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Año 9 No. 2014 Jueves 7 de Febrero del 2008


Elecciones en EEUU, ¿Algo nuevo para A. Latina?

Por Paulina Modiano

Las elecciones presidenciales de Estados Unidos de este año han sido calificadas por distintos observadores como las más “apasionantes” desde la década de 1960.

Y hay razones para que así lo sean.

Porque más allá del desencanto de los electores con el Gobierno del republicano George W. Bush, manifiesto en una sistemática caída en su popularidad y en el creciente rechazo a la guerra en Irak, los candidatos en carrera hacia la Casa Blanca, particularmente los demócratas, son emblemáticos por sí mismos.

Hillary Clinton aspira a ser la primera presidenta de la nación más poderosa del mundo y su rival, Barack Obama, el primer mandatario afroamericano.

El republicano John McCain, el único claro triunfador en las elecciones primarias del “supermartes” realizadas en más de 20 estados, ya que los demócratas quedaron virtualmente empatados, es considerado un “liberal” dentro de su partido, lo que también implicaría un cambio con respecto al actual Gobierno.

De hecho “cambio” es la palabra que más se ha repetido en esta campaña preliminar para lograr la nominación a la candidatura presidencial en uno y otro partido.

A nivel doméstico las promesas de los precandidatos de dar un giro a las actuales políticas han sido algo más concretas: recuperación de la economía, reformas en salud y cambios en educación.

En materia de política exterior lo más contundente ha sido el retiro de las tropas estadounidenses de Irak, prometido con diferentes grados de convicción por Clinton y Obama.

Del resto del mundo poco se ha hablado. Y de las relaciones con Latinoamérica, bastante menos.

REBOTE TECNICO

Pese a ello, analistas creen que el triunfo de cualquiera de los aspirantes a la presidencia de Estados Unidos en algo modificará el contacto de ese país con la región.

Como se diría en lenguaje bursátil, simplemente por un “rebote técnico,” porque el Gobierno de Bush ha sido reiteradamente cuestionado por su “desidia” hacia América Latina, pese a que internamente uno de los mayores problemas que ha enfrentado ha sido el de la creciente inmigración ilegal de ciudadanos de esa región.

Críticos más fieros incluso han señalado a su indiferencia hacia la región como responsable de la llegada al poder de líderes populistas y antiestadounidenses en distintos países latinoamericanos.

¿Dan estos reclamos para esperar una revolución en las relaciones entre Estados Unidos y América Latina? Aparentemente no. Pero algo podrían mover.

Algunos analistas sostienen que tanto los asesores de los candidatos republicano y demócrata coinciden en que la política exterior requiere de una ofensiva diplomática dirigida a mejorar la imagen y recuperar el liderazgo de Estados Unidos.

Por cierto, nadie espera que esa nación abandone sus intereses en Oriente Medio, Irak o Afganistán. Pero sí se estima que debe ampliar el foco hacia otras áreas del mundo y, en particular, hacia los vecinos más cercanos.

Con optimismo, algunos creen que la llegada de un demócrata a la Casa Blanca, especialmente Obama, podría en algo suavizar el trato hacia Cuba.

En parte, porque miembros de ese partido han sido críticos al “embargo” que mantiene Estados Unidos sobre la isla, pero más importante que eso, por el reemplazo de Fidel Castro en el poder por su hermano Raúl, quien ha propuesto algunas negociaciones con el Gobierno de Washington pero que hasta ahora no han tenido eco.

Obama ha dicho abiertamente que se reuniría con el jefe de Estado cubano sin imponer condiciones, mientras que Clinton ha sido algo más cautelosa.

LIBRE COMERCIO

Donde se podrían esperar cambios más patentes en la relación entre Estados Unidos y Latinoamérica es en el plano comercial.

Ello, porque los demócratas han criticado los beneficios que reportarían a su país los pactos de libre comercio, una de las pocas formas en las que el Gobierno de Bush se ha vinculado con la región.

Los cuestionamientos se han centrado en los efectos negativos sobre el empleo y los salarios de los estadounidenses, el aumento de las importaciones en desmedro de la producción local y el fuerte aumento de la inmigración.

Con una elección encima y el deseo de los candidatos de atrapar la predilección de los votantes es difícil que alguno se arriesgue a levantar la bandera del libre comercio, impopular entre buena parte de la población.

Salvo McCain, que aunque difiere en algunas materias de Bush, comparte su línea en materia comercial.

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