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| Año 9 No. 2013 Miércoles 6 de Febrero del 2008 | |||||||||||||
Frente a la recesión Por Dr. Luis Mejía González Se comenta, con razones fundamentales, que en Nicaragua se acepta la recesión como algo inevitable y en consecuencia nada se puede hacer por evitarla, aminorarla o erradicarla. Tal comentario pareciera cierto si estudiamos el comportamiento de nuestros políticos, dedicados por entero a la política nacional exclusivamente, vista desde la conveniencia personal de cada uno. Las páginas informativas nacionales están copadas diariamente con fotografías de los mismos políticos que encaran y defienden las mismas posiciones políticas conocidas del presente y su incierto futuro inmediato. No debiera dárseles mas cabida en los medios, para obligarlos a pronunciarse sobre problemas nacionales de verdadero interés para el país, como la recesión, no sólo política, sino socio-económica esencialmente. Si no se les tomara en cuenta políticamente, se les obligaría a pronunciarse sobre temas sociales y económicos, temas que parecen no comprender o no interesarles, exceptuando los propios. Tendrían, entonces, que referirse a dichos temas esenciales y urgentes de ser analizados, al personal de los diarios o por los expertos en dichos temas a quienes sólo de vez en cuando se les publican sus excelentes comentarios. Los voceros del gobierno ni siquiera mencionan dichos asuntos, porque lo que los interesa en sostener a los CPC y a cuanto diga el Gobierno nacional a favor de sus alianzas políticas internacionales y su reelección política indefinida. Por el mismo camino van con sus excepciones- aunque con un poco de visión democrática pero sin apartarse de sus propios intereses políticos personales y de partido- nuestros representantes en el Poder Legislativo. Cosa similar sucede en los diferentes programas de información de radio y televisión sobre el acontecer diario de nuestro país. Lo político parece ser un tema permanente e, inevitablemente, los más se inclinan hacia el ramo gubernamental por el atractivo económico que representa, principalmente. Otra cosa son los medios de radio y televisión del Gobierno, de los que no se puede esperar más que una continúa propaganda sobre el hipotético mejoramiento del país y una guerra sin cuartel, ni medida, contra los que dan cabida a los intereses de la oposición política, fácilmente mordisqueable por su desunión y por el posible golpe que podría propinarle al Gobierno de concretar un sólido, unitario y patriótico bloque opositor saludable. Lo lamentable del país es que éste no tiene líderes de verdadero raigambre popular y el único que existe en el campo democrático, fue condenado a 20 años de prisión por el mandatario que él mismo sostuvo por cinco años en la vicepresidencia de Nicaragua y luego puso en la presidencia del país, sin darse cuenta que tenía una mente tergiversada y que, posiblemente hasta hoy, él mismo presidente Bolaños no se ha dado cuenta que fue presidente de Nicaragua; y con quien -como lo ha declarado en varias ocasiones el actual presidente, Daniel Ortega Saavedra- fue con quien hizo el Frente el verdadero y único pacto político que, como consecuencia lógica, lo llevó a la presidencia, cuando ya se le creía figura desaparecida del escenario político nacional, por su pasado y no ser un líder democrático. En ninguno de los partidos activos actuales existe un verdadero líder nacional. Y la mayoría de quienes se creen y se presentan como tales hombres y mujeres- no son más que comentaristas partidarios de sus propios intereses. Si no fuera así, ya estuvieran en la palestra política nacional, por méritos propios. El gobierno ha perdido un año sumamente importante para evitar que la recesión que se pronuncia con grave temor a nivel mundial, haga el menor daño posible a la nación nicaragüense. Más bien se ha dedicado a fortalecer sus lazos políticos con el movimiento antinorteamericano que jefea el presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, por el aún no bien definido legalmente arreglo del petróleo. El presidente Ortega parece empeñado en que el mundo no se olvide que él es el mismo que dirigió el más desastroso gobierno que Nicaragua ha tenido en su historia en la temible década de los 80 que dejó en harapos a Nicaragua, junto con todos aquellos políticos del FSLN que ahora conforman el Movimiento Renovador Sandinista (MRS), quienes debieran ser más prudentes e inteligentes y aliarse, sin excusas -de ser cierto su cambio político- con las fuerzas políticas democráticas que enfrentan al gobierno de Ortega Saavedra. Y debieran hacerlo, incluso para hacer más liviano el pesado lastre que se fabricaron como dirigentes del Frente Sandinista en dicha década. No queda más que un camino libre y posible. |
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