de nuestro atraso y pobreza?. El problema es que una de las principales características de la gran prensa nicaragüense es su casi total ausencia de espíritu autocrítico. Que la prensa en Nicaragua no pide disculpas, parece ser un principio sine qua non de la práctica periodística y de los empresarios de la prensa. Y quienes saben de la importancia de los medios para construir una cultura democrática, saben que mientras los empresarios dueños de los medios y los periodistas mismos no asumamos nuestra responsabilidad como agentes del cambio social, el país y su reflejo en la prensa seguirá siendo el mismo que a diario pone en vergüenza a todos los nicas que viven en el extranjero. Estas son solamente algunas reflexiones de un tema que por supuesta hay que profundizar. Vale la pena continuar estos debates, a ver si algún día se logra lo que hasta ahora parece imposible: que los medios de comunicación sean, más que un negocio, un instrumento efectivo para el desarrollo democrático de Nicaragua. (*) Abogado y periodista |
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